
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Está claro que la educación de la primera infancia ya no está sólo en manos de los padres. Hoy, las mujeres están inmersas en el mundo laboral y ello hace que los niños deban comenzar su proceso formativo en lugares ajenos al hogar, en jardines o guarderías. Sin embargo, para Anahí Urán, directora del jardín infantil Ábaco en Bogotá, “estos espacios de ninguna manera pueden convertirse en el reemplazo de un padre y una madre amorosos”.
Hoy el país se encuentra inmerso en uno de los debates más interesantes en materia de educación. Los malos resultados obtenidos en las pruebas Pisa contrastan con las recientes iniciativas de ciudadanos y académicos que pretenden poner a la educación y a la formación en primera infancia en la lista de prioridades de los colombianos.
“Si lo ponemos en una balanza, no hay duda de que la educación básica es más importante y requiere más inversión que la superior”, dijo hace unas semanas a este medio Obdulio Velázquez, rector de la Universidad de la Sabana y representante de los rectores de universidades privadas ante el Consejo Nacional de Educación Superior (CESU).
Las consideraciones acerca de los mejores modelos de formación de los niños tienen cada vez más relevancia. El modelo tradicional, en el que hay un profesor que indica y los estudiantes deben obedecer, está destinado a desaparecer. “Ahora que los niños pasan más tiempo en el jardín que con sus padres, quienes que quedan a cargo de ellos deben ser más que una persona que les asigna tareas. Deben ser guías en el proceso formativo. Deben tener vocación por lo que hacen, pues es esta la única manera en que van a contribuir en el desarrollo de los niños y van a lograr identificar las necesidades de cada uno de ellos”, dice Urán, quien ha dedicado los últimos 15 años a constituir, en su jardín infantil Ábaco, una metodología que responda a los retos planteados por la sociedad actual.
Los jardines deben pensar en plantear programas personalizados para que cada niño pueda enfrentar las distintas etapas de la vida, teniendo en cuenta sus mayores fortalezas y debilidades. Para Urán, uno de los más grandes errores en la educación de la primera infancia es considerar que todos los niños pueden encajar en un mismo molde. Si la formación se hace de esa manera no se identifican las habilidades que es necesario fortalecer en cada uno de ellos.
Esto, sin duda, sólo se logra mediante un trabajo conjunto entre los educadores y los padres. Ambos están a cargo de contribuir en el proceso de descubrimiento y exploración, que además debe apoyarse en elementos clásicos de formación lúdica y que implique la interacción de los niños con las demás personas y no, como ha comenzado a suceder, con instrumentos tecnológicos. Los rompecabezas o piezas de armatodo y el contacto con la música, la pintura y la danza son aspectos claves a los que todos los niños deberían tener acceso en sus primeros años de vida.