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Fabián llegó al barrio El Retiro de Cali huyendo de la violencia, junto con su mamá, después de que su padre fuera asesinado. Su válvula de escape era el fútbol, pero su mamá le pedía no salir al barrio a jugar, porque en las canchas se encontraría a los jóvenes de las pandillas. Fue cuando Fabián conoció Golazo, el programa de la Fundación Carvajal que transformó su vida y hasta la de los muchachos de las pandillas. Andrés Vargas, coordinador de Golazo, recuerda que, incluso, los invito para dejar la delincuencia y jugar pacíficamente dentro de las actividades de este programa, que le apunta a que niños y jóvenes empleen bien su tiempo libre, se formen en valores y encuentren un futuro con perspectivas. “Muchos de los chicos que ingresan al programa, llegan con pocas esperanzas y cuando se les pregunta por su plan de vida o qué quieren estudiar cuando sean más jóvenes, ellos comentan que posiblemente solo les quede un año de vida porque tienen muchas enemistades que pueden hacerles daño. Por eso, la Fundación Carvajal escogió el fútbol para sacarlos de la violencia, pues en un estudio realizado en estas zonas priorizadas se encontró que casi el 50 por ciento de los niños entre 7 y 17 años estaban desprotegidos y expuestos a la delincuencia, a las pandillas y a la drogadicción”, dice Andrés. Entonces nació Golazo hace siete años, no para formar profesionales del deporte, sino jóvenes con valores y perspectivas de futuro, apoyados por trabajadores sociales, sicólogos e, incluso, monitores que son de la misma comunidad, convertidos en un referente positivo para los más pequeños. Tercer tiempo Las actividades se realizan tres veces a la semana en jornadas de dos horas, en las que se juegan partidos de tres tiempos. En el primero, el monitor pone en la cartelera la temática que se trabajará: solidaridad, trabajo en equipo, respeto de género…El segundo tiempo es el partido y, en el tercero, se hace un pequeño análisis al respecto. Allí, no gana quien haya marcado el mayor número de goles, sino quien haya sumado más puntos por comprender y aplicar los conceptos que se establecieron previamente. Y, como dice Andrés, la presencia de la familia es un componente fundamental, que se trabaja con programas transversales a Golazo. “Con trabajadores sociales y sicólogos les mostramos la ruta o el camino por donde deben avanzar. La Fundación Carvajal tiene un proyecto que se llama ‘Habilidades Parentales’, en donde trabajamos disciplina sin castigo, en un taller de 40 horas con los padres. A veces el programa y los profesionales son bienvenidos, pero en ocasiones los monitores detectan maltrato, abuso y entran a trabajarlo con las familias. En Cali y Buenaventura Golazo apoya a 800 niños en Cali, concentrados en la Comuna 15 barrio El Retiro y en la zona de Ladera Comuna 18. También está presente en Buenaventura en barrios de las comunas 3, 5, 10 y 12, barrios con muchas necesidades insatisfechas. A los niños se les da el uniforme completo y se juega en las canchas de los barrios, aunque hay zonas que no cuentan con espacios deportivos y se buscan calles o parques para implementar el programa. A la Fundación Carvajal los apoya Bancolombia, quienes respaldan económicamente el trabajo de 200 niños; 100 en Cali y 100 en Buenaventura. Estos aportes hacen parte del programa Fútbol para la convivencia, de la línea de Proyección Institucional denominada Convivencia. Adriana Barbón, su coordinadora en Bancolombia, explica: “Queremos fortalecer la convivencia por medio de la formación de los niños, niñas y jóvenes, a través de modelos lúdicos pedagógicos basados en valores y principios, que permitan la construcción de proyectos de vida positivos y la articulación social para mejorar la vida de las personas y el crecimiento sostenible en las comunidades”. Así es como Bancolombia apoya, no solo económicamente, sino con seguimiento y pautas para la aplicación de los programas en Cali y Buenaventura, Corinto, Bogotá, Soacha, Barranquilla, Ibagué y Medellín. El fútbol es una excusa para mostrarles a estos niños y adolescentes las posibilidades del presente y del futuro. Por ejemplo, Andrés cuenta que hacen salidas pedagógicas con los muchachos a zonas de Cali en las que nunca han estado, como el zoológico, el teatro o las universidades, para que salgan de las fronteras invisibles que trazan las pandillas en sus zonas. También, para que puedan hacer parte de Golazo, los niños deben estar estudiando, y hasta los monitores y profesionales los apoyan en jornadas de matemáticas o español. Andrés sueña articular el programa con el Sena para darles proyección a los más grandes que, a los 17 o 19 años, han logrado evadir las pandillas y buscan un futuro positivo y esperanzador que nació en las canchas de fútbol de su barrio.