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Amor prohibido murmuran por las calles

De cómo María Antonia Galván y su esclavo Salvador Rosalio entablaron una relación y fueron castigados por la justicia y el pueblo.

05 de junio de 2011 – 01:46 p. m.

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A comienzos de 1803 María Antonia Galván fue acusada por uno de sus vecinos de sostener una “amistad ilícita” con Salvador Rosalio, uno de sus esclavos. El caso, que llegó a oídos de la justicia de Santa Fe de Antioquia, fue desechado puesto que no había pruebas ni mayores indicios. La disposición judicial enfureció a sus coterráneos y alguno apeló la decisión pocos días después. Más de una decena de testigos acudieron entonces a declarar en contra de la ilegal relación. Sus testimonios reposan en el Fondo Colonia del Archivo Histórico de Antioquia.

El primer vecino juró haberlos visto “en el monte oscuro, solos”. El segundo afirmó que María Antonia se encontraba “en comercio ilícito” con su esclavo desde hacía dos años. Dijo además que le constaba “de vista” que “Doña María Antonia almuerza, come y cena junto con su esclavo Rosalio”. El tercero fue más lejos y afirmó que ambos infractores hacían vida de marido y mujer, que dormían juntos “en la misma cama” y que las escenas de celos que a veces protagonizaban eran evidencia clara de su “relación ilícita”. Una prueba adicional del “concubinato” la constituía el hecho de que otros dos esclavos que vivían en la casa no gozaban de los mismos privilegios de Salvador Rosalio.

“En el vecindario se dice en público que esta mujer se asea y se peina con su esclavo Rosalio y come con él”, certificó un indignado declarante. Otro dio nuevos matices a la historia: “He visto a María Antonia Galván andar junto con su esclavo Salvador Rosalio en una crecida estimación. Es cierto que almuerzan, cenan y comen juntos en el mismo plato y he oído decir que el esclavo corrió a su mujer”.

Según algunos informantes, la “mujer de Salvador” contó “por los alrededores de la vecindad” que “su negro” dormía con la señora. Y esta última, celosa, lo convenció de que no viera más a su mujer “ni le pasara suficiente plata de manutención”.

Un conocido de la acusada relató cómo, durante una visita social a la casa de María Antonia, vio cómo “cuando trajeron el cacao” ésta llamó a su esclavo Salvador y lo tomaron juntos.

Aunque cada quien tenía su propia anécdota, los declarantes coincidían en dos cosas. Todos acusaron a María Antonia de comer con Salvador y cada uno de ellos sentía que esta “torpe e ilícita amistad” no podía continuar. Tras el juicio, en el que confesó que anduvo “los montes” y compartió comida y cacao con Salvador, María Antonia Galván fue sentenciada a pagar una gran multa. También cayó enferma. Su “amigo” fue enviado a prisión y se desconoce si alguna vez se volvieron a ver.

Poco más de dos siglos después, muy distinta es la situación de las mujeres y la población afrodescendiente. Legalmente, como es obvio, hubo el equivalente a una revolución. Sin embargo, es posible rastrear hasta nuestros días cierto estigma hacia las relaciones interraciales. Al respecto, el trabajo del Observatorio de Discriminación Racial alrededor del país evidencia que estas uniones siguen siendo raras, comparativamente menores.

Algunos dirán, incluso, que el amor, en una sociedad marcada fuertemente por el legado de la esclavitud, es un sentimiento reaccionario.

Abolición de la esclavitud en Colombia

1810
En el marco de la creación del Estado de Cartagena se prohibió totalmente la trata y comercio de esclavos negros

1816 
Simón Bolívar promovió el enrolamiento de esclavos al ejército independentista con la promesa de libertad

1821 
Durante el Congreso de Cúcuta se promovió la libertad de vientres

1823
Se declaró la total prohibición del comercio de esclavos

1851 
Se decretó la libertad de los esclavos a partir del 1 de enero de 1852, comprometiendo al estado a pagar a los propietarios una indemnización a través de bonos.

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