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La idea le pareció, por decir lo menos, revolucionaria. En cualquier empresa existen los directores como figuras que guían el desarrollo y cada uno de los proyectos. Pero no así en el caso de la Orquesta Orpheus, cuyos representantes compartieron escenario en una conversación titulada El mito del director.
“Un estudio que comparaba el nivel de insatisfacción laboral detectó que los músicos de orquesta son tan infelices como los guardias carcelarios”, contó Krishna Thiagarajan, director ejecutivo de la orquesta. “Hemos cambiado esa realidad en Orpheus. Cada uno debe ser el jefe en algún momento; es su principio”.
Esa aplicación de la democracia a nivel instrumental es la que ha caracterizado a la orquesta desde su creación en 1974. Cano, aún reticente, expuso el caso de discusiones internas que se alargan y no parecen llegar a una conclusión hasta que el editor general de este diario, Jorge Cardona, suelta su consabida frase: “Demasiada democracia”.
“Es que la demasiada democracia se vuelve caos”, respondió Krishna. A lo que la violinista Laura Frautschi agregó: “Más allá de las discusiones, todos tenemos una responsabilidad con la música”. Fue sólo uno de muchos momentos interesantes que hicieron parte de la primera de las conversaciones de este Festival.