Baldados de agua fría

La actualidad del depertamento del Chocó habla de una crisis que parece interminable. Corrupción, violencia, falta de apoyo humanitario, disputas entre grupos armados y el incumplimiento de las ayudas por parte del Gobierno condenan a este sector del Pacífico al desplazamiento de sus habitantes.

Alrededor de cuatro mil familias se vieron afectadas en febrero por las fuertes lluvias y las inundaciones provocadas por el desbordamiento de cinco ríos. / Jeison Riascos
Alrededor de cuatro mil familias se vieron afectadas en febrero por las fuertes lluvias y las inundaciones provocadas por el desbordamiento de cinco ríos. / Jeison Riascos

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Al departamento del Chocó dejamos de mirarlo hace años. Un territorio rico en fauna, flora y olvido busca sobrevivir pese a la ausencia de un Estado que pone su lupa fuera de su soberanía, encargándose de proteger los derechos humanos vulnerados por un gobierno autoritario pero dejando de lado los derechos que se ahogan y se van río abajo con las inundaciones que tienen afectado a este departamento ubicado en el lindero del Pacífico colombiano.

Una gestión lánguida y carente de objetividad se refleja en la escasez de medicamentos, alimentos y apoyo humanitario para las comunidades que habitan el territorio chocoano. Los baldes que recogen el agua de la tragedia y que anuncian una nueva avalancha de desplazamientos y abandonos obligados, nos dicen que el Chocó retorna a los días en que la violencia y la ausencia estatal condenaron a esta tierra a la soledad y el silencio.

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