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Hace algunos años en una clase de historia del arte me pidieron que definiera a Marta Traba en una palabra. Uno de esos clásicos ejercicios cognitivos que hacen los maestros para conectar a tierra los estudiantes que están distraídos o embelesados con otras cosas, menos con los temas de clase. Pero no era mi caso, yo estaba embelesado con su vida. Creo que me demoré mucho, sentí que el tiempo se detuvo, como le sucedía a Ben, el protagonista de Cash Back, película de Sean Ellis. Sólo que quien estaba petrificado era yo, no sólo por las miradas inquisidoras de los compañeros de curso que esperaban un simple adjetivo, sino porque la sola idea de elegir uno que no le hiciera justicia me provocaba un tremendo dolor de cabeza.
El primero fue hermosa… No sólo yo lo creo, los hombres de la época se desvelaban por ella, como su primer esposo, el escritor y periodista Alberto Zalamea, o el escritor uruguayo Ángel Rama, su segundo esposo. También se rumora que tenía a medio centenar de políticos detrás de su sonrisa, hombres de todos los talantes, edades y de las más diversas tendencias políticas.
Otra palabra que podría definirla, pensé, fue moderna. Llevaba su sensualidad con elegancia: un corte de cabello algunas veces muy corto, otras, no tanto, luciendo un corte estilo “Bob”. En la misma época, en el país en que se afincaba el movimiento de liberación femenina, las mujeres podían votar, profesionalizarse, salir de las cocinas y los conventos. Emma Araújo de Vallejo, una de sus mejores amigas, cuenta en el periódico La Hoja de Bogotá: “Cambió la vida de muchas mujeres diciendo: se puede cocinar y ser intelectual, ser independiente y compartir feliz la vida con alguien. Se debe leer y ver”.
En una cafetería de una reconocida universidad de la ciudad, un día escuché a dos profesores pensionados que, entre recuerdos y nostalgias pasadas por un café, rumoraban que Carlos Lleras, cuando era presidente, expulsó a Traba no porque sospechaba que promovía el comunismo, por lo cual la acusaba, sino porque su esposa lo tenía desesperado de tanto celarlo. Esto realmente tan sólo es un chisme de pasillo. Al entrevistar a Emma Araújo de Vallejo, quien fuera su compañera de trabajo en la Universidad Nacional para la época, cuenta la verdadera historia. Mientras que Traba dirigía extensión cultural de la universidad, Araújo dirigía relaciones públicas durante la rectoría de José Félix Patiño, y compartían una pequeña oficina junto a la rectoría. “A Marta se le intentó expulsar del país por unas declaraciones que dio a los medios, en desacuerdo con la entrada de tanques de guerra a la Universidad Nacional, algo que no había sucedido nunca. Estaba trabajando con ella cuando me comentó que la llamaban del DAS, que tenía que presentarse de inmediato, y me dijo que apenas supiera algo me llamaba, y así lo hizo. Tomó el carro y se fue para el DAS, luego recibí la llamada y lo primero que me dijo fue ‘Emma, me expulsan del país, tengo tres días para salir’. Entonces le dije que se fuera para algún lugar distinto a donde vivía, y ella se fue a casa del fotógrafo Carlos Angulo, muy amigo suyo. Mientras tanto yo me comuniqué con el maestro Obregón y el secretario de la universidad, Mario Latorre Rueda, un hombre ya de avanzada edad. Entonces nos reunimos en su casa y conseguimos a un gran abogado, Jorge Enrique Gutiérrez Anzola, el mejor penalista de la época. La única solución que se encontró fue que se casara, ya que no podían expulsar del país a una ciudadana colombiana. Al otro día, se organizó la boda con Alberto Zalamea. Aunque ya llevaban tiempo de no ser pareja, él se prestó para la estrategia porque la apreciaba mucho y siempre fueron muy buenos amigos”.
Otra palabra que se me ocurrió para describir a Traba fue inteligencia. No hace falta mencionar que todas las mujeres lo son, pero la suya era mezcla de perspicacia, espontaneidad y rigurosidad, que le daba su formación en filosofía con su conocimiento de las artes. Pero la proyectaba de una manera afable, y eso nos lleva a otra palabra que podría describirla: segura.
Un gran olfato la llevó a reconocer de manera prematura el talento en artistas de la talla de Alejandro Obregón, Fernando Botero, Luis Caballero, Beatriz Gonzáles, Édgar Negret, Norman Mejía, hasta resaltó el talento y tesón del fotógrafo Hernán Díaz, entre muchos otros artistas que saltaron a la vista del público en el año 64. Cómo no recordar que en El Espectador, en 1969, escribió un artículo titulado Claro que hay jóvenes con talento, en el que resaltaba el papel de Beatriz González en el campo artístico colombiano.
Laboriosa fue otra de las palabras que se me ocurrió para describir a Traba. Escribió cientos de artículos, y participaba activamente en diversas actividades, sin darle lugar al descanso contemplativo. Sus textos aparecieron en las revistas más emblemáticas de la época, como Cromos, Estampa, El Magazín, Lecturas Dominicales, Mito, que dirigía Jorge } Duran, Eco, de Juan Gustavo Cobo Borda, y la Nueva Prensa, cuyo director era Zalamea Costa; en los principales periódicos del país, como El Espectador y El Tiempo, y en sus diversas versiones, que circularon durante la censura de Rojas. Todos estos fueron reunidos en el libro que lleva por nombre Marta Traba, auspiciado por el Museo de Arte Moderno de Bogotá bajo la dirección de Gloria Zea, quien con Traba fundó ésta institución. La selección de los textos y la dirección del libro más completo que sobre la vida de la crítica de arte se tiene la encabezó Emma Araújo de Vallejo, asesorada por un comité en el que se encontraba Myriam Bautista, Beatriz González, Gustavo Zalamea, Marta Calderón, Pilar Moreno de Ángel y Beatriz Salazar.
Cabe recordar el paso de Traba por la televisión, en una época en la cual sólo unos pocos tenían acceso a la misma. Como cuenta Nicolás Gómez en Blanco y Negro (2008), quien hace una extensa e interesante reconstrucción de esta faceta, su aparición en la televisión se inició en el mismo año en que llegó la televisión a Colombia, en 1954. Con su programa ‘La rosa de los vientos’, y con emisiones especializadas en el arte como El museo imaginario, Una visita imaginada y El abc del arte.
El ejercicio de la crítica es muchas veces desagradecido. Sus detractores tildaron a Marta Traba de caprichosa y engreída. Para mí, la palabra que mejor la definiría es fascinante.