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Los tempranos 90 fueron decisivos para que Caroline Libresco se enamorara del cine independiente. Apenas se esbozaban este tipo de producciones en Estados Unidos, las que lograban hablarle y llegarle directamente. Con unos pocos amigos, Libresco decidió saltarle al tiempo y hacer una película propia. Desde entonces, tanto ella como aquellos que colaboraron en esa película que reflejaba el espíritu bohemio de sus vidas en San Francisco, se convirtieron en productores y directores.
Libresco, al mismo tiempo que se convirtió en la actual programadora de la sección Cine del Mundo del Festival de Cine de Sundance, continúa con su rol de productora y ahora está en el Caribe colombiano como jurado de la competencia oficial del Festival de Cine de Cartagena y nos respondió estas preguntas.
¿Qué opina de la cinematografía latina en general?
Puesto que comenzó hace más de 25 años, Sundance siempre ha estado comprometido con el cine latinoamericano y hemos cultivado fuertes lazos. Películas como Estación central, Los diarios de motocicleta, Y tu mamá también, La Nana, Tropa de Élite, Cama adentro, Bus 174, Perro come perro, Todos tus muertos, Los Pecados de mi padre, entre otros, han encontrado su casa en Sundance.
¿Cree que hay un nuevo interés en las películas de este lado del continente?
En Brasil, Argentina y México, durante las últimas décadas, ha habido un florecimiento de una fuerte tradición en el séptimo arte. Recientemente hemos visto nuevos talentos de Colombia y Chile. Creo que sería justo afirmar que sí hay un firme interés por este tipo de cine.
¿Cuál es la percepción del Festival de Cartagena?
Tiene una reputación de ser importante (no sólo en Colombia) como uno de los líderes en Latino América. Con su nueva directora, Monika Wangenberg, quien es una fuerte e inteligente programadora con una perspectiva internacional, El Festival de Cartagena está destinado para tomar un liderazgo en el panorama festivalero.
Como programadora del programa de cine del mundo, ¿cuáles cree que son las fortalezas y las debilidades de esta cinematografía si se llega a comparar con la producción americana?
El cine internacional forma una gran parte del Festival de Cine de Sundance y en ese rubro tenemos dos competencias, una para documental y otro para películas de ficción. Generalmente estas competencias muestran el talento de cineastas emergentes y sus películas pueden ser unas de las más fuertes del festival. Creemos crucial para las audiencias americanas y para los cineastas de nuestro país estar expuestos a otras historias y a otras preocupaciones, a experimentos estilísticos y a la estética de otros artistas. No solamente es una perspectiva global de la que carecemos usualmente en Estados Unidos, pero las estrategias creativas de los artistas no americanos funcionan como panoramas que abren los ojos y amplían los horizontes. Estamos tratando de estimular un apetito por el cine internacional en Estados Unidos a través del festival.
¿Qué es lo más gratificante de su trabajo?
Lo más bonito es el momento del descubrimiento y la manera en que esos momentos personales pueden influir en olas de descubrimiento para las audiencias. Por ejemplo, estoy sentada en mi cuarto de proyección en casa, viendo un estreno y de repente veo algo extraordinario. Inmediatamente lo comparto con mis compañeros de programación y si logra entrar al festival, lo compartimos con el público. Después, de ahí, la película será distribuida a una audiencia más amplia. Ha sido muy gratificante observar lo que pasó este año con Winter´s Bone (nominada al Oscar como mejor película) y con cuatro de nuestras premiers en el festival que fueron también nominados al Oscar como mejor documental (Gas Land, Wasteland, Restrepo y Exit through the gift shop).
¿Cómo escoge los trabajos, cuál es el criterio principal?
Nuestra filosofía es tomar cada película en sus propios términos. El trabajo es determinar lo que una película en particular está tratando de lograr y luego evaluar si llegaron a ello, de nuevo, en sus propios términos. En otras palabras, no tenemos expectativas o requisitos, no estamos buscando chulear una lista. Cada producción es un caso único. Al final, intentamos crear un programa que refleje el rango de trabajos, de historias y de estilos que están en el paisaje. Estamos en una posición de mucha suerte porque tenemos demasiadas buenas películas de donde escoger. Al final de nuestro exhaustivo proceso de programación (alrededor de 4.000 películas para sólo 120 cupos) siempre tenemos que tomar decisiones muy difíciles.
¿Cuál es la característica principal de Sundance y qué lo hace diferenciarse de los demás?
Es un festival de descubrimientos. A diferencia de Cannes o de Toronto, donde casi toda la oferta proviene de maestros conocidos del cine, nuestro festival está comprometido con películas que ni la crítica y menos el público conocen. Otra característica divertida es que es un festival casual en el sentido que nadie lleva trajes largos y no hay una alfombra roja, entonces nunca sabes quién está sentado a tu lado, puede ser la mamá de algún director o una famosa actriz. El efecto es como el de una comunidad eufórica que germina en los teatros, en los transportes gratuitos alrededor del pueblo y más allá.
En tiempos donde el cine es más visto como un producto, ¿cómo ve la industria del cine independiente?
En muchos países europeos y en Canadá, los subsidios del gobierno financian y apoyan la industria del cine nacional. Pero en los Estados Unidos, eso no existe, así que los productores levantan sus recursos de inversiones que probablemente les toque pagar de vuelta. Por lo tanto, hay una tensión saludable en el movimiento independiente entre arte y comercio en los Estado Unidos. El reto de los cineastas americanos es mantenerse fiel a sus visiones, crear un trabajo auténtico, excelente y fresco. El reto para el mercado, para los distribuidores y para el público es estar abiertos, apoyar nuevas voces y la innovación en la manera de contar.