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Una luz gastada y tenue baña los muros desnudos y grises de una de las salas de la galería Alonso Garcés. Recovecos de luz y oscuridad, atrapados en paredes de color crepuscular, le dan al lugar una apariencia incierta con la que el arquitecto Édgar Guzmanruiz busca develar los misterios de la sombra. “Es una idea que viene de Oriente y que pretende exaltar la belleza de la sombra, que, por supuesto, no es posible sin la existencia de la luz”, afirma el artista. Su inspiración ha sido la obra del japonés Junichiro Tanizaki, El elogio de la sombra.
Con la primera parte de la muestra Atrapaluces y Matrioshkas, que estará en la galería hasta el 18 de marzo, Guzmanruiz legitima el espacio arquitectónico a través de los grados de opacidad de los materiales, el silencio, la penumbra y el vacío. Para lograrlo se remontó a la historia de la galería y revivió su pasado litúrgico y sagrado.
Abrió las paredes y destapó las antiguas ventanas que hacían parte de la capilla que funcionó allí hasta los años sesenta. Levantó el velo espeso que se posó por años en los rincones del lugar y dejó circular otra vez la luz y aire. “Las galerías son unos espacios cerrados, unos cubos blancos que niegan la historia y el paso del tiempo”, dice Guzmanruiz, quien conectó los ventanales con túneles de tela quirúrgica que parecen respirar cuando pasa el viento.
“El aire en esos lugares encierra una espesura de silencio y en esa oscuridad reina una serenidad eternamente inalterable. En definitiva, cuando los occidentales hablan de los ‘misterios de Oriente’, es muy posible que con ello se refieran a esa calma algo inquietante que genera la sombra”, dice Junichiro Tanizaki. La capilla/galería de Guzmanruiz recrea el juego de luces y las sombras que avivan el misterio, lo velado y lo oculto de los templos de las religiones del mundo.
Para Matrioshkas, la segunda parte de la muestra, el arquitecto se inspiró en el concepto de las tradicionales muñecas rusas, que encajan una dentro de otra, para hablar de realidades superpuestas, de presencias y ausencias en las que la realidad física se posa sobre una realidad mental, trastocada por el vacío y la soledad.
Para el crítico de arte Andrés Gaitán, “las matrioshkas reflejan, de algún modo, esa soledad que viene acompañada de muchas situaciones internas. No es una soledad física, sino aquella soledad mental llena de fantasmas que circulan a través de los objetos y que dejan huella en nuestras memorias”.
En este trabajo de Guzmanruiz, el deseo, la frustración, la esperanza, el miedo y las distintas emociones que albergan las relaciones humanas se manifiestan por medio de la posición y la distancia entre los muebles reales e “imaginarios”, estos últimos, hechos con plástico transparente. Allí, el espacio interior, los recuerdos, las sensaciones y los distintos rostros de la soledad recreados por la imaginación y la memoria adquieren volumen.
– En Alonso Garcés Galería, carrera 5 Nº 26B-92. Teléfono: 3375832. Abierta hasta el 18 de marzo.