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Fue el nieto, de 19 años, el encargado de encaramarse al podio de la ceremonia de entrega del Premio Cervantes y leer el discurso del abuelo, el poeta chileno Nicanor Parra. Unos días antes le había dicho a su madre: “¿Cómo voy a leer esto?”. El texto dice cosas como “¿se considera acreedor al premio Cervantes? Sí, claro. ¿Por qué? Por un libro que estoy por escribir”.
Nicanor Parra es el tercer escritor chileno en recibir el Cervantes, después de Jorge Edwards (1999) y Gonzalo Rojas (2003), pero es tal vez el primer poeta en ser galardonado por algo conocido como la antipoesía.
¿Qué es eso de la antipoesía? Los versos de Parra lo explican: “¿Qué es la antipoesía? / ¿Un temporal en una taza de té? / ¿Una mancha de nieve en una roca? / ¿Un azafato lleno de excrementos humanos como lo cree el padre Solvatierra? / ¿Un espejo que dice le verdad? / ¿Un bofetón al rostro / del presidente de la Sociedad de Escritores? / (Dios lo tenga en su santo reino) / ¿Una advertencia a los poetas jóvenes? / ¿Un ataúd a chorro? / ¿Un ataúd a fuerza centrífuga? / ¿Un ataúd a gas de parafina? / ¿Una capilla ardiente sin difunto? / Marque con una cruz / la definición que considere correcta”.
Parra es un hombre de respuestas fuertes, uno de esos personajes hechos para sacar entrecomillados: “Desgraciadamente yo no soy un poeta político; no soy un poeta que trabaja con ideas ni con sentimientos. Yo no sé con qué demonios trabajo”. A la pregunta de cuál es su mejor poema respondió en una entrevista: “Aquí hay que contestar con palabras cabalísticas. El mejor poema es el que no se ha escrito y el que no se escribirá jamás”.
Más allá de pasar por provocador, la obra de Parra (hoy de 97 años), es un cuerpo sólido de trabajo que comenzó a edificar en 1938 con un libro titulado “Cancionero sin nombre”: “Ese libraco es lo que se llama ordinariamente un ‘pecado’ de juventud”, opina el poeta.
Más allá de la irreverencia, lo emprendido por el poeta chileno con el antipoema es, en las palabras más simples (la definición más vaga inventada por la crítica y adoptada por los periodistas), una vuelta al lenguaje común. En una entrevista con Mario Benedetti, Parra afirma que esta construcción responde a su deseo de reflejar la vida en palabras y, más aún, centrarse en la palabra vida. Su poesía no intenta llegar a lo solemne partiendo de lo pomposo.
La entrega del Cervantes de este año es una entrega de sustitutos: el nieto, Cristóbal Ugarte, en reemplazo del abuelo quien dice que no voló por la proclividad de los aviones a caerse y, por otra parte, el príncipe de Asturias, quien fue en nombre de su padre, convaleciente de una operación de cadera que le dejó su aventura exterminadora de la fauna local en África.
Durante la ceremonia el príncipe Felipe destacó el trabajo de Parra al decir que “no trata sólo de desconcertar; quiere comprender la realidad y urgir a los demás a que, salvando el abismo que existe entre arte y vida, acompañen su arriesgada cruzada”.
El premio Cervantes, al que la crítica se refiere como el Nobel en español, fue entregado en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, cuna de Miguel de Cervantes. A la ceremonia también asistió el jefe del gobierno español, Mariano Rajoy.