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Ella observó cómo Diego Rivera y José Clemente Orozco creaban sus primeros frescos cuando tenía 13 o 14 años en la Escuela Nacional Preparatoria y se convirtió en la primera muralista mexicana. Pero ni su nombre ni su obra se conocen como el de sus contemporáneos, unos dicen que responde a su género, otros a razones políticas, y unos más, a otras múltiples razones. Reyes fue militante del Partido Comunista Mexicano. Sus lealtades políticas pudieron contribuir a la poca visibilidad de su nombre.
“Aurora Reyes fue una artista plástica y literaria, fue una de las 20 poetas más importantes de América Latina; ella utilizó la pintura mural como una herramienta didáctica, al mismo tiempo de expresar la igualdad entre hombres y mujeres y su particular lucha social”, afirmó su nieto Héctor Godoy cuando se exhibieron algunas de sus obras en la estación de metro de Bellas Artes.
Sus manos no solo le servían para pintar, pues su sed creativa se extendió a las palabras y también se convirtió en poetisa y docente. En su activismo feminista y alineado con su partido se ganó el apodo de “Magnolia Iracunda”, fue miembro fundador de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y presentó su obra en Francia, Estados Unidos, Cuba y México. En el medio de sus murales Reyes destacaba el rol femenino dentro de la historia y como parte del proceso de alfabetización de México.
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“Los murales de Aurora lo que nos muestran y nos ayudan a recordar es precisamente nuestra historia, nuestro origen y la evolución de esta cultura a lo largo de las épocas” afirmó su nieto, Ernesto Godoy, para el Canal Once en México.
La vida de Aurora Reyes Flores fue una a la que no le faltó acción. En distintas ocasiones tuvo que esconderse por sus afiliaciones políticas y participó en marchas y movimientos durante los años 60. La muralista se vio involucrada en la política desde joven, nació en 1908 en una familia de militares y privilegiada con lazos al porfirismo en Hidalgo del Parral. El asesinato de su abuelo, el general Bernardo Reyes, obligó a la familia a mudarse a Ciudad de México y esconderse. Cuando el peligro disminuyó, la futura artista se unió a la Escuela Nacional Preparatoria, donde conoció a su amiga de vida, Frida Kahlo.
Sin embargo, su estadía en la escuela duraría poco, pues fue expulsada a causa de una discusión con una de las prefectas por razones políticas. Pronto se daría cuenta de que la academia no era para ella. Entre 1921 y 1923 estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, pero no terminó sus estudios y prefirió ser autodidacta. A la edad de 17 años tuvo su primera exhibición en la galería ARS y a los 19 empezó a dar clases de dibujo y pintura en la Secretaría de Educación Pública, donde ejerció como maestra de primaria durante 37 años.
Su infancia marcó su punto de vista y el mensaje de sus futuras obras. Aurora Reyes tuvo que abandonar su ciudad natal a los cinco años y cuando se mudaron a Ciudad de México vivieron en La Lagunilla, uno de los barrios más pobres de la ciudad. Esto “le permitió percibir y vivir la realidad mexicana de pobreza y abuso. Estos hechos los plasmaría después en su obra pictórica y escrita”, escribió Stefany Cisneros para México Desconocido.
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La muralista se casó con el periodista Jorge Godoy, pero se divorció poco después. De su carrera se conocen siete murales y en ellos están siempre al frente y al centro las luchas sociales por las que abogó durante su vida. En 1936 ganó un concurso convocado por la LEAR para pintar un mural en el Centro Escolar Revolución.
Originalmente su obra se llamaba “La maestra asesinada”, terminó siendo una de las más célebres y se le conoce con el nombre de “Atentado a las maestras rurales”. Sobre la obra, la artista y gestora cultural Concha Mayordomo escribió: “la pintura recoge una gran carga emotiva, ya que representa a una maestra rural golpeada y vilipendiada. Muestra en primer plano, a un campesino que arrastra a una maestra, tirando del cabello con la mano derecha mientras que con la otra sostiene unos billetes, al tiempo que pisotea un libro cuyas hojas se abren”.
Entre 1960 y 1972 pintó su obra de mayor alcance. A petición del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Reyes realizó cuatro murales titulados: “Trayectoria de la cultura en México”, “Presencia del maestro en los movimientos históricos de la patria”, “Espacio, objetivo futuro” y “Constructores de la cultura nacional”. En este último la artista retrató a personajes como Sor Juana Inés de la Cruz, Nezahualcóyotl y Eulaila Guzmán, la arqueóloga que hizo parte del grupo feminista Las Pavorosas. Con este mural la crítica interpretó que Reyes estaba dando su apoyo públicamente a Guzmán, quien se vio envuelta en una polémica en 1949 cuando descubrió unos restos humanos que afirmó que pertenecían a Cuauhtémoc, el último emperador de los aztecas.
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Su sexto mural lo terminó a la edad de 69 años en la que era la casa de Hernán Cortéz, hoy conocida como el Antiguo Palacio del Ayuntamiento de Coyoacán. “Primer encuentro” relata la historia de ese primer momento en que se encontraron los pueblos indígenas de México con los españoles.
Aurora Reyes participó en 1960 en la lucha a favor de los prisioneros políticos de México y en 1968 hizo parte de diversas marchas estudiantiles. Por su participación en este movimiento la artista se vio obligada a esconderse en el hospital psiquiátrico La Castañeda. “Durante su vida fue una gran activista sobre los derechos humanos y de las mujeres, especialmente en el derecho al sufragio, a ocupar un cargo público, a la ampliación de más días por maternidad, y a más descansos por lactancia, fueron su lucha entre otras reivindicaciones y por su condición de docente también promovió la creación de guarderías para el profesorado”, escribió Mayordomo.
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Entre sus obras literarias se encuentran “Nuevas estancias en el desierto”, “Humanos paisajes” y “Espiral en retorno”. Su obra poética le otorgó premios y en sus poemas dejaba ver su carácter feminista. La primera muralista mexicana murió olvidada a pesar de su éxito en vida el 26 de abril de 1985. Las cenizas de Aurora Reyes Flores fueron sepultadas en las raíces de una magnolia que la artista había plantado en el jardín de su casa en Coyoacán años atrás. El epitafio que descansa sobre el tronco de la planta es el poema que la muralista escribió inspirada por el árbol:
“Hoy, blanca y luminosa,
naciste Yololxóchitl:
magna flor de las flores.
La luna es tu diadema cuajada de diamantes.
Hoy, blanca y luminosa,
naciste, Yololxóchitl”.