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¿El Quijote de Picasso?

Ereván, que la Real Academia de la Lengua acepta además como Eriván, pero condena en sus más bellas grafías, inglesa —Yerevan— e hispanizada —Yereván—, fue fundada en el 782 a.C. por el rey Argishti I.

23 de abril de 2012 – 06:26 p. m.

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Más joven que Atenas, más antigua que Roma, la capital de Armenia es además la Capital Mundial del Libro, honorable título que ostentó Bogotá en 2007. El Ministerio de Cultura de Armenia, en su celebración, planeó una larga lista de exposiciones y ediciones binacionales para este año, incluyendo la presentación de la cultura armenia en Ferias Internacionales del Libro —no la de Bogotá, por alguna razón que no comprendemos por estar escrita en armenio—, y la realización de la segunda versión de ArmBookExpo, que terminó ayer con la conmemoración de las muertes de Cervantes y Shakespeare, fecha reconocida como el Día Internacional del Libro (y de los derechos de autor y otras cuestiones poco importantes para la verdadera literatura).

Las muestras que ha llevado Ereván a todo el país y el mundo sobresalen por la presentación de manuscritos muy antiguos. Manuscritos como el Evangelio de Juan, que data del siglo VII de nuestra era y es el libro más antiguo de Europa. Si bien inaccesible para la mayoría de nosotros como libro —está escrito en koiné— y como objeto —se vendió en 14 millones de dólares—, la fascinación de estos manuscritos a veces descansa justamente en el misterio que los aleja de nuestra comprensión.

En la 25 Filbo hay algunos de estos libros antiguos, misteriosos, pero cuentan con la nada despreciable cualidad de ser accesibles al público. El stand 222 del pabellón 1, Librería El Dinosaurio, guarda uno de los ejemplares más llamativos: la primera edición de Les Châtiments, el poemario de matiz contestatario de Víctor Hugo. Acaso porque un libro como éste no podía menos que acarrear una gran historia, Jorge Ramírez, el librero, narra que un actor irlandés radicado en Colombia durante 20 años decidió venderle su biblioteca antes de marcharse en los 90. ¿La razón? Ambos sabían que era la violencia, pero el irlandés se apresuró en desdecirse: “Es por la nostalgia de la cerveza”.

Son otros de los gajes del oficio del librero: las buenas historias. Ramón Caro, librero de Bibliófilos, cuenta emocionado que su carrera se inició de manera difusa en el centro de Bogotá, pero que jamás olvidará el momento en que un hombre se acercó a su librería de textos escolares a preguntar por “el Quijote de Picasso”. ¿El Quijote había sido escrito por un pintor? ¡Imposible! Por eso empezó a investigar hasta descubrir, tener en sus manos la bella edición que ilustró Picasso. Cuatro décadas después, Caro ha tenido en su librería más de 300 ediciones del Quijote. Y un ejemplar que hará sonrojar, acaso de modo también romántico, a los lectores apasionados por estas cosas, por este fetiche que amenaza con desestimar la amenaza digital: a la librería de Caro llegó cualquier día un poemario de Lord Byron… autografiado por Lord Byron.

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