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Muchos enigmas, por fortuna, han acompañado el desarrollo de la música. A ciencia cierta se desconoce si es mayor el número de versos escritos por monjes y juglares durante los siglos XII y XIII, en los que se basó el compositor alemán Carl Orff (1895-1982) para gestar Carmina Burana, su obra máxima, o si esos fríos dígitos son superados por la cantidad de montajes que se han hecho en su honor.
Algunas puestas en escena se han concentrado en la realización de una súper producción con cantantes solistas, coros de todas las edades e instrumentación orquestal ampliada. Otras han adelantado una aproximación minimalista, simplificando cada componente y resaltando la importancia de la participación vocal. Ahora, y como muestra de su razón creativa, el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) debuta con una adaptación de esta pieza en la que optó por implementar un formato poco convencional.
Carmina Burana es la primera apuesta original de esta entidad y con ella tiene la intención de potencializar el nombre del Teatro Jorge Eliécer Gaitán como escenario no sólo de exhibición de manifestaciones artísticas, sino como espacio de creación y circulación de talentos para la ciudad. Por eso en este montaje especial participan 14 bailarines seleccionados por una convocatoria pública en la que se inscribieron más de 70 profesionales de la danza.
“Aprovechando las ventajas espaciales del teatro y la puesta en marcha de la nueva Casona de la Danza, que le ha permitido a este sector contar con un lugar para el entrenamiento, la investigación y la creación coreográfica, se diseñó una convocatoria pública para que un grupo de bailarines ejecutara una pieza de teatro físico que se integrara a la famosa obra musical. Se trata de un proyecto dirigido por el maestro colombiano Juan Carlos Agudelo y que contó con la asesoría de Jairo Lastre en lo relacionado con las coreografías”, comenta Santiago Trujillo, director de Idartes.
Los bailarines, y ahí es donde radica la originalidad de esta iniciativa, están acompañados por los ocho integrantes de la agrupación Tambuco, un ensamble percutivo de reconocimiento mundial dirigido por el experimentado Ricardo Gallardo, y más de cincuenta cantantes del Coro de la Ópera de Colombia. Pero, además de este diálogo particular entre el coro y la percusión, las voces solistas intervienen de forma contundente. La soprano Viviana Rojas, el contratenor Diego Arango y el barítono Camilo Mendoza, uno de los más jóvenes exponentes de la lírica en el país, asumen el peso de esta colección de versos de carácter laico del medioevo que, según el concepto de los expertos, es la más antigua en su clase de la que se tenga conocimiento.
Los tambores de Tambuco, las voces de los integrantes del Coro de la Ópera de Colombia y los movimientos exóticos de los bailarines en escena están acompañados por proyecciones de imágenes realizadas especialmente para este montaje por un videoartista y con las cuales se hace aun más evidente el propósito multidisciplinario. Gracias a esta característica Carmina Burana, que originalmente es la primera parte de una trilogía, seguida por las piezas Catulli Carmina y Trionfo di Afrodite, fue el montaje seleccionado para la inauguración del Festival Danza en la Ciudad: Somos Movimiento, en su cuarta edición, que se extenderá hasta el 3 de diciembre.
Esta puesta en escena contribuye al reconocimiento de Carl Orff como investigador sonoro y aumenta los enigmas, porque de eso se trata la música.
Viernes 18 de noviembre, 8 p.m., Teatro Jorge Eliécer Gaitán, carrera 7 No. 22-47. Boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.