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El fenómeno zombi se esparce como un virus. Aunque no piensan ni hablan, estas encarnaciones del horror reúnen cada vez más adeptos alrededor del cine, las novelas gráficas y los video juegos. Pero es la industria cinematográfica la que los ha posicionado como una de las variantes más prolíficas y recurrentes en el género de terror.
Como los fantasmas, los vampiros y los hombres lobo, estas criaturas encuentran su origen en el folclor y en las tradiciones orales que pueblan el imaginario de culturas alrededor del mundo. Traídas desde África hasta Haití con la trata de esclavos, las prácticas del vudú proclamaban el poder mágico para resucitar a los muertos y doblegar su voluntad. Si bien entre los haitianos todavía se cree que el Bokor —sacerdote vudú— puede transgredir los ciclos de la naturaleza y amansar esclavos para las plantaciones, para la ciencia o para estudios como los realizados por el antropólogo estadounidense Wade Davis, un zombi no es otra cosa que un ser vivo narcotizado con una poderosa neurotoxina.
El envenenamiento, la pérdida del conocimiento, la esclavitud y el retorno de la tumba prepararon el camino para la aparición del zombie en la gran pantalla a mediados de la década de los 30. Películas como White zombie (1932) y Revolt of the zombies (1936) plasmaron estas figuras de hechiceros y doblegados. Sin embargo, cuando George A. Romero estrenó La noche de los muertos vivientes (1968), sepultó al zombi hipnotizado para dar vida al monstruo brutal y sangriento que conocemos hoy en día.
Pero para el creador del zombi moderno no todo es “sangre por la sangre”, como dice Rodrigo Duarte, director del Zinema Zombi Fest, pues “el zombi también puede ser un reflejo de nuestros propios temores y peores pesadillas y podrían estarnos hablando de cómo terminamos enfrentándonos a nosotros mismos”, afirma. Por eso en la película Toque de queda del puertorriqueño Ray Figueroa, escogida para abrir el festival, la violencia contagiosa termina siendo una metáfora grotesca del conflicto que viven distintos países de Latinoamérica.
El festival no sólo pretende hacer visible el trabajo de los realizadores latinoamericanos que apuestan por el cine fantástico, de terror y de subgéneros, sino convertirse en una ventana para que el talento joven sociabilice sus producciones. “Ha habido un resurgimiento en Colombia por este género, casi inexistente hace unos años, y es evidente que hay sangre joven con ganas de vincularse a esta clase de eventos para mostrar su trabajo”, dice el director.
Con una cuidadosa gestión de curaduría, el festival estará proyectando hasta el 25 de noviembre, en la Cinemateca Distrital y en el Teatro México de la Universidad Central, las 17 películas seleccionadas para aterrorizar y entretener al público capitalino. Para los estudiosos que quieran reflexionar sobre el fenómeno zombi, se programaron cuatro conferencias: “Cine bizarro latinoamericano”, con el argentino Diego Curubeto; “Del cine pánico en general al cine pánico en particular”, con el mexicano Ulises Guzmán: “Viaje al fantástico mundo de los posters”, con el colombiano Pablo Marín Ángel, y “El gótico tropical”, con Pedro Adrián Zuluaga, también colombiano.
Para cerrar muertos del susto, la exitosa película colombiana El páramo será la encargada de finalizar el Zinema Zombi Fest. Según Duarte, este filme “es un producto nacional que está bien hecho y su éxito comercial habla muy bien de las expectativas de un público que, con arduo trabajo, hasta ahora se conforma alrededor de las películas que manejan dosis de terror”.
Cinemateca Distrital.Carrera 7ª Nº 22-79.
Auditorio Fundadores Universidad Central. Calle 22 Nº 5-91.
Mayores informes de programación: www.zinemazombies.com.