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El Instituto Cervantes cumple 20 años de haber sido creado, de tener como misión fundamental la difusión del español en aquellos países que no son hispanoparlantes. Es un instituto joven si se le compara con las centurias que han cumplido el Instituto Goethe, o el British Council, pero, como asevera su actual directora, Carmen Caffarel, el Cervantes “nació cuando pudo”. En los años de ostracismo que vivió España de manos del dictador Franco, una España encerrada no podía siquiera vislumbrar el chance de expandir su idioma por el mundo. “Fue sólo después, en los años de la transición democrática, cuando en el gobierno de Felipe González se consideró la importancia de crear una institución que se convirtiera en una ventana para que el mundo conociera no sólo el español, sino la vastísimas culturas que se aglomeran en torno a él”, explica Caffarel, quien celebra el aniversario del instituto en un momento en el que el español parece gozar de un particular interés internacional.
Además de las 6.500 actividades que tiene programado en sus 78 centros ubicados en 44 países del mundo, el Instituto recientemente ha entregado un informe sobre el valor económico del español y su cartografía. “Somos el segundo idioma materno en el mundo, el segundo idioma de comunicación internacional después del inglés, el tercero de comunicación en internet y el segundo idioma más estudiado en el planeta. Así como decía Carlos Fuentes, le estamos mostrando al mundo la cultura de un vastísimo territorio de la Mancha con diferentes acentos, pero con raíces comunes”, asegura Caffarel.
El español se propaga
“La lengua siempre fue compañera del imperio”, así lo consignaba sabiamente Antonio de Nebrija, autor de aquella famosa Gramática castellana, en el siglo XV. La lengua, su dominio, su imposición, ha acompañado históricamente a la espada en la conquista de los pueblos; su caída, su desuso, también fue signo de su decadencia. La relación entre la propagación de una lengua y los asuntos políticos y económicos parece haber sido evidenciado ya desde hace siglos y parece ser que las razones por las que hoy en día una lengua se propaga no están muy distantes de esos designios apuntados por Nebrija.
El hecho de que el Cervantes celebre su segunda década en un momento en el que 440 millones de personas hablan español y en el que se calcula que en 20 años esta cifra llegará a un total de 535 millones de personas —el 7,5% de la población mundial— habla, por supuesto, de la gran explosión demográfica de 21 países que aportan a la tasa de natalidad de hablantes nativos del español. Pero habla también de la fuerza de la inmigración latina en Estados Unidos, país que, según se calcula, será en 2040 el primer hispanohablante del mundo, por encima de México. Habla también del interés que se ha despertado en Asia-Pacífico por este idioma una vez que las relaciones comerciales con América Latina se han afianzado, o de un incipiente interés en el África Subsahariana por entender algunos procesos políticos y de paz que ha llevado a algunos estudiosos a aprender la lengua para poder entender el fenómeno latinoamericano más de cerca.
“Nuestros centros en China se han disparado, igual que en Corea, Filipinas, en India, en todos los países emergentes. Esto tiene que ver con las oportunidades que les da el español tanto en el orden individual como en el colectivo a las empresas de mejorar, toda vez que conociendo el español se facilitan y potencian las transacciones comerciales y se aumentan las oportunidades para mejorar el empleo”, explica Caffarel, quien agrega que cerca de 237.000 estudiantes viajaron a España, en 2007, para aprender el idioma.
Con tantos motivos para celebrar, el Instituto Cervantes recordará a lo largo de 2011 los 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges, los 100 años de Ernesto Sábato, entre otras efemérides y actividades para que la inquietud por el español siga creciendo.