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Acuérdate (Cuentos de sábado en la tarde)

Acuérdate Leonor cuando el abuelo dijo ese día, el día que vino de las corralejas, que vino tatarareando un vallenato de Alejo Durán y luego gritó diciendo que el mundo se iba a joder dentro de poco, es que tú sí es que tienes mala memoria, yo me acuerdo perfecticamente como fuera anti ayer.

"¿Me estás escuchando, Leonor? Qué me vas escuchar si no dejas de toquetear ese celular…"
«¿Me estás escuchando, Leonor? Qué me vas escuchar si no dejas de toquetear ese celular…»
Foto: Pixabay

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El viejo Guille se acercó a donde estábamos nosotras, bajo el palo de guayaba, estábamos aprendiendo a leer con el libro de Nacho, nos quitó el libro de un sopetón, le arrancó unas hojas y lo tiró dentro del aljibe, dijo que pa’qué tanta vaina, de aprender a leer y escribir, si no lo íbamos a necesitar, dijo que, en los próximos años, la gente no necesitaría las palabras ni hablás ni escritas porque no habría necesidá. Yo la verdad no le paré ni cinco de bolas, porque ya sabes que cuando bebía solo hacía que hablar pendejadas, tú te pusiste a berrear, porque el abuelo dijo que todos nos quedaríamos mudos, que andaríamos como sonámbulos, que no miraríamos al frente, que nos tropezaríamos con la gente y ni siquiera nos importaría, tropezaríamos y ya está, y seguiríamos caminando, sin inmutarnos, porque tendríamos en las manos un aparato que estaríamos mirando todo el santo día, que no nos dejaría respirar, que las horas se pasarían y pasarían sin que nos diéramos cuenta. Que no hablaríamos, que nos convertiríamos como en fantasmas ambulantes, a mí me entró la risa, porque siempre salía con cada cosa… Los tragos le hacían imaginarse muchas vainas, y tú llorando y llorando, me acuerdo hasta que la abuela lo mandó a callar, porque el viejo no paraba de repetir la misma cosa «¡Guille, cállate, deja de asustar a las pelás, deja de hablar huevonadas, entra a la cocina y toma un plato de sancocho que te guardé a ver si se te pasa de una jodienda vez  la borrachera que llevas encima, que vienes caminando en cuatro desde la plaza!». La abuela lo insultó, pero él siguió erre que erre con el mismo temita, decía que al aparato le diríamos «llévame al arroyo Mameyal», y paticas pa’qué te tengo te llevaría al arroyo bien derechito, y qué le preguntarías ¿fulanito, el agua está fría o está tibia? Y te respondería.

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¿Leo me estás escuchando, te acuerdas o no? Es que tú no te acuerdas de na, o no te quieres acordar. Pero yo sí que me acuerdo. El viejo decía que al aparato le ibas a poder preguntar cuánto era dos más dos, y te daría el resultado exactico. Ahí sí que me acabé de descojonar, pensé, mi abuelo aparte de borracho es un lunático, y repetía y repetía antes de sentarse a tomarse la sopa, «el mundo se va a joder», luego se metió en la hamaca, al rato vomitó, y siguió hablando dormido «y mi mujer sabrá si he ido al prostíbulo de la Media Luna, esto se va a joder…».

¿Me estás escuchando, Leonor? Qué me vas escuchar si no dejas de toquetear ese celular…

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