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El punto X de los títeres

Sexo explícito, personajes muy bien dotados y consejos para desenvolverse mejor en las lides horizontales hacen parte de la propuesta ‘Títeres porno’ de la compañía paisa Adentro Producciones.

04 de julio de 2010 – 04:32 p. m.

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Entre nos el sexo es una cuestión de piel, pero entre ellos puede resultar un asunto casi sintético. Manos como mitones recorren voluptuosidades amorfas sin menores contemplaciones. Su desplazamiento, en lugar de aproximarse a la belleza de una caricia, se asemeja al paso arrollador de una aplanadora sobre una superficie rocosa. El caso es de urgente penetración y no de conquista, complicidad y deseo. Y, por fin, la eterna conclusión femenina para poner en entredicho la entrega masculina es acertada: “No tienen sentimientos”. Las más radicales dirían que no los pueden tener porque se trata de los (y no las) títeres y que muy distinto sería sí la representación estuviera protagonizada por las (y no los) marionetas.

Los títeres no tienen corazón, pero en cambio están dotados de tetas, vaginas, penes y culos que los hacen animalmente humanos. Por tratarse de una caricatura de la realidad, la mayor cantidad de tela (espuma, madera, látex) en estos personajes está concentrada en aquellas zonas denominadas nobles. Los actos privados aquí se hacen públicos. Claro… los títeres no tienen escrúpulos. Ya están acostumbrados a sentirse desnudos, a detectar sus protuberancias y hasta perdonar sus infidelidades. Todos, hombres y mujeres, viajan mezclados en una maleta y pocos saben lo que pasa en su interior aunque sospechan que, de vez en cuando, los senos rozan las nalgas, las bocas se pasean sobre las piernas y si los títeres tuvieran ombligo ya se hubieran puesto cita en más de una oportunidad. La maleta es el lugar de orgía, es el ambiente en el que todo se vale y se vale con todos. Con la complicidad de la oscuridad y los beneficios que otorga aquella cremallera que separa la vida de los mortales de la fastuosa lujuria, es mucho lo que los títeres alcanzan a manosearse.

Ya en público, el desorden es más controlado, o por lo menos eso es lo que muestra la iniciativa del colectivo paisa Adentro Producciones, una naciente compañía que, fijándose en los montajes argentinos, tuvo la arriesgada idea de ponerles sexo a los títeres en Colombia. Siempre se piensa en estos monachos como aliados de la diversión para los más pequeños de la casa, sin sacarles partido a las múltiples perversiones que trae la edad adulta. La vida es un juego que comienza con el primer encuentro sexual, porque después nada vuelve a ser igual. Esa es tan sólo la premisa sobre la cual se fundamentan las investigaciones de este grupo, cuyo teatro es un laboratorio en el que los tubos de ensayo son las ideas, y los microscopios, los lentes para observar mejor los comportamientos humanos.

Estos títeres están hechos para mayores de 18 años y sus contenidos son X, lo que se traduce en sexo explícito. No en vano el montaje se llama Títeres porno y está conformado por cuatro o cinco ‘actos’, secuencias o historias a las que los dramaturgos, directores y actores de Adentro Producciones llaman, respetuosamente, ‘cuadros’.

Una de las secuencias recibe el nombre de ‘¡Venga!’. Aquí el protagonista es Manolo, un colombiano que viaja a España por una corta temporada y al regresar al país decide hacerse pasar por español (algo similar a lo que sucede en la película El embajador de la India) en una corrida de toros. Sin embargo, las dos actrices que lo manipulan, lo delatan frente al público. Esa es otra de las facetas novedosas de la propuesta, porque las técnicas de manejo de los personajes están a la vista, no hay telones negros ni efectos especiales que escondan a los actores detrás de los títeres. Todo es al desnudo.

El siguiente cuadro es ‘Cariño me comí al…’. Doña Gloria, una mujer extremadamente curiosa, y Mario, un joven de 25 años con grandes dotes viriles, son los protagonistas de este fragmento, en el que la temperatura sube tanto que los actuantes aseguran disfrutar del orgasmo más genuino de la historia.

Después de esta aproximación al éxtasis, el turno le corresponde a una audaz stripper que seduce a sus clientes con maniobras eróticas y poses inimaginables, incluso, para un productor de una cinta triple X. Brigitte es una experta en menear su vientre, sacudir sus caderas y contorsionarse casi como lo hacía Regan MacNeil (Linda Blair) en la película El exorcista.

Pero aún faltan los actos más calientes. ‘A la hora del té’ es una clase teórica y práctica para aprender cualidades ocultas de los utensilios de cocina. Gladix, una mucama experimentada en las lides horizontales, le enseña a su patrona, la señora Zuzi, algunos trucos para mantener satisfecho a su esposo. Las dos damas se toman tan a pecho la sesión que muestran todo lo que les corre pierna arriba.

El otro cuadro es ‘Manolo fruta prohibida’, un encuentro candente entre el títere mejor dotado del mundo y, a su vez, el más galante de los caballeros, con una de las actrices de la compañía Adentro Producciones. Los títeres, habitualmente manipulados por seres humanos, se desquitan, y aquí son ellos los que recorren las pieles reales. Palabras sucias, gestos de satisfacción y gemidos de altos decibeles marcan la pauta de esta secuencia.

Este colectivo, integrado por Maribell Arango, John Viana, Girlenny Patricia Carvajal, Zulima Ochoa y Carlos Pérez, no quiere que el sexo sea una calentura de momento, y ya está pensando en su siguiente montaje, Títeres sexuados educativos, para niños entre cuatro y once años. Por ahora siguen adelante con esta iniciativa para reflexionar y hablar del sexo de manera explícita, tal como debe ser… por lo menos entre títeres.

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