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Arte detenido en el instante

FotoMuseo trae a las calles de Bogotá a Eugenio Recuenco.

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Hay algo de surrealismo, también elementos oníricos que invaden la imagen y le regalan toques mágicos de cuentos de hadas. Hay algo oscuro en la inocencia y palidez de sus personajes, y sobre las escenas se impone turbulenta una luz muy propia del barroco holandés. No se puede negar que en sus escenas detenidas en el tiempo emergen sus anhelos cinematográficos mientras que sus estudios de artes parecen inocultables en la forma pictórica que tiene casi como mandato cada una de sus tomas. Las 58 fotografías del artista español Eugenio Recuenco, reconocido por sus trabajos con Vogue, Vanity Fair y Madame Figaro, que llegan hoy a Bogotá, son una evidencia de esa senda que se viene trazando la fotografía en el mundo del arte.

“A nivel de arte, la fotografía ha cobrado una importancia muy grande que empieza a desbancar a otras artes. Aún estamos con muy poca perspectiva y no se sabe si esta burbuja de la fotografía, que hace que en las galerías de arte el 70% de la muestra sea fotográfica, se va a mantener, hay poca perspectiva para saber qué se está haciendo bien y qué mal, pero es innegable la importancia del fenómeno”, explica con desparpajo este español que por primera vez visita Colombia y que ha elegido lo más pictórico de su trabajo para mostrarlo durante 45 días en tres locaciones urbanas: la plazoleta de Lourdes (del 5 al 19 de mayo), la plazoleta de San Diego: (20 de mayo al 4 de junio) y en la Zona T (del 5 al 19 de junio).

“Tengo mucha ilusión de ver la reacción de la gente, un público que por primera vez no va en busca de mi obra, sino que mis fotografías se le aparecen en su camino, y lo interrumpen, casi que mis fotos los encuentra”, dice emocionado el artista.

Los clientes para los que ha realizado sus arriesgadas puestas en escena han sido en su mayoría revistas de moda, altas casas de diseño y agencias de publicidad, sin embargo, “imitando el modelo renacentista, en el que grandes artistas usaron a sus mecenas: un Papa o a la misma Iglesia, para poder sacar lo mejor de su arte en los encargos que le hacían”, Recuenco ha sido capaz de imponer su estilo, desbordar lo obvio y lanzar a un abismo inconsciente y surreal todos los supuestos de la fotografía de moda y publicitaria.

Este fotógrafo despelucado y trasgresor toma parte de la segunda generación de fotógrafos de moda que emergió en España. La primera sobresalió de la mano de Javier Vallhonrat (Madrid, 1953), con un renacimiento del arte y de la moda tras la muerte del dictador Franco. “Yo heredé esos estilos y mi generación nació de la mano del surgimiento de una nueva ola de diseñadores españoles”.

La moda así se le reveló como el lugar más fértil para lo que soñaba con hacer. Sus posibilidades laborales no irían por la senda del fotoperiodismo, lo sabía, “no tenía esa admirable capacidad de poner la mirada en donde nadie más la pone en la vida cotidiana”. Lo de él era  un lugar más creativo. “El trabajo en editoriales de moda me dio esa posibilidad de recrear mis historias”.

Esas historias a las que alude el creador español son las mismas que pujan desde su interior por salir y convertirse en películas, una de sus grandes obsesiones. Por lo pronto con un guión bajo le brazo y con la experiencia de no querer dirigir maniquíes escuálidos, en cuanto a las modelos se refiere, la poesía de Eugenio Recuenco le regalará toques de color e historias ensoñadas a los transeúntes de la grisácea ciudad de Bogotá.

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