
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
No opino, expongo: Los hechos son contundentes, el partido de gobierno es una “cueva de ladrones”: El Ñeñe, Popeye, un policía de apellido Santoyo, una asistente de alta proximidad de alias, apodo o sobrenombre Caya, una senadora fugitiva en Venezuela, un comisionado de paz fugitivo (creo que en Canadá), un ex ministro, exfugitivo, excandidato y expotencial títere, de apellido olvidable ahora preso en la escuela de caballería. Son muchos más, incluido su fundador y líder, que aun no han sido sentenciados por razones inexplicables. Los crímenes cometidos por los miembros de esta razón social (Un partido contiene ideología, y no es este el caso) son letales, han sido contra el erario público, contra la administración de justicia, contra la privacidad, contra la vida, contra la democracia, contra la constitución (Yidis Medina).
Le sugerimos leer: Bobo no (Cuentos de sábado en la tarde)
La gran talanquera que ha evitado que los sindicados del CD paguen por sus crímenes han sido siglas: Durante 20 años el “coco” con el que estos “culebreros de carriel” engatusaron al electorado, a los periodistas y a la opinión pública fue una sigla: FARC. Esas cuatro letras, mal pronunciadas por su líder, como tantas otras, sirvieron para aturdir a la opinión, a la prensa y al electorado. Con esa sigla persuadieron a Colombia de tomarse la amarga sopa de la corrupción y el crimen (asesinatos de estado, llamados falsos positivos), con el espanto de “…si no se toman la sopa de mis abusos… vienen las Far y se los llevan…”. Juan Manuel Santos, un tipo incompleto (como dirían mis viejos: siempre le hace falta un centavo pal peso”) hizo un trabajo admirable y memorable; gracias a su gestión, incompleta, se desarmaron las FARC y en la lucha por sostener al “coco” los pícaros del CD se quisieron colgar de otra sigla, ELN, y en su ayuda les ayuda la divina providencia y les regala el COVID 19. ¡Qué suerte la de estos canallas! Justo en el momento en que aparece otro alias (o sigla?) EL ÑEÑE, que deslegitima la elección de Iván Duque, otra sigla los auxilia, otra sigla que contrae la idea de un enemigo.
Le sugerimos leer: Fútbol en tiempos de guerra
Gracias a esa sigla, Vicky Dávila pudo echar reversa en su agresiva denuncia de compra de votos, que en realidad era una venganza contra su amigo de comunicaciones de la presidencia con el que se sacaron los trapos sucios al sol. El COVID 19 esparce humo denso sobre un virus que no se piensa ir ni con vacuna, ni con agua y jabón, ni con alcohol. En la maraña de las siglas hay una palabra que se hunde sin remedio: COLOMBIA.