El primer gol olímpico

“El problema con los árbitros es que conocen las reglas, pero no conocen el juego”.

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«El problema con los árbitros es que conocen las reglas, pero no conocen el juego”. William Shankly

Si nos atenemos a la historia de los mundiales de fútbol, advertimos que el primer gol olímpico fue marcado por el argentino Cesáreo Onzari (excelente nombre para un futbolista y más adecuado para quien marcó este extraordinario hito). Se supone, además, que lo hizo el 2 de octubre de 1924, en un partido entre Argentina y Uruguay. Lo curioso del dato es que fue convalidado, a pesar de que el reglamento decía que este tipo de goles estaba prohibido. ¿A quién se le ocurrió prohibir semejante espectáculo poético? ¿Quién determinó que sí valía? Siempre hay una primera vez, siempre existen los acontecimientos y los objetos antes que las palabras que les dan existencia.

Después de pitar el gol, que se llamó olímpico porque se lo hicieron a los dioses, a los olímpicos, queda la pregunta por el azar, las circunstancias, el destino, es decir, quedan más interrogantes que respuestas. No hay orígenes definitivos para lo que ocurre por primera vez, pero produce escozor, asombro, incomodidad y silencio. La primera vez es un renacer a otra dimensión. El único jugador que ha hecho un gol olímpico en un Mundial de Fútbol acaba de fallecer, es colombiano y se llevó este estético privilegio: Marcos Coll. Ese primer gol olímpico en un Mundial fue el 3 de junio de 1962, en un partido contra la Unión Soviética. En el arco estaba Lev Yashin, el mejor arquero del mundo en ese momento. Paradojas de la literatura, de la vida y de la condición humana. Al único arquero al que le han hecho un gol de esta naturaleza en un Mundial. No hay en el fútbol un gol más difícil de convertir porque, para quienes no conocen nada sobre fútbol deben saber que se trata de un gol que se convierte desde el tiro de esquina, es decir, es contra natura porque es una utopía, una complejidad mayúscula, un gol soñado, una jugada de los dioses, por eso es olímpico. Cuando algo acontece por primera vez se convierte en un ritual fundacional, se constituye en un hito que luego es un rito y, por último, una costumbre o una tradición, pero con el gol olímpico en un Mundial, estamos en un acto fundacional, porque a Marcos Coll nadie lo ha imitado, nadie ha avanzado hasta el hito y, por ende, él tiene el bautizo más sublime desde 1962. Una jugada del azar, de lo incomprendido, de lo inigualado, de lo deseado, de lo que tiene nombre, pero no explicación racional. La matemática y la física han quedado en deuda para hacer racional un evento que ha sucedido una sola vez en la historia del fútbol mundial. Lo mejor es que en calles y barrios este gol se repite hasta la saciedad, es un evento cotidiano pero que se canta como si fuera de Mundial.

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