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La primera película del aplazado sexagésimo Festival Internacional de Cine de Cartagena fue “Esperando a los barbaros”, el quinto largometraje del director colombiano Ciro Guerra. Hace 16 años y en el mismo evento, Guerra ganó el premio a mejor película colombiana por “La sombra del caminante”. “El cine nos pertenece a todos y es para todos”, dijo Guerra aquella vez, como aludiendo a una apropiación del lenguaje audiovisual y asumiendo una mirada global.
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Las siguientes tres películas del director son: “Los viajes del viento”, “El abrazo de la serpiente” (nominada al Oscar) y “Pájaros de verano”, co-dirigida por Cristina Gallego. Ahora el talento de estos dos realizadores le pertenece al cine global, entendiendo este concepto como lo más representativo de la industria del cine, es decir, hecho bajo la metodología hollywoodense. En otras palabras, con la gente que gana los Premios Óscar.
¿Con esta película el cine colombiano pertenece en parte a la industria más importante del cine global? ¿“Esperando a los bárbaros” hace parte del cine colombiano? Un sector de la crítica considera que así la producción sea extranjera (EE. UU. e Italia en este caso), la película le pertenece al lugar de origen del director en la medida en que ese contexto -el del país de origen- haya influido en su mirada.
En “Esperando a los bárbaros” los actores Johnny Deep, Robert Pattinson y Mark Rylance, se lucen como artistas de la interpretación bajo la tutela del libro y el guion de J.M. Coetzee, Premio Nobel de Literatura sudafricano.
En medio de un desierto colonizado del cual no hay datos específicos en el filme, por el idioma se podría decir que se trata de Mongolia. En la película se narra, con bellos paisajes y una potente fotografía, cómo pueden ser de violentas e irracionales las dinámicas de colonización de los imperios en los países ocupados. En este caso, el imperio inglés trata de mantener parte de Mongolia.
El magistrado (Robert Pattinson) mantiene el orden sin violencia, muestra interés en la cultura del lugar, sabe algo del idioma, dice que ya no podría volver a vivir en Londres y trata como humanos a sus conquistados. Este orden de colonización se ve alterado por la llegada del coronel Joll (Johnny Deep) que empieza a socavar información con torturas sobre un supuesto plan de los bárbaros para invadir la ciudad.
La película se divide en cuatro partes: «El verano y el coronel», «La primavera y la niña», «El invierno y el regreso» y «El otoño y el enemigo». El filme fue estrenado fuera de concurso en la selección oficial del Festival de cine de Venecia, en el 2019.
Las gafas del coronel Joll, encargado de confinar a los barbaros hacia las montañas, se asemejan a las que usaba “el silletero”, interpretado por Ignacio Prieto, en “La sobra del caminante”. También las muletas de la niña torturada por las tropas inglesas del coronel, hacen que el espectador pueda recordar a Mañe, personaje interpretado por Cesar Badillo, también en “La sombra del caminante”, película en la que Jaime Osorio trabajó como productor ejecutivo.
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Osorio, director de “Confesión a Laura”, fue una de las personas que más contribuyó a la internacionalización del cine colombiano por su trabajo como productor en “María llena eres de gracia”.
Los lugares donde transcurre “Esperando a los bárbaros” son similares a los de “Pájaros de verano” por el desierto y la arena del norte de Colombia. También por el territorio de la cultura Wayuu donde se desarrolla esta historia sobre la bonanza marimbera y la violencia en el Caribe colombiano.
Más allá de estos guiños en la dirección de arte y en las locaciones, puede uno sentir la mirada del cineasta en la creación de metáforas visuales y dramáticas sobre el emigrante contemporáneo: las ideas de diferenciación del otro, el recrudecimiento de xenofobias, racismos y rechazos que pueden vivirse en algunos países del mundo.
La dirección y el guion de esta película permiten pensar que los verdaderos bárbaros son los ingleses, y hacen reflexionar sobre lo que significan las guerras por los territorios y los campos simbólicos de la violencia colonial. Todas estas ideas están puestas en la pantalla por el director.
Así que, estimado lector: la recomendación es que, después de que la crisis pase y esta película se estrene en las salas del país, vaya y la vea. Piense que no hay películas lentas sino espectadores con afán. Vea también como algunos creadores nacionales, tal vez por primera vez, dirigen, producen y hacen fotografía con actores que han sido nominados al Oscar, no solo por lo que estéticamente esto significa, sino también por las posibilidades de que más creadores de aquí contribuyan con sus miradas en esa globalidad audiovisual.