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“Nunca he visto el color y no sé cómo se ve uno porque vengo de un mundo en la escala de grises. Para mí el cielo siempre es gris y la televisión aún está en blanco y negro. Pero desde los 21 años, en lugar de ver el color, puedo escuchar el color”, contaba Neil Harbisson en una charla TED en 2012. El artista británico-irlandés, radicado en España, nació con una condición visual conocida como acromatopsia o monocromatismo, la cual solo le permite percibir los colores blanco, negro, gris y sus tonalidades.
A pesar de vivir con esta condición, que afecta a 1 en 30.000 personas, Harbisson considera que ver en blanco y negro tiene muchas ventajas, “como una mejor visión nocturna, ver distancias más largas, ya que el color no interfiere, y además las fotocopias son más baratas en blanco y negro”, le dijo al portal Design Daba.
Ignorar que los colores existen es un desafío, pues están presentes en todo lo que nos rodea e incluso en marcas de objetos que vemos y consumimos a diario. Harbisson tuvo curiosidad por conocer el mundo del color más allá de la escala de grises. Fue por esto que en 2003 comenzó a desarrollar una herramienta que relaciona el espectro sonoro con el espectro lumínico: la llamó “Escala sonocromática”. De acuerdo con el artista, la teoría del color y el sonido ha sido ampliamente tratada a lo largo de la historia, pero nunca relacionada porque no suena bien. “Hice una escala sonocromática para poder escuchar literalmente los colores, y a partir de este nuevo sentido poder experimentar la realidad a través de las vibraciones del color e ir más allá del espectro visible, porque también incluí infrarrojos y ultravioletas. A través de este nuevo sentido se puede crear arte tradicional como conciertos o pintura. En vez de pintar lo que veo, voy a pintar lo que escucho, y en vez de crear música con un instrumento, puedo crear música con los colores que tengo delante”.
Sin embargo, la escala sonocromática no fue lo único que creó ese año, pues fue en ese momento que desarrolló la que se convertiría en la primera antena ciborg que desde entonces le permite percibir los colores a través de los sonidos de sus frecuencias. La antena funciona como un órgano que expande sus sentidos y que, además, supuso un cambio en su identidad. Este cambio significó para el artista una transformación en su especie, porque utiliza la tecnología como extensión de sus sentidos y la incluye en su identidad. Por esta razón se considera un ciborg. Esta nueva especie la define como “cualquier persona que incluya la tecnología como parte de su identidad. Da igual como sea su cuerpo, da igual si tiene implantes o no porque sentirse ciborg va más allá del cuerpo. Creo que la palabra ‘ciborg’ ya no tiene que ver solo con el cuerpo, sino que va más allá. Es un sentido de identidad en el cual se incluye la tecnología como parte de esta identidad”.
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Esta nueva identidad y la inclusión de su antena como órgano supuso varias dificultades para el británico, que desembocaron en un activismo por el transespecismo y los derechos ciborg. En 2004, luego de convencer a un doctor, que permanece anónimo, para implantar su nuevo órgano sensorial, tuvo que luchar para que en la foto de su pasaporte le permitieran tener la antena, argumentando que no puede retirarla, porque está atada a su cabeza. Los derechos por los que aboga incluyen la capacidad de decidir sobre los sentidos que puede llegar a tener. “El simple hecho de decidir qué sentidos y órganos quieres tener como especie es un derecho que no tenemos, pero defendemos. Es muy difícil poder implantar un nuevo órgano sensorial, porque muchos médicos se niegan a hacerlo. Después el derecho a que estos implantes se consideren órganos, no elementos o aparatos electrónicos, por lo tanto, si alguien daña mi antena no se debería considerar como daño a la propiedad, sino agresión física. También el derecho a quien puede entrar a nuestro cuerpo a través de internet, porque muchos de estos órganos tienen acceso a internet”.
Con los años su antena ha ido evolucionando en un proceso que incluye la percepción de más colores y su propia comodidad. Harbisson describe que, en un principio, la antena estaba implantada a través de clavos, a presión, y solo percibía 25 colores. El primer cambio con el que experimentó fue implantar la antena bajo la piel y actualmente está implantada en el hueso, en su cráneo. Con respecto al nuevo sentido que desarrolló y que tuvo que aprender, el artista cuenta que “empecé percibiendo 25 colores y después, cuando mi cerebro se acostumbró a ellos, fui al doble y ahí aumentando hasta que llegué a 360 y después empecé a ir más allá. Ahí añadí infrarrojos, ultravioletas, y una vez me acostumbré a estos, añadí internet”.
Con los nuevos colores que ahora puede escuchar, los sentidos de Harbisson se expandieron aún más. Aquellas partes del espectro que conocemos, principalmente por temas científicos, hoy son parte del día a día del artista ciborg. Para él “los infrarrojos son frecuencias más bajas, muy graves, profundas, es un color que crea mucha profundidad. Por lo tanto, cuando hay infrarrojo es una sensación muy profunda, y a mí me gusta mucho, es mi preferido. Y el ultravioleta es lo contrario. Es más agudo que el violeta, es una frecuencia muy alta y puede ser bastante desagradable o irritante, y se escucha mucho en el espacio el ultravioleta”.
El mundo a nuestro alrededor ya no supone un límite para ver y el espectro lumínico visible dejó de ser una barrera, y ahora, con su antena, el artista puede escuchar los sonidos del universo. Desde que la internet se volvió parte de su antena y de su cuerpo, Harbisson tiene la capacidad de conectarse con la transmisión en vivo de la Estación Espacial Internacional y así escuchar cómo suena el universo. “Cuando miramos imágenes del espacio lo vemos todo oscuro con algunas luces, pero en realidad está lleno de colores invisibles, y desde 2013 me puedo conectar a la Estación Espacial de la NASA con la transmisión en vivo de las cámaras que tienen en la estación, y como la antena tiene internet me puedo conectar a esta transmisión y puedo percibir estos colores del espacio, que aquí no recibo”.
Pero esto no es lo único que su conexión a internet le ha permitido hacer. A través de la red, su antena puede recibir imágenes y videos que, en el pasado, solo podían ser enviados por una persona que Harbisson eligió. Sin embargo, esto cambió con el mundo de los NFT. A través de estos ideó una obra de arte en la que su percepción del color es el personaje principal. El artista ahora vende, a través de esta tecnología, acceso a su mente. Quien compra lo que el artista define como una obra de arte interactiva obtiene un enlace que le permite enviar colores a la antena de Harbisson en una mezcla de “arte ciborg y arte criptográfico”.
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“Ahora, la persona que compró acceso a mi cabeza es Paul Lombarte. Es un artista y tiene el derecho de mandarme colores cuando quiera, un azul, un rojo, puede mandar varios colores que recibo. Si me manda colores cuando estoy durmiendo, pues me puede despertar o colorear mis sueños o alterarlos. Si me manda un amarillo mientras duermo, quizás aparece un limón en el sueño. Es un arte que depende de la confianza y el respeto, porque me podría molestar mucho”. Los sueños a color es otra de las aristas que ha explorado a través de su antena. Con la posibilidad de recibir imágenes a través de internet, incluso mientras duerme, la percepción del color de Harbisson puede cambiar constantemente. “Cuando duermo, si alguien me envía colores, muchas veces me despierta, pero si no me despierta, cuando me levanto sí me doy cuenta de que he soñado algo raro y miro si me han mandado algún color, entonces a veces cuadra que mi sueño ha sido alterado por el envío de un color. Esto en el fondo es bonito, porque alguien que está muy lejos puede alterar mis sueños mandándome un color, y si lo hace muy deliberadamente, podría hasta construir un sueño”.
Más allá de esto, Neil Harbisson ha desarrollado obras como un concierto de color en 2014 y varios retratos sonoros. Para la muestra musical, que se presentó en el Palau de la Música en 2014, el artista enseñó a un coro y un cuarteto de cuerdas las notas musicales asociadas con cada color, y cuando este iluminaba una porción del escenario, la nota asociada a ese color era tocada. “Ahí se resume claramente qué puede hacer un nuevo sentido, en este caso la orquesta y el coro no estaban leyendo una partitura ni la habían aprendido, sino que ellos aprendieron qué nota corresponde a cada color y la partitura les fue dada a través de los colores en el escenario. Para mí fue muy emocionante, porque fue la primera vez que pude compartir este sentido con mucha gente”.
Por otro lado, los retratos sonoros son precisamente eso, imágenes que se pueden escuchar. Cada cara, cada persona, toca una canción diferente y Harbisson los oye todos y a partir de eso crea un acorde de color. “He hecho caras conocidas, que sabemos cómo son visualmente, pero que al pasarlas a sonido pueden mostrar otra forma”. Entre ellos se encuentran Leonardo DiCaprio, Robert de Niro, el príncipe Carlos, entre otros.
Uno de los colores que se repiten en estas obras es el naranja, que el artista ve en el color de la piel de todas las personas que ha retratado, “la piel es fa sostenido, porque la gente que dice que es blanca no es blanca, en realidad es un naranja muy claro, y la gente que dice que es negra, tampoco es negra, es un naranja muy oscuro. Por lo tanto, no somos ni blancos ni negros, sino que todos somos naranjas y somos de diferentes tipos de naranja”. Así pasa del color al sonido, aunque también puede pasar el sonido a colores, creando pinturas partiendo de voces o canciones.
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Neil Harbisson cree que no habrá un solo futuro, sino muchos coexistiendo. En estos considera que el arte ciborg seguirá desarrollándose para convertirse en algo más biocompatible y seguir creciendo como movimiento social. Para el artista la diversidad primará en estos futuros que imagina, en cuanto a la forma en la que el ser humano se identifica y cómo seguirá evolucionando la especie. Para esto, “la colaboración es esencial. En un futuro puede que exista la carrera que combine estas disciplinas, y haya personas expertas en la creación de nuevos órganos y sentidos”. Harbisson considera que el siguiente paso es educar sobre este tema con una materia en universidades y, más adelante, una carrera dedicada a esto, con la colaboración interdisciplinaria en el centro de todo.
La creación y expansión de sus sentidos continuará siendo el objetivo de Neil Harbisson, quien en este momento está desarrollando un nuevo prototipo de un órgano para sentir físicamente el paso del tiempo. Al principio este dispositivo era una corona, que luego se convirtió en collar, y consistía en un punto de calor que se movía alrededor de la circunferencia durante las 24 horas del día. Sin embargo, entre ensayo y error, este órgano terminó quemando a Harbisson varias veces desde que comenzó a usarlo hace seis años. Habiendo descartado este modelo, ahora trabaja en unas alas que vibrarán cada diez minutos y con las que espera crear ilusiones del tiempo. “El objetivo es ver si podemos crear un órgano sensorial para alterar nuestra percepción del tiempo y para que si quiero que una situación dure más o menos tiempo, con este órgano se puedan alterar ilusiones del tiempo. El tiempo es relativo”.
Para el artista, el arte ciborg “no tiene que ser algo frío y distante, sino que puede ser algo que nos abra nuestra percepción, que nos dé nuevos estímulos, que nos pueda revelar partes de la naturaleza y de la realidad que no podemos percibir. Es literalmente revelador, es un arte que revela. Pues estamos rodeados de elementos que no podemos percibir, pero que esta tecnología nos puede revelar y de golpe podemos percibirla, y esto es un uso poético de la tecnología, te llena el ánima poder percibir elementos naturales que existen y que nunca has podido percibir”.