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«El perdón absoluto es en ocasiones imposible»

Una gran tarea les espera a las universidades colombianas en el posconflicto, dice el rector de la Universidad Externado, uno de los invitados al foro ‘Colombia en Tiempos de Paz’, organizado por El Espectador y el Canal Caracol.

30 de noviembre de 2014 – 09:00 p. m.
El exmagistrado de la Corte Constitucional  Juan Carlos Henao asumió en 2012 la rectoría de la Universidad Externado.  / Archivo - El Espectador
El exmagistrado de la Corte Constitucional Juan Carlos Henao asumió en 2012 la rectoría de la Universidad Externado. / Archivo – El Espectador

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El rector de la Universidad Externado de Colombia, Juan Carlos Henao, es uno de los invitados al foro “Colombia en Tiempos de Paz”, que organizan El Espectador y Caracol Televisión. El ex magistrado de la Corte Constitucional analizará hoy en el auditorio Julio Mario Santo Domingo, en Bogotá, el papel de la universidad colombiana frente al posconflicto.

En esta entrevista, Henao dice que tanto las universidades públicas como las privadas serán fundamentales para consolidar la paz.

¿Cuál cree que es el papel de la academia colombiana en el posconflicto?

La academia es el poder más importante de una sociedad, no porque sea un poder político que toma decisiones, sino porque es el poder que ilustra con su libertad inherente a los gobernantes. Por ello, el papel será el de dar los insumos para que la sociedad colombiana entienda la importancia democrática de un posconflicto, que supondrá ejercer los principios de inclusión social, de mayor apuesta por el pluralismo político, de valorización de las regiones, de disminución de las inequidades sociales, etc.

¿Cómo está participando la U. Externado en el proceso de paz y en los procesos de reconciliación?

En lo que tiene que ver con la etapa de negociaciones, la U. Externado ha realizado debates académicos, dentro de los cuales se recuerda el primero de resonancia nacional celebrado el 9 de mayo de 2013, donde se plantearon las primeras discrepancias entre el fiscal general y el procurador general, pero que no se limitó a este hecho. Este tipo de debates abiertos y públicos se han seguido dando, por ejemplo, en la temática de tierras, en la de participación en política de los insurgentes, etc. También se debe anotar la asesoría desinteresada que con frecuencia se hace a la Oficina del comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, para dar elementos académicos a las problemáticas jurídicas que dicho proceso plantea.

¿Cree que una vez firmada la paz se debe reformar el sistema universitario colombiano?

Sí, para permitir que el cubrimiento de la demanda universitaria de los estratos bajos de la población sea de mayor envergadura. Es decir, que el acceso a la educación superior sea un derecho real de todos los colombianos. No se debe olvidar que la educación es uno de los elementos del trípode sobre el cual sustenta el presidente su segundo mandato. Es obvio que sin educación no habrá paz.

¿Qué cambios podrían y deberían comenzar a implementar las universidades para afrontar una etapa de posconflicto?

Creo que las universidades, tanto públicas como privadas, deben guardar los cupos necesarios para ofrecer educación a los desmovilizados, apuntar a promover la regionalización educativa, insertar en los programas materias que estudien la importancia del posconflicto.

¿Hay algo en la forma como se está llevando a cabo el proceso de paz que le preocupe?

Me preocupa la intransigencia de algunos sectores nacionales que buscan exacerbar la elementalidad del ser humano, reforzada por un sistema de pensamiento binario: bueno-malo, terrorista-Estado, amigo-enemigo, donde naturalmente quien lo usa se coloca en el costado “bueno” de la balanza. No se debe olvidar que en la historia de nuestra República, el Estado también ha sido un violador frecuente de los derechos humanos (genocidio de la UP, retoma bárbara del Palacio de Justicia, unión de ejército y paramilitares para el desplazamiento forzado, etc.). Ha sido un Estado en muchas ocasiones corrupto, ha generado políticas públicas que llevan a desigualdades inaceptables, ha sido un Estado clientelista, para sólo hablar de algunos defectos. Por ello me preocupa la posición de que el Estado colombiano es el lado “bueno” de la balanza, lo cual es falso. Todo acto de arrepentimiento y perdón, así sea institucional, es prueba de gallardía y de elegancia.

¿Ve alguna diferencia en el reto que tienen la universidad pública y la universidad privada de cara a un país que entra en el posconflicto?

No desde el punto de vista sustancial, porque ambos niveles tienen que hacer grandes aportes. Sí desde un punto de vista cuantitativo, porque el sistema público de educación debe ser reforzado al máximo para garantizar una educación de bajo costo mediante la subvención, sin que ello implique que la universidad privada no haga sus mayores esfuerzos para democratizar su estudiantado mediante becas y facilidades a todo nivel para sectores menos favorecidos.

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¿Le añadiría o corregiría algo a la frase de Francisco de Paula Santander: “Colombianos, las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad”? Esto pensando en que van casi dos siglos de batallas y conflictos internos.

La cambiaría un poco: “Colombianos: las armas os han dado la independencia para iniciar la guerra, la paz os dará la libertad”.

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¿Cree que la firma en La Habana se va a traducir en una verdadera paz en ciudades y en el campo? ¿Qué debe suceder para que la firma de un papel se traduzca en paz real?

Lo primero: que no vaya a haber nuevamente un genocidio. Lo segundo: que las negociaciones y su gran trasfondo democrático se implementen en políticas públicas estables y duraderas.

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¿Cuántos años cree que le tomará a Colombia sanar sus heridas de violencia y establecer una sociedad más estable?

Tomará sus buenos años, pero debemos creer en la perfectibilidad humana y en la obviedad de que es mejor vivir en paz que en guerra. El perdón absoluto es en ocasiones imposible y no se puede exigir a las víctimas. Pero todo esfuerzo que hagan será ejemplo que estimulará el imaginario nacional de que la paz sí es posible.

* pcorrea@elespectador.com / @pcorrea78

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