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El arte de los opuestos

‘Quieren carne de hombre…’ es la más reciente creación de Constanza Aguirre, artista colombiana radicada en París . Es una exposición que desnuda el carácter depredador de la sociedad.

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Residente en París hace ya muchos años, la artista colombiana Constanza Aguirre vuelve a hacer presencia en su tierra natal con Quieren carne de hombre…, la segunda entrega de un proyecto más amplio, cuya primera serie fue Anonymes.

La muestra consta de unos grandes paneles intercalados, unos con siluetas humanas borrosas de color negro que se funden en un fondo rojo. Además hay fotografías periodísticas, tomadas por el reportero francés de L’Humanité Pierre Trovel. En el conjunto que crea toda esta exposición, esas figuras humanas difuminadas parecen multiplicarse y volverse una sola a la vez. Sujeto y masa se confunden y los trazos crean una fuerza que se complementa lienzo tras lienzo. “Acá figura el movimiento del individuo pero a través de un colectivo, lo que se figura es el movimiento. Más aún, este conjunto de obras son en sí un proceso. No se trata de un trabajo ni de un proyecto finito”, desentraña la artista.

Las fotos, que corresponden a distintas revoluciones imposibles de identificar, son la ventana hacia la realidad. Por contraposición, los lienzos, que ocupan la mayor parte de la exhibición, buscan ofrecer un punto de vista nuevo por medio de la pintura: “El cuadro es el reflejo de toda posibilidad, al verlos uno puede imaginarse muchas historias. Es el espacio de todos los posibles”.

Con un ir y venir entre todos los opuestos, entre lo singular y lo plural, entre el individuo y el pueblo, entre la abstracción y la figuración, este conjunto que presenta Constanza Aguirre nos habla de esta sociedad en la que vivimos. “Es esa sociedad depredadora de hombres, que impone, donde las relaciones se dan entre dominadores y dominados. Acá el rojo es, a la vez, de violencia y de vida, de una energía propia de la resistencia”.

Jugar a mezclarse, a entrar a formar parte o a rechazar es el mayor logro de Quieren carne de hombre… Siempre habrá lugar para todo, y, especialmente, para una relación personal con El Espectador.

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