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La búsqueda de riqueza y capacidad de adquisición ilimitada ha sido una constante en nuestra historia desde la llegada de los primeros colonizadores, que cargaban en sus mentes la visión idílica de ríos de oro y toda clase de elementos creados con este material, los cuales podrían llevar de regreso a sus tierras natales para obtener algún provecho.
El Dorado fue uno de los mitos más insignes que marcaron la mística del nuevo mundo, poblada de leyendas y narraciones diversas sobre mundos perdidos y reliquias sagradas que otorgarían, de ser encontradas, beneficios inigualables, tal como ocurría en el caso de la fuente de la juventud, panacea infinita de vida y jovialidad.
Esta fuente infinita de materialidad es también producto de explotación en la búsqueda de El Dorado, que se manifiesta, desde esta perspectiva, en los recursos naturales como parte esencial del anhelo, como un lienzo sobre el que se extienden los trazos de la actividad humana que pone sus ideales antes de cualquier cuidado del entorno natural.
“La explotación de la naturaleza siempre ha terminado en excesos y explotación: la historia del caucho y la Casa Arana, los dramas sobre la minería hoy por hoy y los páramos, la bonanza bananera, la quina en tiempos de (José Celestino) Mutis y la Expedición Botánica, y por supuesto, el narcotráfico y la mata de coca que crece en las faldas de la montaña”, cuenta Mariángela Méndez Prencke, curadora, junto a Bernardo Ortiz, de la exposición ‘El Dorado’, que acoge distintos tipos de representaciones artísticas.
La eterna pesquisa del hombre occidental se superpone al camino que decida tomar en el proceso, pasándole por encima a cualquiera de sus congéneres, espacios y seres vivos en general que encuentre en su camino. Esta es la realidad plasmada en la exhibición, uno de cuyos momentos se refiere exclusivamente a los testigos inhábiles, como lo describen Alberto Baraya y Jonathan Hernández al narrar la historia de los animales de la hacienda Nápoles, donde el sanguinario capo de la droga, Pablo Escobar, mantuvo uno de los zoológicos más diversos del país, provocando luego la orfandad y el nomadismo de los actores sin voz en esta historia.
El paisaje en ‘El Dorado’ no es simplemente una representación contemplativa, el paisaje está alterado e intervenido por el hombre y sus significados, como lo muestra la ’Danza oceánica no retornable’ de Elkin Calderón, donde las botellas se convierten en extensiones del suelo submarino, trastornado hábitat de los peces que nadan entre desechos del hombre. Esta es también la lógica de ’Mapa vivo Tolima’, obra de Lina Espinoza, parte del proyecto ’Zonas vulnerables’, el cual detalla las problemáticas que giran en torno a las comunidades que circundan territorios de explotación minera a cielo abierto, como ocurre en los alrededores de la mina La Colosa, una demostración más de la permanencia del oro como guía de la explotación exacerbada.
“Se trabajó con un grupo de habitantes de la zona con el propósito de contrastar mis percepciones sobre la situación y hacer visibles sus preocupaciones en la región. Se sabía que La Colosa es una de las siete minas más grandes del planeta y siempre ha estado latente la incertidumbre sobre su afectación a la naturaleza. De manera inconsciente existe una relación entre la vitalidad del cuerpo y la manera en la que puede ser afectado por un factor extraño que le cambia el ritmo, como se evidencia en la respiración”, contó Espinoza sobre su obra, que entrelaza el discurso del cuerpo y el entorno como espacios donde se registra la huella de la intervención humana y lo que ésta ocasiona.
Méndez Prencke cuenta que la exposición surgió como “un diálogo con una curadora de México que quería que hiciéramos una exposición sobre el narcotráfico, señalando las semejanzas y diferencias del problema en Colombia y México, pero con Bernardo Ortiz decidimos que no queríamos hablar del tema en esos términos, como si no hubiera pasado más de una década desde que los artistas en Colombia han estado hablando del problema, entonces se nos ocurrió que ‘El Dorado’ era una buena metáfora para hablar de los excesos que se cometen en busca del dinero fácil, de una vida mejor, de encontrar la fortuna en esta vida”.
También en esta selección de obras se encuentra una pieza reconocida en la fílmica colombiana, ‘Agarrando pueblo’, el falso documental que a finales de los setenta le dio al país una imagen clara de la ‘pornomiseria’ que poblaba el documentalismo.
koastska@hotmail.com
@lacostamalvada
La exposición estará abierta, en las instalaciones de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño Calle 10 # 3-16, hasta el 12 de abril entre las 10:00 am y las 6:00 pm.