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Capítulo I
Conquistando el corazón de siete.
Érase una vez en un pequeño pueblo donde vivían siete hombrecitos en una pequeña casa cerca de una quebrada. Cada uno tenía una estatura de 1.50 y algunos eran guapos y otros no. Sin embargo, cada uno tenía una personalidad diferente. Pepe era uno de los más inteligentes; Harry era el más dormilón; Merlín era el más conquistador con las chicas; Juan era algo torpe; Héctor era el de mal humor; Hansel era el mas tímido y por último Nicolás, el más alegre. Los siete hombrecitos se dedicaban a las labores del campo.
En una tarde soleada, mientras llegaban los hombrecitos a casa, ven llegar un camión a una casa cercana a la de ellos. De ahí se baja una joven muy hermosa y ¡no solo eso! en su rostro juvenil, perfectamente delineado, se alcanzaba a mirar un carácter fuerte y valiente.
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Su nombre era Ela. De cabello corto, brazos y piernas musculosas, su altura más o menos de 1.70 metros, sus ojos como las estrellas, sus labios rojos. Su forma de vestir llamaba mucho la atención. Portaba un vestido que terminaba en una cola de pato, por debajo cubrían sus piernas unos pantalones blancos con rojo. Acinturaba su atuendo un corselete muy ceñido en su abdomen, tenía guantes largos en sus manos y un cinturón de donde colgaban algunos objetos extraños.
Unos días después de estar viviendo en aquel pueblo, Ela salió a recoger frutas de los arbustos del campo y ahí se dio la oportunidad de conocer a los siete hombrecitos vecinos. A cada uno de ellos le latía el corazón al ver la belleza Ela.
Esa mañana, los hombrecitos invitaron a Ela a su casa almorzar, sin darse cuenta ninguno que alguien muy malvado los observaba con odio y maldad. Ese alguien no soportó la imagen de ver a siete hombrecitos babear de amor por la nueva habitante del pueblo.
Capítulo II
Los 7 en peligro
La malvada era Donatella. La mujer se llenaba de rabia con Ela al ver que tenía a sus pies los siete hombrecitos. La endivia le hizo construir un plan para secuestrar a los siete hombrecitos y llevarlos muy lejos del pueblo a las horas de la madrugada donde solo salen brujas malvadas como ella.
A la hora planeada, Donatella ingresó a la casa de los hombres de baja estatura, los durmió y se los llevó muy lejos para que Ela se muriera de tristeza. La bruja quería que la jovencita viera el otro lado de la moneda; ese donde nadie le latía el corazón por ella ni le alagaba su belleza.
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Al día siguiente, Ela se dirigía a la casa de los siete amigos para darles a probar de unos ricos pancakes que ella misma había preparado, pero al tocar la puerta y escuchar su propio tock tock varias veces, ninguno salía.
Ela se fue para la zona del campo para ver si es que sus nuevos vecinos estaban haciendo sus labores recurrentes, sembrando frutas y verduras pero tampoco los halló. A la bella joven le pareció muy raro no tener noticias de siete personas a la vez y también se sintió muy triste al ver que no aparecían los hombrecitos de los cuales ya se había empezado a encariñar.
Al llegar la noche, Ela se la pasó mirando por la ventana hacia la casa de los siete hombrecitos a ver si en cualquier momento aparecían. En las horas de la madrugada, el sueño la venció y solo se escuchaba el viento sobre los árboles y el tick tack de su reloj.
De un momento a otro Ela se despierta sobresaltada y dice ¡Dios mío me he quedado dormida! Salió corriendo de prisa de nuevo a la casa de los hombrecitos, tocó muy fuerte pero tampoco hubo respuesta.
Capítulo III
Rescatando a siete
Mientras los siete hombrecitos sufrían encerrados en manos de la malvada Donatella, la joven Ela prepara una maleta y se encamina en buscarlos en cualquier lugar, porque en el fondo de su corazón sabía que algo no estaba bien.
Horas después de recorrido, Ela llega a un lugar donde se encuentra una pobre anciana que vendía algunos objetos antiguos a cambio de un pedazo de pan. Ela siente compasión por aquella abuelita y elige un espejo antiguo y le deja pan en sus manos.
Al día siguiente, Ela seguía recorriendo caminos para localizar a sus hombrecitos cuando escucha voces de su maleta y era el espejo que le hablaba. Asustada y curiosa, la muchacha se da cuenta que el espejo es mágico y entabla una conversación con el objeto.
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-”Espejito, espejito muéstrame el camino para llegar a los siete hombrecitos”, le dijo la chica muy concentrada y optimista.
Entonces el espejo le mostró un camino para rescatarlos. Al llegar Ela al lugar, encontró un castillo grande que estaba rodeado por lobos y se arriesgó a combatirlos con un gran pico que sacó de su cintura hasta matarlos.
Ela entró al gran castillo y encontró a los siete hombrecitos amarrados como prisioneros.
Pero la malvada Donatella se acercó por detrás de Ela para matarla. Comienza una batalla femenina entre el bien y el mal. La mañavada le da tremendo puñetazo a Ela en el abdomen hasta lanzarla al piso. Con la mano en el vientre, Ela aprovecha para sacar de nuevo el pico con sangre fresca de lobos y se lo entierra justo en el corazón a Donatella.
Adolorida, cansada pero con la fuerza suficiente para poner en libertad a sus pequeños vecinos, Ela los desata y todo quedan en libertad.
– Los extrañé mucho- les dice con la dulzura que nadie espera de una guerrera recién salida de combate.
Después vienen los besos para cada uno. Al besar a Nicolás, el más alegre de todos, Ela siente el beso del verdadero amor. Ahí se da cuenta que por más hombrecitos encantados que existieran, al final su corazón latiría por uno solo.