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Ciro Guerra, cineasta del año

El éxito nacional e internacional de “El abrazo de la serpiente”, viene a ratificar a este joven como uno de los directores de referencia del cine colombiano.

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Últimamente le ha ido tan mal con el público al cine colombiano, que una taquilla de cien mil espectadores, lograda por la película El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra, puede considerarse un éxito. Pero no es por ese motivo apenas –que incluso sería el menor entre varios–, que a este autor lo ha exaltado El Espectador a la condición de cineasta del año.

Ciro Guerra es un joven que no había terminado todavía su carrera de cine en la Universidad Nacional, cuando ya tenía su ópera prima, La sombra del caminante, disputándole notoriedad a las de sus colegas cineastas de cualquier generación. Y hasta se les pasó de largo en premios. No importa que no sea una película de consenso –pues a algunos no los entusiasma–, pero todos la respetan. En parte, porque él maneja una gravedad que sugiere rigor.

A Ciro la fama lo quiere, y él desde entonces –yo no lo conocía de antes–, la maneja como una costumbre con la que no se excede con populismos ni lo obliga a simular sencillez para la tribuna. Yo no diría que es gruñón, pero ofrece cierto mutismo de esfinge, una especie de mala cara permanente, con las que puede perfectamente alegar que eso no es más que timidez.

Además de que desde que era un veinteañero ya se comportaba como si fuera muy adulto, muy Ciro, muy él. A estas alturas ya puedo agregar que la simpatía no es su fuerte y la extroversión mucho menos, lo que contraría los estereotipos que la mayoría tiene acerca de los vallenatos, sus paisanos. De hecho no he consultado, deliberadamente, el mapa, por si acaso su municipio de origen, Río de Oro, no queda en una geografía muy arisca y apartada del departamento del Cesar, en la que tal vez las parrandas no sean excesivas y se pueda forjar un temperamento tan contenido.

Después de La sombra del caminante, Ciro salió para la segunda, y con esta demostró que había sobrevivido a su primer triunfo. Para Los viajes del viento supongo que tuvo que adquirir repisas para que le cupieran tantos galardones. Esta película nos mostró una Guajira melancólica, un acordeonero seco, como si el autor se empeñara en demoler el prejuicio de que por allá todo el mundo se pasa de contento. Se recrean leyendas muy caras a la cultura de ese norte guajiro, desde un ángulo en el que la etnografía y la ficción se aparean de forma convincente.

El multilingüismo regional obtiene un tratamiento revelador que habrá de convertirse en un punto de interés al que acudirá el director, perfeccionando su observación, en su posterior película, la que le valió la distinción en Cannes en la Quincena de Realizadores. Pero antes de pasar a esta, me siento obligado a destacar de Los viajes del viento su visualidad, su luz, sus grandes extensiones paisajísticas que fueron, sin duda, las que le valieron el fervor del público. La gente llenaba las salas para sollarse con esa monumentalidad desconocida y descubrir que era nacional.

Y bueno, ahora llegamos a El abrazo de la serpiente. Vuelve y juega el paisaje, esta vez amazónico, sólo que ahora magnificado por el blanco y negro y la noble y ya antigua textura de lo cinematográfico. Nada de High Definition. El abrazo… se ocupa, de manera políglota, y por supuesto con subtítulos en lengua blanca, de contar la saga de las caucherías y de la coca desde la oralidad inédita de las comunidades originales.

Habla que los colombianos desconocían palabras llenas de kaes: yakruna, karimpukalema, karamakate, aurakaruna, y unos espectadores que escasamente habían oído hablar de maloka. Algo que provocó esta película, fue un debate en el que terciaron los antropólogos, algunos para descalificarla y otros para celebrarla. Un logro, si se tiene en cuenta que el cine nacional ya no provocaba el arrebato de nadie. No sólo por eso, desde luego, es que Ciro Guerra ha merecido ser el cineasta del año en este país.

Quedaría incompleta esta semblanza, si no se destacara el papel que en la trayectoria de este director y en la historia de estas tres películas, ha cumplido su productora, también una egresada de la carrera de cine de la U.N., Cristina Gallego.

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