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Este lugar emblemático en la tradicional ‘Noche cubana’, como una de sus reconocidas creaciones, no tenía la convocatoria turística de otros escenarios en el centro histórico de la capital isleña, ni servía como espacio habilitado para el intercambio de divisas.
Allí, además de una gastronomía bien cuidada, los visitantes llegaban siguiendo el rastro de la tertulia y persiguiendo la capacidad interpretativa de este personaje en cuya guitarra se edificaron las principales notas del movimiento del filin, un lazo sonoro y vivencial entre el bolero clásico de la mayor de las Antillas y la corriente denominada Nueva Trova Cubana.
‘El Gato Tuerto’ fue la tarima más visitada por Portillo de la Luz. Sobre sus tablas perfeccionó algunas de sus canciones más importantes, que surgieron bajo el cubrimiento discreto de las cuerdas, al mejor estilo del trovador. Después, y sin necesitarlo en realidad, se complementaron con ayudas rítmicas y percutivas. El público visitante fue testigo de primera mano del nacimiento de las composiciones de este autor, que siempre se empeñó en reflejar el romanticismo visto desde las condiciones sociales de los países tercermundistas. Sus presentaciones en el club nocturno habanero eran el termómetro perfecto para que él supiera que su tema estaba listo para ser lanzado al aire y de inmediato ingresar al inagotable banco del dominio colectivo.
La época de mayor productividad sonora para César Portillo de la Luz fue el período comprendido entre 1940 y 1960. Durante ese tiempo se dedicó a componerle a su tierra, a sus mujeres, y sus creaciones se unieron a las propuestas musicales elaboradas por personajes como Rosendo Ruiz, Ángel Díaz, Frank Domínguez, José Antonio Méndez y Elena Burke. Con la ayuda de todos ellos, el bolero Latinoamericano adquirió un componente cubano inconfundible y ya con ese ingrediente recibió el nombre de filin, una corriente igualmente romántica que centraba su potencial en la fuerza interpretativa. Del filin se desprendieron muchas de las iniciativas líricas de la isla después de la revolución, en 1959.
Portillo de la Luz colaboró en la internacionalización de la música cubana. Voces como las de Nat King Cole, Plácido Domingo, Pedro Infante, Pedro Vargas, Caetano Veloso, Luis Miguel y María Bethania se encargaron de reproducir en el mundo sus vivencias. ‘Tú mi delirio’, ‘Realidad y fantasía’ y ‘Canción de un festival’ fueron algunas de las canciones más reconocidas de este trovador, que nació el 31 de octubre de 1922 y murió el 4 de mayo de 2013. Hoy, y recordando una de sus piezas, se puede decir: ‘Cesar Portillo de la Luz, estamos ‘Contigo en la distancia’.