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En La Macarena, ese lugar especial donde confluyen la Orinoquia, los Andes y la Amazonia, Nicolás Paris empezó su proceso de aprendizaje como pedagogo y como el artista que es hoy en día.
Arquitecto recién graduado, el desempleo en la nuca y su negativa a sentarse en una oficina de 8 a 5, lo hicieron postularse para un trabajo de profesor en una escuela rural en el Meta.
Tuvo a cargo un grupo de 16 alumnos con quienes aplicó un modelo de educación llamado Escuela Nueva, que consiste en enseñar a estudiantes de diferentes niveles académicos y edades en un mismo ambiente. Fue ahí donde comprendió que el dibujo era un instrumento de aprendizaje y no una técnica de representación. Esta herramienta, tan sencilla, de papel y lápiz, la convirtió en su caballito de batalla. La utilizó para todas las asignaturas porque al final es un lenguaje común en todas las disciplinas, en todos los oficios del hombre donde la línea recta, la curva, el punto y el círculo son los elementos básicos.
Este viaje a la selva fue revelador. Rechazó el proceso de aprendizaje tradicional en donde las materias se toman por separado y entendió que en el salón de clase como en la vida todo está en constante relación, lejos de los procesos fragmentados. Así, trataba de construir ambientes de diálogo y aprendizaje de manera transversal donde la geografía se fundía con las matemáticas y el español con la historia sin que cada una fuera un rubro aparte. Se alejó de la posición de profesor como alguien que deposita saber y se convirtió en un mediador, un facilitador, alguien que construye conocimiento al lado de sus pupilos, no desde arriba, sino a su lado.
Su proyecto editorial Doble faz, reeditado recientemente por Silueta Ediciones, es una muestra concreta de lo que realizó con sus estudiantes en el municipio de La Macarena. Para explicar conceptos como lejos o cerca, lleno o vacío, caliente o frío, trazó dibujos en una hoja que se puede doblar en las esquinas para que de un lado muestre un estado y del otro el cambio o lo opuesto.
La zona de distensión se terminó y antes de cumplir el año le tocó volver a Bogotá. Sin embargo, siguió trabajando en procesos educativos con escuelas y fundaciones y terminó formulando un modelo educativo piloto en La Macarena, el cual fue aprobado y puesto en marcha. Ese fue el punto de inflexión donde tomó la decisión consciente de ser artista. “Creo que en el arte, y sobre todo en el arte contemporáneo, cabe todo. Todas mis experiencias en los salones de clase, más que dar resultados potenciaban procesos. Encontré en el arte un área en la que podía engranar todos mis intereses. Además, hay algo superbonito del arte y es que uno puede empezar a medio camino”.
Y ahí a medio camino comenzó su proceso artístico que hoy lo lleva a haber sido escogido para la muestra internacional de la Bienal de Venecia, la más antigua y la más grande, que resulta uno de los escenarios del arte más significativos en el mundo. ILLUMInations es el título que cobija a la Bienal, que juega con la palabra iluminación para evocar “naciones iluminadas”. “La Bienal es uno de los más importantes foros para la diseminación e iluminación de los desarrollos actuales del arte internacional”, sentencia la curadora de la muestra, Bice Curiger, y agrega: “ILLUMInations enfatizará la experiencia iluminadora de las epifanías que nacen del entendimiento intelectual. Esta Bienal le hace eco a la época de la Ilustración para ser testigo de su vibrante y permanente legado”.
La Bienal de Venecia es ese espacio que se da cada dos años para mostrar la evolución de los artistas consagrados y el proceso germinante de las nuevas promesas del universo del arte. Un espacio donde las voces de las cuatro esquinas del mundo se encuentran para revisarse, para dialogar y mostrar sus procesos creativos.
Nicolás Paris no lleva un obra concreta, lleva su experiencia que ha replicado en el Museo de Arte de Medellín, donde creó un grupo de estudio con los guias del museo, algo parecido a lo que hizo en la Bienal de Mercosur, en el Salón Nacional de Artistas 2010, en el Musac (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León), donde trabajó en el departamento de educación creando un taller de dibujo. Son al final experiencias formales del arte y experimentales en el campo de la pedagogía. Es un ejercicio personal convertido en un ejercicio colectivo. Eso es lo que presentará en Venecia, un performance, un taller de dibujo con los guias de la Bienal que usa este lenguaje común para construir puentes de comunicación y que utiliza los trazos de la línea como sistema de pensamiento. “La idea es proponer proyectos que vayan construyendo su mismo proceso, que sean caminos de aprendizaje para mí y para la institución con la cual esté trabajando”, aclara Paris.
Según María Iovino, curadora independiente, Paris, sin ninguna obviedad, con planteamientos muy finos, despierta el interés por comprender problemáticas muy básicas y estructurales que han dejado de observarse ante la ventaja que ha tomado la expresión más literal.
Nicolás Paris camina entre el arte y los procesos pedagógicos para crear intersecciones. Y eso fue lo que le llamó la atención a Curiger, ese trabajo que activa el conocimiento y que resulta tan pertinente a la tesis con la que escogió a los 83 artistas: iluminaciones.