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El facilitador

Julio Roberto Gómez, gerente de Indeportes Antioquia, fue distinguido como el Mejor Dirigente de 2011 por El Espectador y Telefónica. El hombre detrás del renacer del deporte paisa.

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Alguna gracia debe tener un dirigente cuando lo primero que hacen los deportistas al conquistar una victoria es dedicársela y darle las gracias. Algo hace bien para que los atletas reconozcan que buena parte de su éxito se debe al apoyo de la entidad que dirige y al seguimiento que les ha hecho.

Julio Roberto Gómez, gerente de Indeportes Antioquia, se ha encargado de consolidar a ese departamento como la principal potencia deportiva del país, base de casi todas las selecciones nacionales y modelo administrativo y financiero.

“Su gran virtud”, según la saltadora Caterine Ibargüen, Deportista del Año de El Espectador y Telefónica, es que “es un facilitador del trabajo del atleta. Él se encarga de darnos todas las herramientas para que nosotros nos preocupemos solamente por entrenarnos, competir y descansar”.

Gómez, quien inició su carrera como dirigente en mayo de 1984, cuando se vinculó a la Liga de Atletismo de Antioquia, explica que “en el alto rendimiento cada deportista es un proceso individual. No se puede hacer lo mismo con todos los gimnastas, atletas o boxeadores. Cada uno necesita un trabajo particular, específico”.

Un atleta del montón

Julio Roberto se convirtió en atleta casi que por accidente o “por incumplido”, como dice él. “Mi casa quedaba como a dos kilómetros del colegio y todos los días me dejaba el bus, así que me iba corriendo para evitar el castigo de mis padres, que no me pegaban, pero me quitaban la plata de la mesada”.

Un día se inscribió en una competencia, y la ganó, así que decidió dedicarse al atletismo. Corría las pruebas de 400, 800 y 1.500 metros. “Yo digo que todo buen dirigente fue mal deportista. Era muy gomoso, pero para ser franco era del montón. Tenía buen nivel para torneos nacionales, pero nunca internacionales”.

Esa experiencia de 10 años en las pistas le sirvió más adelante. Cuando tenía 24 años, un dirigente del club La Bolivariana lo invitó a la Liga de Antioquia y desde entonces le ha servido al deporte base. Fue presidente de la Federación Colombiana e integra el comité técnico de la Federación Internacional de Atletismo, IAAF. También ha sido miembro de la junta directiva del Comité Olímpico Colombiano y ha ocupado varios cargos en Indeportes Antioquia y el Inder Medellín.

“Antes había dirigentes de calidad, pero sin la formación y las estructuras que requiere el deporte de hoy. Eran mecenas admirables. Pero hoy es otra cosa. Se necesita saber de gerencia y saber de actividad física. Hay que tener un enorme rigor organizativo para llevar los procesos a buen fin”, señala Gómez, administrador de empresas con especialización en dirección deportiva, quien se ha vuelto experto en reglamentación y preparación para casi todas las disciplinas.

El sueño olímpico

Aunque reconoce que el nivel del deporte colombiano todavía está lejos del de las grandes potencias, elogia el desarrollo que ha tenido en la última década. “Nos llevaban 30 años de diferencia, ahora estamos a ocho, y recortando esa distancia. Eso se mide por marcas y resultados”.

Para él, al menos cinco deportistas criollos tienen buenas opciones de ser medallistas en Londres 2012. “Los ciclistas Edwin Ávila, Mariana Pajón y Juan Esteban Arango, los atletas Caterine Ibargüen y Luis Fernando López, el nadador Ómar Pinzón y los pesistas. Más que nunca hay posibilidades de subir al podio”, señala sin dudar, porque a muchos de ellos los conoce mejor que a sus propios hijos. “Tengo dos, Ricardo y Miguel, pero mi familia es mucho más grande, porque uno tiene relaciones muy cercanas con los muchachos”.

Le brillan los ojos cuando habla de Ximena Restrepo, a quien acompañó en las buenas y en las malas. Estuvo con ella en Barcelona 1992, cuando se colgó la medalla de bronce en los 400 metros, pero también un año después, cuando una lesión la sacó de la final del Mundial de Stuttgart, del que era la favorita.

Admira el talento del saltador Gílmar Mayo, pero lamenta que no haya conseguido mayores logros. Pronostica decenas de títulos para Mariana Pajón y Juan Esteban Arango, a quien considera el mejor pistero del mundo, “porque uno llega a conocerlos muy bien, sabe sus angustias e inseguridades, interpreta sus ambiciones y fortalezas. Entre más confianza, mayor facilidad para ayudarlos”.

Como funcionario y directivo también ha aprendido a ser político, pues aunque tiene vocación de servicio, aprendió que “hay que estar en donde se toman las decisiones, para que el esfuerzo dé mejores frutos”.

Por eso no oculta su objetivo de llegar a dirigir el deporte de Colombia, “cuando toque, sin hacerle el cajón a nadie. Me he formado para eso y tengo herramientas para hacerlo bien. Hay paciencia y edad para esperarlo”.

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De hecho, aunque trabaja por el deporte antioqueño y lo quiere ver siempre primero, afirma que “me gusta la competencia y quiero ser grande entre los grandes, así que estamos buscando el desarrollo de otros departamentos, para que el nivel de todos mejore, como se ha visto en algunas disciplinas. Creo en el liderazgo regional, pero solo no sirve”.

Julio Roberto habla poco de su vida privada. Tal vez porque vive en función del deporte. “Leo mucho, siempre llevo un libro en mi morral”. Ya no corre como antes, pero lo hace periódicamente para aplicar lo que predica. “Navego en internet, chateo con los deportistas y comparto con mi familia. Llevo una vida simple, sencilla”.

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Gómez, nacido en Bogotá el 1º de septiembre de 1959, pero más paisa que la arepa y los fríjoles, confiesa que sólo una vez ha llorado en un estadio. “Fue en Guadalajara, cuando Princesa Oliveros ganó el oro en los 400 metros vallas. Fue el premio a sus 20 años de lucha y esfuerzo, el deber ser del deporte”.

Momentos como ése son los que lo reconfortan y motivan para seguir trabajando por el deporte, una actividad que lleva en su sangre, pues su mamá fue atleta y su padre jugaba fútbol. Esta semana El Espectador distinguió a Julio Roberto Gómez como el Mejor Dirigente del Año y con él a decenas de personas que trabajan silenciosamente para que nuestros deportistas sigan dándole alegrías al país.

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