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Así, desde muy jóvenes se preparan para portar y mantener viva la tradición de sus padres y abuelos.
Esta fiesta popular, al igual que el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, será aprobada este mes como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, una categoría de gran importancia pues genera para el Estado colombiano y para los demás Estados signatarios la obligación de preservar y respetar la tradición.
De igual manera, este semana, a través del Ministerio de Cultura, se presentaron la ruta de la marimba del Pacífico y la figura del palabrero wayuu —amigable componedor, juez y mediador en la tradición de esta comunidad indígena de La Guajira— para que sean elevados también a la categoría de Patrimonio Inmaterial de la humanidad.
Pero no tendría sentido que todas estas manifestaciones culturales se conviertan en patrimonio en el ámbito internacional, si en la legislación colombiana se mantienen leyes que sólo protegían el patrimonio material mueble e inmueble. Así que, al igual que las edificaciones, museos y monumentos que tienen una legislación y protección especial, ahora las lenguas, danzas, saberes tradicionales y otras manifestaciones inmateriales son —a partir de la publicación del Decreto 2941 el pasado 6 de agosto— objeto de protección especial por parte del Estado en cabeza del Ministerio de Cultura y de las entidades territoriales.