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El estado geopolítico de la industria de la moda

La industria de la moda desde hace meses se encuentra en medio de una guerra económica y comercial entre occidente y oriente.

05 de agosto de 2022 – 02:44 p. m.

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El mundo vuelve una vez más a presenciar un contexto similar al vivido durante la guerra fría, donde dos bloques hegemónicos presentan una disputa. Esta situación naturalmente afecta cadenas de valor de distintas industrias y genera un dilema para atender las demandas de sus clientes occidentales y la de los clientes de la segunda economía más proliferante del mundo.

Tres situaciones han complicado el comercio global y la cadena de suministro de la industria de la moda, comenzando por la pandemia, la cual complicó las logísticas portuarias y de distribución debido a los distintos toques de queda que se programaron en los diferentes hemisferios. En segunda instancia, está el complicado dilema de las relaciones diplomáticas de Occidente y China, las cuales se han amargado por los abusos de China en la región de Xinjiang. Y en últimas, está la complicada serie de eventos desafortunados que ha desatado la invasión a Ucrania.

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Así mismo, la industria de la moda presenta evidentes falencias en su cadena de producción, además de generar millonarios costos ambientales y sociales. Toda esta serie de eventos mencionados han ilustrado lo frágil que es y las condiciones de precariedad en la que se encuentran millones de trabajadores. China, justamente, es uno de los peones necesarios en la industria, no solo por ser un productor material, sino porque sus ciudadanos son grandes consumidores. El gigante asiático es el mayor exportador de textiles y prendas de vestir a EE.UU. y según Apparel Resources, antes de la pandemia estas exportaciones representaban el 38 por ciento de las importaciones totales.

Por otra parte, Ucrania y Rusia han mostrado ser peones importantes en toda esta cadena de valor, tras las sanciones económicas que occidente impuso a Rusia. Estas sanciones económicas han conllevado a que el transporte de materias primas provenientes de Rusia como gas, petróleo y diamantes sean detenidas, afectando a muchos sectores industriales. Bajo la actual coyuntura, hacer negocios en Rusia se ha convertido en una tarea compleja, firmas pertenecientes a la industria del lujo cancelaron sus operaciones y optaron por dejar de recibir dinero de oligarcas rusos. A comienzos de marzo, por ejemplo, firmas de lujo como Prada, Chanel, Hermès y Moncler cerraron sus tiendas en Rusia, marcas como Nike también se vieron obligadas a abandonar negocios en este país.

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Pero, a pesar de que Rusia consume muchos artículos de lujo referentes a la industria de la moda, sorpresivamente, de acuerdo con Business of Fashion, este no representa mayor significancia comparado con mercados como China o Estados Unidos. Lo cual demuestra que para la industria de la moda, hay más urgencia de mirar hacia China y lo que está ocurriendo tanto a nivel comercial como a nivel político.

Los consumidores son más informados y cuestionantes que generaciones pasadas, y los chinos no son la excepción. La cultura de la cancelación en China tiende a ser más despiadada para las corporaciones occidentales que no saben navegar en este panorama, y los internautas chinos se caracterizan por su fervoroso nacionalismo. Lo cual significa que hoy, más que nunca, las marcas que deseen hacer negocios en China, deberán estar al tanto de la situación política y conectar con las expectativas de los potenciales consumidores.

China actualmente se encuentra en un proyecto de expansión que ha levantado preocupaciones en la comunidad internacional, especialmente por lo que está pasando en la región de Xinjiang, donde China ha invertido exorbitantes sumas de dinero en militarización, seguridad, vigilancia y adoctrinamiento para mantener sumisa a una población que cultural y étnicamente difiere mucho de la China de Beijing. Xinjiang es una zona bastante apetecida por la capital debido a sus recursos naturales y su posición estratégica para la franja y la ruta.

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Aquí, la capital se ha esforzado por mantener las llamas separatistas de Xinjiang apagadas y ha sometido a la población a trabajo forzado vinculado a la cosecha de algodón y manufactura de la fibra. Estos eventos han llevado a occidente a imponer sanciones hacia marcas que se suministren del algodón proveniente de esta región. De hecho, Estados Unidos ya impartió una prohibición las importaciones desde la región de Xinjiang. Lo cual representa un dilema para las marcas que operan tanto en China como en occidente, si no usan el algodón proveniente de Xinjiang, los ciudadanos chinos podrán castigarlas, pero si lo hacen, entonces se verán forzados a enfrentar los cuestionamientos tanto de consumidores como de países occidentales.

Por ejemplo, cuando Nike, H&M y Burberry emitieron comunicados enunciando su postura frente a los atropellos cometidos en Xinjiang y afirmaron que no continuarían abasteciéndose del algodón de esta región, consumidores chinos se pronunciaron para cancelar a estas marcas. Sería tentador para las marcas de moda optar por utilizar algodón de Xinjiang dentro del mercado chino y recurrir a otro algodón para el mercado occidental. No obstante, esta movida resultaría ser contraproducente, especialmente en el actual panorama donde los consumidores exigen rendición de cuentas a las marcas.

Todas estas sanciones comerciales han aumentado la urgencia de que las empresas obtengan visibilidad y trazabilidad sobre sus cadenas de suministro. Muchas regulaciones también están requiriendo a las empresas divulgar detalles sobre los riesgos climáticos, y esto se ha convertido en una consideración cada vez mayor para los inversionistas. Y esto solo es el principio regulatorio que se avecina para la industria, nuevas políticas requerirán más divulgación. Las empresas que manufacturan y venden moda ya no solo tienen que fijarse en temas económicos y sociales, sino que también tienen que empezar a sentar una posición política y por ende crear una estrategia política

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