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“Entender a Cantinflas es entender lo que ha pasado en México en todo el siglo pasado. Había que ver el entorno en el que se desenvolvía, pues reflejaba la realidad de un país y sus problemas sociales, pero tratados de una manera única y llena de buen humor”, describe Gregorio Luke, exdirector ejecutivo del Muso de Arte Latinoamericano (MOLAA). Cantinflas fue más que un personaje creado por Mario Moreno. Salido del universo del cine mexicano, en su primera era dorada, esa figura del vagabundo tramador se quedó tatuada en la cultura popular. Más que un nombre, como señala el antropólogo Juan Pablo Silva Escobar, Cantinflas se volvió verbo y adjetivo. Las palabras ‘cantinflear’ e incluso ‘cantinfleada’ se añadieron a la jerga mexicana. Incluso la Real Academia Española la admitió dentro de su diccionario en 1992.
Su particular forma de hablar, enredada y disparatada, se convirtió en un emblema. La importancia de Mario Moreno con Cantinflas para México es innegable, y su legado para toda la región no se puede cuestionar. De hecho, se puede decir que su talento fue apreciado a nivel mundial. Después de quedar plasmado en el histórico Paseo de la Fama de Hollywood por su película “La vuelta al Mundo en 80 días”, las ingeniosas y perspicaces pinceladas de humor burlesco de Moreno atravesaron el hemisferio y llegaron al viejo continente. En 1964 el icónico Charles Chaplin le dijo al mexicano que juntos eran los dos más grandes del mundo. “Exageradón, pero cierto”, respondió Moreno en una de sus cantinfleadas. Vea también: Cinco películas para recordar a Cantinflas a los 25 años de su muerte
Cantinflas, el personaje, nació en la década de 1920 en las carpas de circos mexicanas donde el joven Moreno buscó ganarse la vida. Al principio no le fue bien. Su nerviosismo e inexperiencia en escena se tradujo en incoherencias y despistes, que el público terminó aclamando días después. Ya en la década de 1930 el personaje se oficializó. Moreno se inspiró en la apariencia y las expresiones de los habitantes de barrios marginales y pobres para Cantinflas. Y en 1936 fue el gran debut. Cantinflas apareció en la película No te engañes, corazón, de poca repercusión. Fue hasta 1940 cuando le llegó la fama con Ahí está el detalle.
A lo largo de su carrera cinematográfica, Moreno retrató la figura del pueblo. De un sujeto subordinado que con picardía esquiva la condena y sobrevive al abuso del orden social. Haya sido como barrendero, boxeador, fotógrafo o profesor, Cantinflas se nutre de las relaciones sociales de clase de la sociedad mexicana, y por extensión de la latinoamericana que tiene la misma esencia.
Con Colombia, Moreno tuvo una amigable y extensa relación. El actor que concibió a Cantinflas visitó en repetidas ocasiones el territorio nacional, y su imagen, como la de su alter ego, quedaron impregnadas en toda una generación de colombianos que hoy por hoy todavía gozan de sus películas. Aquí fue recibido como una superestrella. Participó de corridas taurinas, fue jurado de un Reinado Nacional de la Belleza en Cartagena y hasta participó de la Caminata de la Solidaridad por Colombia en 1980. Fue tan popular en el país que hasta se corrió el rumor de que había sido secuestrado por Pedro Antonio Marín, alias ‘Tirofijo’, pues el excabecilla de las Farc cuando eran un grupo guerrillero, deseaba conocerlo, y cuenta la misma anécdota que él le pidió perdón por la inusual forma para encontrarse. Nunca se confirmó ese hecho. Lo que sí fue indiscutiblemente real, fue que el aclamado artista paralizó el Festival de Cine de Cartagena (FICCI) en 1985 junto con una joven estrella emergente: Amparo Grisales.
La rosa púrpura del Cairo de Woody Allen fue la gran revelación de la edición del FICCI de 1985.Cantinflas asistió al FICCI como el presidente del jurado calificador de las películas que participaban en el festival, al lado de un panel de conocidos cineastas internacionales y los colombianos Alberto Sierra y Luis Ospina. No lo dejaron descansar. El mexicano, además de cumplir a cabalidad con su tarea principal, fue literalmente manoseado por sus seguidores, que expectantes por detallar de cerca a su ídolo, esperaron horas en las playas de Crespo en la ‘ciudad amurallada’. “Me gusta ver las caras de las personas cuando saben que no las voy a despreciar, ver sus reacciones. Me gusta ver cómo les doy alegría con solo una palabra, con un gesto”, dijo el actor en aquella ocasión.
El cómico mexicano, que para ese momento rodeaba los 73 años, asistió sin resistencia los almuerzos, cenas y reuniones convocados por el prestigioso grupo de intelectuales y miembros de las altas esferas que acudieron al Festival. Cantinflas también visitó los lugares emblemáticos de la ciudad y a cada lugar que iba fue tratado como parte de la realeza. Le recomendamos: El rebelde Cantinflas
En cierto sentido, Cantinflas fue parte de la realeza, la realeza de México, un país del que han surgido emblemas de la comedia latina. Al lado de Moreno, en el panteón mexicano, están Roberto Gómez Bolaños, quien creó al popular Chespirito y a los miembros de la vecindad de El Chavo del 8, Manuel Medel, la inspiración de Mario Moreno, y Viruta y Capulina de Gaspar Henaine y Marco Campos. Moreno fue votado por el pueblo para ser el presidente del país, aunque nunca participó de las elecciones. Su funeral duró tres días y tuvo una ceremonia de velación similar a la de un jefe de Estado. Más de 250.000 personas desfilaron ante su ataúd durante 14 horas continuas para despedirlo en abril de 1993.
Pero pese al clamor del pueblo, Cantinflas, como personaje, continúa siendo un trabalenguas, enredado en su misión tanto como en sus palabras. Hay quienes consideran que su personaje era desagradable. Que siempre dibujó a un personaje pícaro y simpaticón que fabrica una imagen en la que se evade una postura crítica sobre la pobreza, y, al contrario, se normaliza. Que sus diálogos fueron usados por los gobiernos de turno, que se institucionalizaron y mandaron mensajes políticos. Que celebró las limitaciones de la clase baja para producir risa. Que finalmente, y tal vez sin desearlo, pasó de ser un oprimido a un opresor. Ahí está el detalle.