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El escritor mexicano Carlos Monsiváis, una de las voces más recurrentes y ácidas del panorama cultural hispano, se define como un hombre de izquierda porque “no está dispuesto a que esa derecha tan pavorosa que padecemos en América Latina represente en lo más mínimo lo que puede ser su presente y su porvenir”. Monsiváis confiesa que revisa una y otra vez su registro de nacimiento para testificar que efectivamente nació en la tierra del maíz y la serpiente cuando se enfrenta a la sentencia de que el 90% de los mexicanos son cristianos y el 110% son guadalupanos, “¿y yo que no soy ninguno de los dos?”.
Es, además, un intelectual que hace estallar a carcajadas a un auditorio con cáusticos comentarios y que puede confesar en medio de una charla trascendental que con lo que de verdad ha soñado es “con un simposio de los héroes olvidados en donde los ponentes no se acuerden de los nombres de los homenajeados”. Monsiváis estuvo de visita en la Universidad Nacional inaugurando la cátedra Marta Traba y estará este miércoles en una conferencia sobre poetas mexicanos en el Centro Gabriel García Márquez a las 5:30 p.m.
¿En qué se debe convertir la celebración del Bicentenario?
Es la oportunidad para revisar temas y problemas, hazañas y derrotas de la región entera. En lo que no puede convertirse es en una procesión de simposios, de intercambio de medallas, de ediciones conmemorativas y de remodelación de edificios neoclásicos. Habrá más bien que evitar las versiones sanitarias de la historia, habrá que dar cuenta de la profunda desigualdad y de los procesos de secularización, porque si no muy probablemente se habrá perdido la oportunidad de analizar las realidades orgánicas de América Latina o por lo menos de negar su existencia.
¿Cómo les explica a los jóvenes lo que es Latinoamérica?
A mí me gustaría más bien que un estudiante joven me explicara, pero si tuviera que caer en la triste necesidad serían tres guías: la económica fundada en la más atroz desigualdad; la cultura que, pese a todo, se mantiene y que representa un espacio de salud mental, y la tercera sería el determinismo que hace a la autocracia la regidora perpetua de los destinos de la región.
¿Podemos hablar todavía de héroes latinoamericanos?
No es tiempo de héroes, es tiempo de heroísmo colectivo, porque los héroes implican una excepcionalidad en el carácter que ahora no se justifica. Puede haber líderes, pero no héroes.
¿Por qué cree que la cultura popular se ve tan permeada por la cultura ilegal, por ejemplo con los narcocorridos?
Porque siempre ha sido el vehículo de la difusión de las fantasías, de los oprobios, los rencores y las alegrías de las comunidades. El narcocorrido fue un fenómeno de enorme aceptación en México, pero ahora que se incrementó la violencia, esta música ya no tiene la beligerancia del pasado, porque no se puede celebrar el salvajismo de ninguna manera.
¿Por qué aún se ven las guerrillas con algo de idealismo?
Creo que la guerrilla no es para nada una solución, no lo ha sido en las ultimas décadas. Y una entidad como las Farc demuestra que puede ser funesta. Los secuestros de las Farc son una negación de lo que es una izquierda democrática, son para usar un termino del marxismo antiguo, “un asalto a la razón”.
Los secuestros desde el principio debieron haber conllevado el reproche de toda la izquierda mundial, esa tardanza fue dolorosa. Que el año pasado Fidel Castro descubra la existencia de los secuestros y lo repruebe me parece una triste y grave tardanza.
¿Existe un lugar diferente a la política para crear una identidad colectiva latinoamericana?
Es difícil concebir una identidad lejos de la política y la economía, se puede encontrar en la música o en la literatura. García Márquez es una entidad diferente a la política, los poetas son entidades diferentes a la política, la pintura con Rivera, Tamayo, Siqueiros, Orosco, así como Carlos Gardel, la cumbia o el vallenato son vías para la identidad regional.
¿Cuáles son los procesos sociales que conspiran para que México se convierta en un privilegiado corredor para el paso de la droga?
Es obvio, nuestros 3000 kilómetros de frontera. No se necesita demasiada geopolítica para explicar eso. No pasó antes porque la droga no era un elemento tan determinante de la economía de tantos países y porque no era un elemento substancial de la propia economía norteamericana. Los 3.000 kilómetros de frontera, con las dificultades que significan pasarlos, son la vía de acceso de la mayor cantidad de droga que ingresa a los Estados Unidos, según la DEA, es el 80%, es sin duda muy cuantioso.
¿Se cumplen 10 años de la firma del TLC con Estados Unidos, qué balance hace?
El TLC es indispensable para América Latina, pero éste TLC ha sido funesto, no la idea de un tratado de libre comercio, sino la manera en que los intereses financieros y comerciales de Estados Unidos le han impuesto a México sus condiciones y racionamientos, sus intereses. Pensar en un TLC en la igualdad de condiciones posibles sería muy bueno, eso se le ofreció a México, un tratamiento de excepción en el TLC, pero Carlos Salinas no quiso porque dijo que México era un país moderno. El efecto ha sido funesto para la producción agrícola, ha sido funesto para la exportación de materias primas y ha oprimido aún más la economía nacional. El TLC es esencial, pero este no lo fue y ahora con el replanteamiento de los Estados Unidos puede ser peor porque es un replanteamiento impuesto por los intereses de los sindicatos norteamericanos.