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El 1° de noviembre, la Alianza Francesa de Bogotá abrió la segunda edición del festival pluridisciplinario Noviembre Digital, que hace la promoción de la cultura digital francesa y colombiana, en todos sus formatos, proponiendo experiencias en múltiples planos, inmersivas o participativas que replantean el recorrido entre la obra y el espectador. En el marco de un evento como el citado, se entiende como “cultura digital” la difusión y promoción de un conjunto de obras y artistas que incluyen en sus procesos de creación el uso de herramientas tecnológicas, bien sea utilizadas como materia, como soporte de lectura o para ofrecer al espectador una experiencia que lo extirpe del plano “real” mediante un dispositivo tecnológico.
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La obra digital depende de un camino de accesos y de una conectividad necesaria para completar su visualización, su lectura. Las tecnologías de la información e internet son intrínsecamente las que definen en primer plano lo que es la cultura digital y con ella lo que somos hoy: seres digitales que interactúan y construyen sus identidades en un clic. Con acceso a internet (lo cual sigue siendo una problemática importante en muchas partes del mundo, bien sea por carencias de equipamiento, por falta de voluntad política o por restricciones que prohíban o limiten el acceso a ciertas redes) se abre un universo de posibles que consumimos, seleccionamos y usamos para construir y destruir, criticar, participar, crear comunidad (comunidades que escogemos o nos escogen) y transitar de una a la otra, rompiendo paradigmas como la validación (de lo bueno, de lo bello) y el control (del pensamiento).
Los conceptos de espacio, de tiempo y del yo cambian. En un mundo digital, inmediato, transcultural, las fronteras se van borrando. ¿Qué límites puede tener algo tan fundamentalmente transversal y masivo? Lo digital replantea lo exclusivo y lo colectivo, lo propio y lo compartido. En este contexto se generan nuevas identidades. Milad Doueihi habla de “gran conversión digital”, como cuando se abraza una nueva religión y aceptamos códigos nuevos como guías a seguir; códigos que cuestionan hasta las referencias más afianzadas en uno: “La escritura, la lectura, la identidad, la propiedad, el territorio y la memoria”, menciona el sociólogo. Hablar de seres digitales ya no es hablar de mañana.
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En este capítulo, el apocalipsis podría ser la desaparición de todo este mundo, en un solo clic.