Publicidad

Escenario de una polémica

El retiro de una lámpara y el cambio de silletería generaron la controversia.

22 de junio de 2011 – 05:05 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El Teatro Colón, construido a finales del siglo XIX, es considerado el teatro nacional por excelencia. Desde el año 2005, el Ministerio de Cultura, consciente de una serie de deterioros, decide aproximarse al edificio metodológicamente a través de distintas consultorías que permitirán una restauración integral. Sin embargo, durante este proceso algunas de las decisiones tomadas por el Ministerio han sido cuestionadas, tildadas de arbitrarias y poco pensadas.

Hace unos días, en un artículo publicado en la revista Semana, el arquitecto Emilio Sanmiguel se pronunció frente a los cambios realizados en la sala. El retiro de la lámpara instalada en 1948 y el cambio de la silletería, fabricada entre 1889 y 1891, crearon inconformidad, pues para Sanmiguel las decisiones del Ministerio son contradictorias. “Patrimonio se apoya en tres principios: regresar al momento de la inauguración, en el siglo XIX; eliminar materiales que presenten riesgo de incendio y buscar unas condiciones acústicas y de visibilidad óptimas”. Si se quería regresar a la idea original, “¿para qué modificar la luneta, el foso, las proporciones del hall de acceso y el atrio?”. Estas intervenciones, al parecer, contrastan con la yesería, estucos y ornamentos que intentan evocar un tiempo anterior.

Si estos cambios pueden ser vistos como transgresoras, el Ministerio de Cultura afirma que en una obra de restauración integral hay asuntos de conservación, modificación, complementación e incluso temas de obra nueva. La apuesta del Teatro Colón es mantenerse como una sala activa con las condiciones y necesidades del siglo XXI, pero respetando un contexto patrimonial. Daniel Bermúdez, arquitecto director del proyecto Centro Cultural Julio Mario Santo Domingo, considera que el trabajo de restauración en el Colón ha sido acertado. “Como teatro, se demostró que no tenía buen espacio de escenario ni buenas visuales, y que además resultaba incómodo para los espectadores”, afirma el experto. Dado su elevado grado de deterioro, el edificio tenía dos opciones: o se usaba como museo o se transformaba en un teatro útil.

La lámpara

Desde los noventa ya se venía hablando sobre los problemas generados por la lámpara situada en el centro del cielo raso. Con más de 400 kilos de peso, la gran araña no sólo obstaculizaba la visión desde los últimos palcos —el famoso gallinero—, sino que su sobrepeso estaba comprometiendo el fresco del techo. La gigantesca lámpara, que ahora es reemplazada por la original, fue trasladada a la ciudad de Arauca gracias a un proceso de enajenación gratuita que se puso en marcha hace más de un año.

¿Por qué la lámpara original no ha tenido un escandaloso recibimiento? Para Alberto Escovar, historiador y arquitecto, hay algo que se olvida del proceso constructivo del teatro. Cuando se solicitó la presencia del arquitecto italiano Pietro Cantini para que diseñara el Teatro Colón a finales del siglo XIX, no había en Colombia especialistas capaces de levantar semejante obra. En ausencia de arquitectos e ingenieros, Cantini se vio en la obligación de traer escultores, pintores y arquitectos desde Italia, para que capacitaran la mano de obra colombiana. La construcción del Teatro Colón se vuelve entonces una gran escuela para enseñar los oficios vinculados a su decoración.

“El teatro es en sí mismo una obra total, no se puede decir que lo importante es el escenario, las sillas o las lámparas. Cantini hizo una obra completa como básicamente lo hacían los arquitectos del siglo XIX, que entendían tanto la importancia del concepto arquitectónico, como de cada uno de los detalles”, sostiene Escovar. Por consiguiente, la lámpara original está pensada dentro del conjunto y es parte integral del diseño.

Las sillas

Al controversial retiro de la segunda lámpara se le suma el cambio total de la silletería. Aunque Sanmiguel considere que es “más apropiada para una sala de cine que para un teatro neobarroco italiano”, la nueva silletería responde a una serie de necesidades técnicas. La firma alemana Walter Kottke Ingenieure, encargada de hacer la valoración del Colón, asegura que cada año se incendia al menos un teatro por cuestiones de cableado, calor y materiales. El material de las antiguas sillas del Colón no sólo era vulnerable a un posible incendio, sino que afectaba la acústica de la sala por la poca reverberación.

Más allá de las polémicas, la principal certeza por ahora es que la fase de restauración aún no ha concluido. Hace falta la segunda etapa, que tendrá intervenciones en la caja escénica del teatro. Como aseguran desde el Ministerio, “la verdadera apropiación del patrimonio se dará cuando el teatro abra sus puertas al público y éste pueda disfrutar de su programación cultural”.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido