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Cuerpos sincronizados

El artista colombiano Alejandro Casazi explora en sus gráficas e instalaciones la idea de la empatía, la cualidad humana de poder entender y compartir los sentimientos del otro.

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Cada vez que dos cuerpos extraños pasan la noche juntos, se genera entre ellos, como por arte de magia —más valdría decir como por arte de un biomecanismo—, una sincronización en las pulsaciones del corazón y en la respiración. Descubrir esto podría ser para muchos no más que un dato curioso y la evidencia que explicaría, por fin, por qué a pesar del apretuje pueden sobrevivir una noche en la misma cama con su pareja. Pero cuando el artista colombiano radicado en California Alejandro Casazi empezó a explorar más hondamente en esas empatías maravillosas que muchas veces subyacen en la razón humana y las formas coherentes como las personas entablan sus relaciones, entonces se dio cuenta de que había encontrado el tema que serviría como hilo conductor para sus próximos trabajos.

Por estos días justamente se exponen en la Galería Sextante los resultados a los que llegó el artista tras indagar en torno al tema de la empatía. “Empatía asumida como una cualidad del ser humano de sentir lo que siente el otro sin la necesidad de estar viviendo lo que ese otro vive, y por otro lado, como esa capacidad de sincronización de los ritmos entre los seres que crea un tejido de igualdad”, explica Casazi, quien en la parte posterior de la sala ha colgado cinco gigantes balones blancos que, según el antojo, se pueden subir o bajar. “Cada una de las esferas inflables tiene un parlante que emite una pulsación que se queda dentro. La onda de sonido no sale, cuando el espectador oye el sonido se acerca y trata de ponerle el oído y para eso obligatoriamente abraza la esfera y apoya el corazón sobre ella. Ahí sucede un biomecanismo. Cuando hay una pulsación más fuerte que la tuya, en este caso la emitida por el parlante, tu pulsación cardíaca se sincroniza con la más fuerte. Así, cinco extraños tendrán por unos minutos el mismo latido del corazón”.

Desvelar esos niveles básicos en los que todos somos iguales lo llevó también a encontrarse con unos estudios anatómicos de la antigüedad que retrataban el corazón y el sistema respiratorio. Casazi se devuelve en el tiempo y trabaja sobre las primeras imágenes que intentaron retratar estos órganos y sistemas basados en estudios hechos en animales y no en humanos —para entonces, diseccionar un cadáver habría sido una herejía—. Desvela así desde sus propias imágenes, hechas con innovadoras técnicas, esas especies de radiografías primarias que diseminaron el interior humano.

La respiración como uno de los ritmos básicos de la existencia reaparece en la exposición, esta vez en un intento de visualización de la exhalación. Cada trazo de los grabados que cuelgan de la pared es una pérdida de aliento del artista, un ejercicio de conciencia del gesto mismo puesto sobre el papel.

Finalmente todos los asistentes a la muestra “Naturaleza empática” saldrán de la exposición con una gráfica en su poder. En sus exploraciones no sólo de la naturaleza humana, sino de la misma naturaleza de la gráfica, el artista propone otra instalación en la que un elemento reflectivo, por efecto de la luz,  produce un reflejo que queda marcado en la retina del espectador. El efecto dura unos segundos en los que todos tienen impregnada en el ojo, en forma de luz, la misma imagen.

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