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Para su curadora, María Elvira Ardila, el término de Arte Joven no debe ser tomado literalmente en el sentido de la edad sino como un referente de apertura y de prácticas artísticas novedosas, actuales y contemporáneas.
Once artistas, desde recién egresados hasta los que ya tienen una trayectoria, fueron seleccionados para reflexionar entre los conceptos de lo público y lo privado.
“Intersticios es una exposición que nos conduce a una reflexión sobre los límites que en la actualidad se encuentran resquebrajados y agrietados, sobre las relaciones entre lo íntimo y lo público y la posición de una nueva generación de artistas frente a la caída de este umbral. Esa fisura que deja pasar de un lado a otro la privacidad, los actos que hasta hace un tiempo eran considerados íntimos. Intersticios son esos espacios de cruce, de intercambios, de hibridación y de nuevas prácticas culturales.”, explica su curadora.
Mónica Barreneche expresa esta dicotomía desde la fotografía en color y en blanco y negro. “Quise que gente que vive de la imagen pública se desnudara y mostrara la otra cara. La imagen en color es como uno los ve, y la imagen en blanco y negro es la persona desprovista de maquillaje, sin vestido e inseguros”, afirma la fotógrafa.
Otra de las artistas presentes es Mariana Dicker quien siempre ha centrado su creación artística en los performance y en la aprehensión de diferentes roles e identidades ya sea como una investigadora privada, como una novia o como una persona que lee el Tarot. En esta ocasión, hizo una investigación sobre manuales modernos y contemporáneos y decidió apropiarse de una operación que hizo la artista francesa Sophie Calle y llevarla a su propia experiencia. El rol a asumir fue el de la novia, casi como en un ejercicio autobiográfico. “Llamé a alguien que conocía y le pedí que escribiera cómo le gustaría que fuera su novia ideal durante 15 días. La idea fue hacer todo lo que este personaje me pidió hacer como si fuera pareja. Seguí un manual durante esas dos semanas para revelar cómo el lenguaje termina imponiendo una serie de situaciones, de comportamientos, de instrucciones y de parámetros a seguir y evidenciar la perversión que hay en las relaciones de pareja.
Sin duda, el tema curatorial explora un campo de paradojas y cuestionamientos que llevado al espacio puede resultar a veces hermético y a veces inspirador y esclarecedor. Habría que preguntarse sobre la relevancia de cierto tipo de arte que solo cobra valor después de una lectura o explicación o si el arte debería valerse de sí mismo sin que haya mayores discursos y justificaciones.
Reinventando Playboy
Andrés Londoño interviene con acrílico 24 portadas de la revista erótica Playboy que solía coleccionar en tiempos pasados. “Quise obstruir las modelos con unos bodegones a partir de la idea de humedad y poner en evidencia la textura de moho”, asegura Londoño. Esto con el propósito de mostrar el paso del tiempo y al mismo tiempo mostrar la intención de borrar una experiencia de la adolescencia y su relación con el erotismo.
Según el artista, la idea de lo íntimo con lo público se da en la entrega que le hace al espectador de su juventud encapsulada.