De nosotros  nadie se ríe

Para el Monito,por todo eso que no se ve, pero está.

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Mis nudillos se hundían entre sus dientes, su rostro ya no lo era más, hacía rato había dejado de golpearlo y ahora tan solo me encontraba chapoteando mi puño en un espeso y lodoso charco de sangre que antes no había parado de reír.
En realidad no sentía tanta rabia, no había sido tan grave lo que me había dicho, de hecho, he de reconocer que hasta algo de gracia me había causado su chiste sobre un grotesco estornudo que se me escapó bajando por las escaleras eléctricas del centro comercial. Eran solo dos extraños que iban delante de mí. Pero cuando escuché la risa de su novia e imaginé la de mi tío sumándose a la de ella al ver cómo se burlaban de mí y en mi cara, el seño se me frunció y mi puño cobró vida propia.
¿Quién iba imaginar que la vieja cargaba un revolver?
Bueno, al menos espero que cuando le cuenten a mi tío en la cárcel que su sobrino murió a manos de una mujer espantada, sepa que por lo menos, nunca se la dejó montar de nadie.

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