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Hay personas que primero conoces y luego descubres. Eso fue lo que me ocurrió con Ara Malikian.
Hace algunos años él vino a Bogotá a dar dos conciertos como solista y unos amigos comunes nos presentaron. No pude dejar de sorprenderme con la detallada descripción de su trayectoria en el programa de mano, la cual dejaba en claro que ese hombre de coletita de caballo, que se veía tan apocado, parecía ser uno de los más brillantes y expresivos violinistas contemporáneos.
Sin embargo, cuando empezó a tocar con el violín agarrado al mentón y la mano empuñando el arco, su fuerza interpretativa y el ímpetu de su música hicieron que este retrato se quedara corto, cual mera enumeración retórica, para plasmar una vida dedicada a un instrumento. Acompañado tan sólo de un pianista, Ara Malikian consiguió que las más de 400 personas que estábamos allí esa noche nos emocionáramos hasta las entrañas durante el concierto.
En un viaje que hice el año pasado a Madrid, me reuní con Ara y durante algunas horas hablamos de su vida como violinista. Este diálogo se fue quedando guardado en un cajón hasta hoy, que ha logrado salir de su escondite por la mejor de las motivaciones: está en Bogotá para formar parte de La razón de las Ofelias, nuevo montaje de la compañía de danza L’Explose, de la cual soy dramaturga.
¿Cómo empezó su relación con el violín?
Mi padre era un violinista que no vivía del violín. Adoraba la música clásica y el sonido de este instrumento, pero en el Líbano era imposible sobrevivir de la música. Esta callada frustración lo llevó a obsesionarse con todo lo relativo al violín; hablaba y pensaba en él y hasta coleccionaba distintos modelos en casa. Desde muy niño tuve un violín para jugar.
¿Qué papel desempeñó para usted la música en los refugios antiaéreos?
Pasábamos muchas horas ahí abajo. Era una situación dramática, pues estábamos encerrados escondiéndonos de las bombas, pero en el refugio la vida continuaba su curso. El nuestro era un edificio enorme, donde residían unas quinientas personas, y tenía un refugio igualmente grande. Recuerdo que, durante las horas de encierro, alguien sacaba una guitarra, otro un tambor y así armábamos fiestas en medio de la tragedia. Tocábamos para pasar el tiempo y la música nos hacía olvidar lo que ocurría afuera.
¿De qué forma salió del Líbano para estudiar música?
La razón por la que salí del Líbano no fue sólo para ser violinista, fue para poder hacer algo en la vida. Cualquier persona que tenía la posibilidad de salir lo hacía, porque la guerra había detenido todo y borrado la noción de futuro. Los colegios duraban cerrados semanas enteras. Para ser y hacer algo, era necesario salir.
Después de vivir en Alemania e Inglaterra se radicó en España, ¿cuántos idiomas le ha dejado este recorrido?
Todos los he asimilado por necesidad, así que hablo varios, pero mal. El francés y el árabe los aprendí en el Líbano, a su vez una colonia francesa y un país árabe. El armenio me lo enseñaron mis padres, pues era su idioma natal. Luego la vida me exigió aprender alemán, inglés y español, así que cada lengua ha tenido una razón.
¿En qué momento empieza a tocar música clásica?
Desde que mi padre decidió enseñarme. Aunque él había tocado música popular, árabe y libanesa para intentar ganarse la vida con el violín, no le gustaba que yo tocara esa música. Quería que aprendiera sólo piezas clásicas y en ese sentido era muy académico. A mí siempre me ha gustado la música popular y he encontrado muchas afinidades con el folclor de varios pueblos, por eso me molestaba tanto esa prohibición.
¿Hay campo para la improvisación en una pieza clásica ya estructurada?
Muchísimo. El compositor propone las notas y marca sus indicaciones, pero luego está el alma del intérprete que da sentido a la música descrita en esas notas que son como letras. El músico tiene toda la libertad del mundo para hacer lo que quiera con esa estructura, debe crear su manera de interpretar y no sólo imitar.
Alberto Iglesias le invitó a tocar en la banda sonora de “La mala educación”, “Hable con ella” y “Volver” de Almodóvar. ¿Ha sido distinto tocar para cine?
Distinta, realmente no; pues se trata de interpretar la música y no las escenas. Al ver las películas no me fijo dónde he tocado, pues la música incidental está tan bien hecha que acompaña la situación y altera el estado de ánimo del espectador sin que se dé cuenta. Hay que ser muy bueno para lograr esta presencia latente durante la película y Alberto Iglesias lo es.
¿Qué cambia para usted cuando hay público en vivo?
Todo. No hay nada mejor que ese momento en el que la música reúne y consigue que el público sienta y disfrute con lo que hace el intérprete.
¿Cómo definirías el silencio?
Música.
El estreno de ‘L’Explose’
En esta nueva propuesta, ‘L’Explose’ fusiona distintas disciplinas artísticas –como son la actuación, la danza, el performance y la interpretación musical– en un único lenguaje escénico para hablar de la esquizofrenia.
Bajo la dirección de Tino Fernández y con la dramaturgia de Juliana Reyes, esta compañía logra adentrarse dentro de las distintas facetas de una enfermedad que se hizo familiar para Fernández.
La composición musical y la interpretación están en manos del músico colombiano Camilo Giraldo y del violinista libanés Ara Malikian. La razón de las ofelias se estrena en Bogotá el 24 de septiembre y estará una corta temporada hasta el 27 del mismo mes en el Teatro de Bellas Artes.
Informes: 6444900. Av 68 N° 90-88 Bloq. 4.