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La mezzosoprano española Carmen Artaza llegó puntualmente al Claustro de la Merced, una cita con la música y su vida, vestida con una blusa negra y un vibrante pantalón rojo, sonríe constantemente.
La artista de 29 años compartió su aprecio por el clima de Cartagena, una ciudad donde el mar y las murallas son protagonistas, como su voz. Hay un personaje que la desconecta de la realidad: Rosina, de la ópera “El Barbero de Sevilla”.
Artaza forma parte del elenco de artistas que participan en “El Canto al Mar”, el tema central de la XIX edición del Cartagena Festival de Música, que concluirá el próximo 12 de enero, es amable y tal como se dice comúnmente en su país, una mujer muy maja.
La donostiarra reflexiona sobre la percepción que se tiene de los artistas: “Creo que soy bastante normal. Hay mucha gente que piensa que los artistas somos algo de otro mundo, al final todos somos personas y me considero normal, como todo el mundo”, comenta mientras caminamos por los pasillos del patio colonial.
Esta noche, Artaza se presentará en el Cartagena Festival de Música 2025, luego seguirá cumpliendo su agenda programada por casi dos años que incluye una actuación en el Gran Teatre del Liceu, donde interpretará el papel de Teresa en la ópera de Bellini.
En entrevista para El Espectador, habló sobre su carrera, sus sueños y la influencia de otras artes para complementar su talento. Ese que nació en la costa de San Sebastián y que, actualmente, se escucha en otro mar, el de Cartagena.
Además, reveló que disfruta de la música de Elvis Presley y compartió que su vida es muy diferente a la de Rosina, uno de sus personajes favoritos.
¿Cómo se define en el mundo de la música?
Una persona muy trabajadora y cuadriculada con mi trabajo y con mis ideas. Hay veces que no se da, porque la vida es como es, pero sí que intento hacer por trabajar y llegar a las metas que me propongo.
¿Y qué pasa con las cosas que no se dan? ¿Cómo la afectan?
Cada vez intento aceptar más las situaciones que no se dan para poder aprender de ellas y seguir evolucionando en mi carrera también. En vez de solo ser como… Tirar todo el tiempo para delante, intento ver cómo puedo mejorar lo que tengo y trabajar a partir de eso.
En su carrera como mezzosoprano ha representado a Hänsel, en Hänsel y Gretel; a Rosina, en El Barbero de Sevilla, entre otros personajes, ¿cómo es esa fusión entre el personaje y la música?
Yo creo que este trabajo es mucho ‘learning by doing’, aprendiendo mientras lo haces, y lo hago sobre mi voz, lo que represento, y cómo comunicarme con el público. El teatro me ha ayudado a conocerme mejor a mí misma, ha sido una especie de fórmula de introspección y un aprendizaje.
¿Y ser cantante no es muy desierto, aislado?
Es muy solitario. Desde luego no siempre todo es bonito en el teatro. Cuando se ve a un cantante de ópera, se ve lo mejor, poder estar en un escenario. Desde luego es un agradecimiento, pero hay mucho trabajo que no se ve y que solo uno conoce.
Sobre soledades y trabajo, ¿con quién le gustaría compartir escenario?
Una pregunta difícil… La mayoría de los cantantes a los que admiro mucho, ya no cantan. Y muchos cantantes con los que he tenido el placer de trabajar han sido una sorpresa positiva para mí. Entonces, no es que diga “con esta persona quiero cantar”, sino que hay gente con la que quiero coincidir de nuevo. Porque ha sido un trabajo fácil, respetuoso, musical, honesto. Y la verdad es que me he sorprendido mucho con la gente maravillosa que hay en los escenarios.
¿De los personajes que ha interpretado, debe haber algunos que la hayan marcado, que inclusive podrá presentar aquí en Cartagena?
¡Todos! Es que he aprendido algo de cada uno de ellos. Con el que más me he divertido ha sido con Rosina, en ‘El Barbero de Sevilla’ que, además, lo voy a interpretar también este viernes aquí en Cartagena.
¿Es usted una verdadera Rosina, enamorada de un conde y huérfana?
Me gusta porque, aunque es un personaje que no tiene nada que ver conmigo, es muy divertido. Entonces, cuando estuve un mes y medio trabajando en el rol, me di cuenta de que cada vez que salía del ensayo salía de buen humor, salía divertida. Y es verdad que la música de Rossini es muy ligera y pone de buen humor. Interpretar ese personaje que no es tan de cabeza, sino más de acción, de hacer lo que le apetece y vivir libremente, me pareció muy agradable y satisfactorio.
¿Se puede decir, por esa razón, que Rosina la lleva a desprenderse de la realidad?
Sí. Muchas veces cada uno tiene sus problemas, algo le presiona en la vida o lo que sea. Y haciendo ese personaje, la verdad, es que salía todos los días pensando: “hey, está todo bien. Sin preocupaciones”.
Su amor real es muy interesante, ¿comparte el mismo trabajo que su esposo?
Él se llama Frederic Jost. Y justo ahora está cantando en el Teatro Real de Madrid. Cantar con él es maravilloso. Obviamente, le valoro mucho como cantante. Yo pensaba: “uf, él también es cantante, así que trabajar con él tiene que ser horrible.” Sin embargo, ha sido la última sorpresa positiva: trabajar seis semanas en un proyecto juntos y que sea algo magnífico.
Hay dos personajes que sueña interpretar: Octavian, en El Caballero de la Rosa; y Charlotte, en Werther. ¿Cómo va esa tarea? ¿Ha sido fácil cumplirla?
Estoy más cerca. No puedo decir dónde, pero uno de los dos ya está en planeación. En tiempo serán cuatro años y medio. Lo voy a poder cantar y estoy deseando que llegue el momento. Porque es como un pequeño sueño cumplido. Cuatro años y medio suenan como mucho tiempo.
Sin embargo, sé de buena fuente que ya su agenda de aquí a dos años está completamente establecida. ¿Cómo hace para mantener ese orden?
En realidad, los trabajos llegan. Es decir, uno hace todo lo que puede para conseguirlos, pero llegan o no llegan. En mi caso, he tenido suerte junto con mi agencia. Hemos conseguido llenar la agenda. Y ha sido porque, a través de audiciones, de trabajos que he hecho, han surgido otros trabajos. Ha sido una suerte, pero ha habido otros tiempos en los que no he tenido tanto trabajo.
Usted es una mezzosoprano muy joven, ¿invierte tiempo en escuchar música mainstream?
Tengo que reconocer que no escucho música comercial. Sí que escucho un poco en mi tiempo libre. Fíjate que a veces pongo música de fondo, pero no le doy tanta importancia; intento que esta me relaje.
¿Y quién está en esa pequeña playlist?
Muchas veces oigo a Elvis Presley. Porque me gusta, me pone de buen humor. Y me parece, de hecho, que es un pequeño puente entre la música clásica y la música comercial. Aunque es música de hace tiempo, tiene melodías y armonías que tiran un poco más hacia la música clásica. Por lo que puede ser un primer paso para llegar hasta ella.
Ha participado en la industria discográfica con dos producciones. ¿Cuál ha sido la más retadora?
Mi CD en solitario, “La Mí Sola”. Uno selecciona todo y luego se replantea las obras que ha elegido y se escucha recurrentemente. Desde luego fue un reto porque había un tiempo limitado también y había que hacer todo de una manera, en un tiempo específico. Además, sin mover la boca del micrófono, porque yo me muevo mucho cantando y expresando… Fue mucho trabajo, pero un trabajo bueno.
¿En “Mirentxu”, su segundo disco, fue todo más sencillo?
Es que, al final, en este CD había una orquesta entera, un coro entero. Sí que se podía repetir algo, pero como había tanta gente, no había la opción de hacer ese trabajo tan fino como en el que hice con mi pianista (Hilko Dumno), porque ahí sí que podíamos repetir y mejorar.
¿Cuál ha sido el mayor impacto a nivel cultural de pasar de vivir en San Sebastián, su ciudad, a Múnich?
Ha sido como un paso más en intentar hacer una carrera de música, tiene que ver por dónde puedo encontrar los mejores profesores, los mejores trabajos para empezar y estar abierta las oportunidades. Y en mi caso esto me llevó a Alemania.
¿Hay algo que le haga querer tomar un tren desde Berlín hasta San Sebastián?
Sí. Mi familia. La verdad es que la extraño mucho. Siempre han estado ahí, apoyándome en todo lo que han podido: con sus medios, amor y todo su apoyo. Eso sí que me tira el corazón a volver a casa en algún momento. Sin embargo, ahora mismo, mi sitio está en Alemania.