
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Los tonos de azul, morado y negro de la obra de Michael Armitage resaltan y contrastan entre el blanco de las paredes y el negro del piso elaborado con las armas fundidas de las FARC. En Fragmentos Espacio de Arte y Memoria, la obra de Armitage dialoga con la de Doris Salcedo en la primera muestra del artista keniano-británico en Colombia.
Las cuatro pinturas realizadas sobre tela de corteza de Lubugo componen la exhibición “Balsa”. Este proyecto comenzó cuando el artista conoció a Doris Salcedo, quien, en sus palabras, es “probablemente la artista viva más importante y alguien a quien admiro enormemente y cuyo trabajo he admirado”. Armitage inauguró hace unos años el Nairobi Contemporary Arts Institute y aseguró en entrevista para El Espectador que con Salcedo habían discutido la posibilidad de exponer sus propias obras en el espacio del otro.
“Estaba trabajando en un grupo de pinturas sobre la migración, y Doris también había creado esta extraordinaria pieza, “Palimpsesto”, que hablaba sobre las rutas migratorias en Colombia, los migrantes que transitan por Colombia y llegan a Colombia. Sentí que ya existía una cierta familiaridad temática entre lo que estaba haciendo y la oportunidad de hacer una exposición aquí”, afirmó.
La migración y las historias que derivan de ella hicieron parte de la investigación de Armitage. En un momento en el que a través de las redes sociales y la inmediatez de la información es tan fácil conocer sobre esta crisis y los peligros que enfrentan los migrantes a nivel mundial, para el artista “no hay excusa para que no estemos expuestos a muchas de las cosas horribles que les suceden a los migrantes y refugiados, en estos viajes épicos, agotadores e implacables que a menudo llevan años”, dijo. “Todas estas pinturas fueron investigadas y, como cualquier persona, simplemente busqué en Google, y esa familiaridad de la imagen y la accesibilidad de esas imágenes y las historias fue importante. Casi todas se basan en información que se puede encontrar en entrevistas en línea. Hablé con fotógrafos y personas que trabajaron con migrantes, así como con un par de migrantes que han realizado los viajes, pero en realidad quería que no hubiera ningún tipo de información privilegiada a la que yo tuviera acceso y otros no tuvieran”.
Para Armitage el reto estuvo en la narrativa sobre la migración y el espacio que ocupa la retórica política, que “dificulta empatizar y apreciar las vidas de las personas que viven en estas situaciones increíblemente precarias”. Teniendo en cuenta que actualmente se ha visto cómo en diferentes países crecen las protestas en contra de la migración y se endurecen las políticas contra los migrantes, “Balsa” presenta una forma de conectar desde el arte y lo comunal con la realidad de quienes emprenden esas travesías.
“Fundamentalmente, el arte es un acto comunitario, una expresión de la sociedad actual. Gran parte de esa expresión la realizan individuos como yo, como artista individual, pero para mí sigue siendo un acto comunitario. Como cuando lees un libro y, de repente, las palabras de otra persona pueden crear un mundo en tu mente con emociones familiares. Es lo mismo, simplemente te permite transportarte temporalmente a algún lugar, reflexionar sobre algo de forma diferente, y eso puede ser de una manera muy humilde y tranquila. En otras cosas, puede ser mucho más grande y tener un impacto mucho más amplio”, dijo. Para él, los cambios que pueda generar el arte dependen de la relación de la persona con el objeto artístico y lo que este pueda transmitirle, y la manera en la que esa experiencia puede cambiar con el tiempo.
Desde su punto de vista, los artistas cumplen múltiples roles en la sociedad actual, dependiendo de lo que decidan crear. Sin embargo, Armitage resaltó la responsabilidad de las instituciones del arte frente a las comunidades a las que sirven: “no deben tener miedo de abordar cuestiones difíciles de la sociedad, y habrá artistas que se ocupen de eso”.
El proceso de creación de cualquiera de sus obras es variado. A veces crea una composición específica llevado por la narrativa; otras es el material, tela de corteza de Lubugo, el que dicta cómo creará su pieza. Sin embargo, para esta muestra, el dibujo fue predominante para la planeación, aunque dos de ellas fueron evolucionando mientras trabajaba en ellas. Un poco de todo pasó por su cabeza mientras pintaba estas obras. “Debido al proceso de pintar, se requieren diferentes cosas en distintos momentos. A veces se trata simplemente de pensar en la narrativa y en cuál es la mejor manera de que la pintura la exprese. Otras veces se trata de pensar en aspectos más compositivos, más relacionados con el lenguaje, captar la atención, la distorsión, el enfoque, la composición, el color, el tono, etc. El tema era bastante abrumador, como para pensarlo repetidamente. Luego piensas en tu propia situación. Como padre primerizo, me resultó muy difícil ver cuántos niños hay en estas rutas y cuántos niños muertos hay a lo largo de ellas. Pensé en muchas cosas, algunas más profundas, otras menos profundas”, afirmó.
Para Armitage lo importante, más que el proceso y los desafíos que plantea, es el resultado. Y aunque, según contó, sigue siendo difícil hablar sobre el tema de la migración, “cuando he estado observando a personas que han pasado tres años caminando por el desierto sin nada, que han perdido a sus compañeros de camino, a sus hijos, a sus parejas, lo han perdido todo, y luego llegan a un punto en el que tienen que regresar y repetir lo mismo, simplemente no tiene sentido intentar articular algo tan difícil, al considerarlo desde la perspectiva de lo que realmente es. Esto es realmente algo fundamental en mi trabajo que me permitió, como artista, cuestionar la relevancia de lo que hacía. Una de las cosas que quería tener en mi práctica era una relación con otras personas. Y aunque a veces no es agradable ver cómo es el mundo y la forma en la que nos tratamos unos a otros, la razón por la que uno se adentra en estos temas es que hay un cierto nivel de esperanza y amor por la gente. Eso significa que es importante expresar lo peor de lo que hacemos con esperanza y asegurarnos de que, desde cierto nivel de esperanza y amor por el otro, las cosas no se olviden, aunque sea mínimamente. Creo que reconocer al otro es un acto increíblemente enriquecedor para uno mismo”.