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Al rescate de las otras músicas

El pasado miércoles se inició el Festival Medellín Vive la Música, con el seminario “Periodismo musical”. Juan Carlos Garay, Gabriel Plaza, Jaime Andrés Monsalve y Enrique Blanc inauguraron la fiesta.

09 de octubre de 2014 – 10:21 p. m.

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“La parte difícil de escribir acerca de la música no es describir el sonido, sino la descripción de lo humano”, dice Alex Rosse, en su libro Escucha esto. La descripción de lo humano, la descripción de lo musical, han sido dos aspectos inseparables desde que se escribe sobre música, porque el uno es inherente al otro. Sin embargo, lo humano es distinto al rumor. La escritura acerca de la música en los periódicos ha estado signada en los últimos años por una ambigüedad que confunde lo esencialmente humano de un creador con la anécdota superficial, el rumor y la fruslería.

En esta época moderna estamos llenos de la nada que a veces nos produce la tecnología, aunque parezca contradictorio. Antes soñábamos con meter en nuestro Walkman la discografía de nuestro cantante favorito. Decenas de discos de vinilo inundaban nuestras salas, cada uno con las historias mejor guardadas en forma de canción, y casetes que dábamos vuelta para que por obra de magia o milagro divino pudiesen guardar una canción más o, al menos, la mitad.

Ahora tenemos en un solo dispositivo, a la distancia de un clic, la música que queramos, el artista y toda su vida y obra musical en una sola carpeta que ocupa en un espacio imaginario la extensión de mil canciones o de cien, da igual. Ahora, nuestro problema no es la poca música que podamos almacenar, sino el poco tiempo que tenemos para escucharla. La inmediatez y la proliferación de información nos han llevado a diluir el mito, a ir asesinando aquella emoción que producía la búsqueda casi infinita de un artista, de una canción o un disco. Lo humano se expone tanto que pierde misterio, y por lo tanto, interés.

Alguna vez dijo Nietzsche que la vida sin música sería un error, y le creímos. Por eso intentamos de cualquier modo validar la importancia de la buena música dentro de la sociedad de hoy. Se escriben reseñas, entrevistas y crónicas de los discos más sonados o los mejor pagados. En Colombia, por ejemplo, se acostumbró a escribir acerca de los grandes artistas que hablan del país, los grandes que son unos cuantos pero que todos han agotado. Las palabras éxito, triunfo, ganancias y fama se presentan inalcanzables y ajenas para el artista del común, el independiente, el que sin contrato con una disquera comienza grabando él mismo sus propios videos.

El periodismo musical no debe ser personal, afirmaron los críticos que hablaron sobre el tema en la inauguración de Musicarte. No se trata de una apreciación del artista como persona, si no que debería remitirse al análisis de su obra, de su proyecto. No se trata del juicio personal de un individuo al que le gusta o no un género musical, se trata más bien de que el periodista sea un agente que debe ser gestor, promotor y crítico frente a los fenómenos musicales y culturales que presenta la sociedad.

El reto del periodismo musical de hoy, como lo dice Gabriel Plaza, columnista de La Nación de Argentina, es “entender que desde lo local se deben comenzar nuevos procesos donde la identidad rompa con las agendas impuestas, con las agendas prestadas”, darle valor al otro, al que no tiene las mismas posibilidades de salir en la radio o la televisión como las tendrían los grandes industriales musicales. Al que llena sólo un bar pero cuenta con un producto digno de ser reconocido, aunque por ser común se pasa por alto.

Como lo escribió Julio Cortázar en Rayuela: “Una cosa es la música que puede traducirse en emoción y otra la emoción que pretende pasar por música”, y una cosa es el periodismo musical basado en el punto de vista de un fenómeno y otra es creer que la significación de lo bueno de un periodista o crítico es la misma que la de los demás. El término de identidad constituye el factor determinante del nuevo periodismo musical, la identidad de una comunidad basada en sus demostraciones artísticas, las cuales deberían ser presentadas de manera lógica y sobre todo justa y equilibrada.

Frank Zappa dijo un día que “el periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer”. Desde el contexto local esta apreciación podría darse si bien no tenemos en cuenta el trabajo de algunos periodistas que en su afán de hacer una buena labor han desarrollado propuestas legítimas de periodismo musical, procesos que reconfiguran la mente del televidente, lector u oyente y formulan una crítica ante lo que se les presenta. Se abre el espacio para la duda, para la pregunta, para la incredulidad.

Toda la vida tiene música y el periodismo es una profesión en un vaivén de ritmos, sonidos y silencios en el que cada letra puede generar o no la lírica perfecta para la buena lectura. Atreverse a pensar en otros formatos, en nuevas maneras de creación a partir de las nuevas propuestas que a diario se generan en el mercado, más allá de concebir más adeptos, fortalecerá el tejido cultural que hace parte de todos.

En 0,15 segundos, Google encuentra más de tres millones de definiciones o conceptos relacionados con el periodismo musical, pero al final queda la insatisfacción de no encontrar una que devele en su totalidad lo que la música representa para el periodismo, lo que la música en sí representa para lo humano: una sucesión de momentos, de capítulos y de inspiración que recolecta en una melodía lo que mañana será la historia de alguien o de todos.

camilahenaob@gmail.com

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