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Estrellas iluminaron ‘La Arenosa’

Este domingo terminó Barranquijazz. Con invitados internacionales, de la talla de Ahmad Jamal y Omara Portuondo, el Festival demostró estar más vivo que nunca.

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El pasado sábado en la tarde y alrededor de la tarima ubicada en los jardines del Teatro Amira de la Rosa, preparada para los días de Jazz a la Calle, empezaron a llegar jóvenes y personas mayores, mientras algunos niños correteaban. El calor, que había estado inclemente los cuatro días anteriores de Festival, cedió un poco y una nube gris protegió del sol anunciando agua. “Esperemos que Papá Dios nos aguante el agua otro poquito”, dijo Javier, el líder del grupo Ábrete jazz, ganador del concurso entre bandas locales que hace el Festival cada año.

Javier Villa habla suavemente de su canción Robles, que es un hermoso homenaje a su tierra natal, a sus padres y a las sonoridades con las que creció. Luego, toma unas caracolas marinas y entona el siguiente tema. Esta agrupación de músicos, formados en la Facultad de Música de la Universidad del Norte, ha sido una gran revelación para los críticos y el público especializado que ha venido este año a uno de los festivales con más fuerza del circuito del jazz. “Estos muchachos tienen mucho talento. Estoy haciendo con ellos un trabajo largo, tienen una gran historia”, afirma Eliseo Cardona, crítico de música cuyo blog, bluemonksmood.com, es un referente entre los amantes del jazz.

Cardona sabe que no es entusiasmo de Festival, de hecho reconoce que el nivel de este grupo está muy por encima al de grupos de años pasados. Y es que así ha sido la mayor parte del cartel que se presentó este año. Pues si fuera necesario escoger entre la presentación de la leyenda viva, que es el pianista Ahmad Jamal, el jueves en la noche; el caluroso y emotivo espectáculo de la eterna novia Omara Portuondo, el viernes; y del exquisito despliegue de talento y perfección de Joao Bosco, sólo podría dirimir el asunto una cuestión de gustos.

Al final, ese es el espíritu del Barranquijazz, un encuentro para que el público de la ciudad —que está encariñada con su fiesta—, pueda ver distintas expresiones de un género que nació en los Estados Unidos, pero que músicos de todas partes, como los españoles del cuarteto de Jaume Valcorba hacen propio.

El esfuerzo de Barranquijazz por traer a grandes artistas, por maximizar los beneficios para el público —el hecho de que cada noche se presente un programa compartido hace que por el precio de un espectáculo se logre ver a dos agrupaciones de primer nivel— y por generar para la ciudad y para los nuevos músicos espacios significativos que los proyecten hacen que este Festival esté más vivo que nunca. “Al final se trata de lograr que el público nos quiera y necesite tanto que los patrocinadores se preocupen por mantenerlo vivo”, dice Samuel Minsky, director del Festival, a la pregunta de cómo hacer para que un evento en tiempos de crisis no muera. Y bueno, al parecer lo han logrado, pues Barranquilla vivió a ritmo de jazz  cinco días que durarán 360  más  en la mente de todo su público  hasta que venga el encuentro del próximo año.

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