Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La mayoría de ellas, comenzando por la ganadora (El ciudadano Kane, de Orson Welles) son de la primera mitad del siglo. Cavell se ocupa del mismo período.
El primer libro que conocí del filósofo norteamericano Stanley Cavell (1926- ) fue Un tono para la filosofía. Me interesó percibir en un filósofo perteneciente a la tradición analítica anglosajona, un interés por lo que él llamaba la “contra-filosofía” de Derrida. No volví a saber de su obra hasta que leí una entrevista donde Cavell contaba que su madre había sido una pianista en la época del cine mudo. De allí viene su interés por el cine. Desde el título puede captarse la preocupación moral de Cavell (“perfeccionismo moral” lo llama él). Quizá llevada al exceso, lo que limita un poco el libro. En todo caso, los itinerarios vitales entre cine y filosofía trazados por Cavell dan cuenta de dos de sus obsesiones permanentes.
La primera se dirige a pensar el lugar de la filosofía en los Estados Unidos, un país sin tradición filosófica y sin referentes culturales de larga duración (en ese plano estudia la obra de Thoreau, Emerson y Whitman). La segunda está consagrada a estudiar el cine como una forma paralela de abordar la filosofía. Es esta la trama del libro: “¿Cómo es posible que un profesor de filosofía llegue a reflexionar sobre el cine hollywoodense?”. Sin embargo, se podría pensar una pregunta mucho más sugestiva que recorre el libro implícitamente: ¿pensar el cine en la modernidad como un medio de democratización? Los seis ensayos que componen el libro no están dirigidos a un público especializado (ni en cine ni en filosofía), pero seguramente después de leerlo usted se interesará por una de las dos o por ambas.
La revista de cine argentina Kilómetro 111, incluye en su último número textos de Cavell, Ranciere y Deleuze. Allí destacamos un lúcido artículo de Silvia Schwarzbock sobre Cavell que recomendamos leer. Schwarzbock resume así el proyecto de Cavell, “… el rol que cumplieron las películas en la cultura norteamericana sería diferente del que cumplieron en otras culturas. El cine habría suplido la ausencia del edificio de la filosofía”.
Yo me pregunto si en nuestro precario medio colombiano, podríamos decir algo, siquiera similar, al respecto.