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Cervantes apareció a medias

Los huesos encontrados en la cripta del convento de Las Trinitarias están en mal estado y es probable que ninguna prueba de ADN sea ejecutada.

Restos óseos de los nichos y sepulturas hallados en la iglesia de las Trinitarias. Entre ellos estarían los restos de Miguel de Cervantes. / EFE
Restos óseos de los nichos y sepulturas hallados en la iglesia de las Trinitarias. Entre ellos estarían los restos de Miguel de Cervantes. / EFE
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Numerosos medios de comunicación anunciaron ayer que los restos óseos del escritor Miguel de Cervantes Saavedra, que un equipo forense ha buscado durante un año en el convento de Las Trinitarias (Madrid), habían sido encontrados. La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, dijo que este descubrimiento era un gran aporte histórico. Sin embargo, habría que hacer varias precisiones, sobre todo una: no existe tal descubrimiento y los restos no fueron encontrados.

Según Francisco Etxeberría, el forense que lidera la búsqueda, los investigadores han encontrado una fosa en la cripta del convento con restos de 17 personas. De acuerdo con los registros del convento, Cervantes fue trasladado en algún momento a esa cripta. El equipo forense confía en que allí, entre esos restos, esté Cervantes, pero carecen de una prueba definitiva sobre su existencia, porque los huesos están en mal estado y una prueba de ADN, casi 400 años después de la muerte del escritor, resultaría prácticamente inútil. En esta ocasión, los científicos y la sociedad española (que a través del Ayuntamiento ha invertido 124.000 euros en este trabajo) tendrá que apoyarse en el dictado de una lista que anota que los restos de Cervantes están allí. Es casi un asunto de fe.

En principio, los investigadores confiaron en que ciertos rasgos de la vida de Cervantes serían visibles en sus restos: el escritor había recibido un duro golpe en una de sus manos y dos tiros de arcabuz en el pecho durante la batalla de Lepanto (1571). Todo ello habría dejado una marca, pensaron. Sin embargo, los huesos están “muy fragmentados” y aquello produce una desesperanza en doble sentido: no podrán identificar ningún rasgo en ellos y es posible que de allí no puedan extraer ningún material genético. Si lo pudieran obtener, sólo existe una persona con quien sea posible hacer una comparación genética: una hermana de Cervantes, que también se encuentra en un osario similar al de Cervantes. Para encontrar sus huesos se requeriría un trabajo igual al que han hecho con el escritor de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y Los trabajos de Persiles y Sigimunda. Cervantes no dejó descendencia (no legítima, por lo menos) y su ADN podría ser comparable con el de los descendientes de su hermano Rodrigo. Cuatro centenas de años después, es bien probable que no existan coincidencias genéticas, explicaron hace algunos meses los investigadores.

“No hemos podido resolver con certeza absoluta, por eso somos prudentes. Estamos convencidos de que tenemos algo”, dijo Etxebarria. Ese algo es la certeza de que entre los restos de aquellas 17 personas (inhumadas entre 1612 y 1630, correspondientes a cinco niños, diez adultos y dos sin identificar) podría estar Cervantes. Aún así, ninguno de los investigadores podría levantarse y decir: “Este es un hueso de Cervantes”. La evidencia científica, en este caso, se rinde ante la evidencia histórica. El plomo y las tachuelas que buscaban hace meses, la manta de las Trinitarias que cubría el cuerpo de Cervantes, cierto “rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada” —como se describió Cervantes en el prólogo de Novelas ejemplares— no determinaron su existencia entre el inventario óseo del subsuelo.

La expectativa de este encuentro, entonces, se reduce: los investigadores no pudieron constatar la identidad de Cervantes. Fue un riesgo que tuvieron en cuenta desde el principio. A pesar de que en el último año realizaron exploraciones con georradar y revisaron palmo a palmo la cripta del convento, quedaron casi en el mismo punto que hace un año: con una comprobación, en papel, de la existencia de los restos óseos del escritor. Los forenses no anunciaron la apertura de una tercera fase de exploración, que revise en detalle los restos óseos. Es posible, en realidad, que Cervantes no aparezca nunca.

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