Fragmento de diario de campo (cuentos de sábado en la tarde)

Presentamos un texto de la serie «Cuentos de sábado en la tarde», que todos los sábados publica El Espectador.

23 de noviembre de 2019 – 07:22 p. m.
LAUREN ROMAN /Nature- Scientific Reports
LAUREN ROMAN /Nature- Scientific Reports

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Se les conoce como pájaros contemporáneos, peces-del-ahora o bichos actuales. Más genéricamente, también se les llama animales-del-ya. Aunque la denominación varía en función de la fauna y flora de las regiones en que se encuentren, todos los nombres tienen en común el reconocimiento de estos individuos como el momento más actual de una convergencia evolutiva de varias especies. Esto, a pesar de ser una opinión generalizada, no es más que una hipótesis. Los registros fósiles de las especies que existieron en los tiempos anteriores a La Catástrofe son demasiado escasos para una conclusión definitiva al respecto.

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Actualmente, sabemos que los pájaros contemporáneos (o bichos actuales, o peces-del-ahora, o animales-del-ya) pueblan el mundo entero, aunque no tenemos muy claro desde cuándo. Sabemos también que pueden vivir en prácticamente todos los hábitats que conocemos con excepción de las zonas de alta intensidad volcánica. Contamos con registros de animales-del-ya en todos los climas, altitudes y latitudes. Igualmente, y tal y como lo sugiere el nombre “peces-del-ahora”, se ha documentado su presencia en todos los cuerpos de agua conocidos, dulces y salados, desde la superficie hasta las profundidades que somos capaces de explorar hoy en día.

Las investigaciones que hasta ahora hemos realizado no nos dan demasiadas pistas sobre su origen. La mayoría de los estudiosos concuerdan en que se trata de un animal invertebrado, aunque también hay una corriente investigativa que sugiere que se trata de una especie vegetal. Son todas hipótesis. Igualmente, sabemos que los pájaros contemporáneos están hechos de una especie de membrana o película de color y grosor variable, extremadamente flexible. Esta flexibilidad, concluyen todas las investigaciones, es una de las principales causas de su éxito. Nuestros análisis no han logrado hallar una cabeza o centro nervioso en el que pueda encontrarse algo parecido a la conciencia o, cuando menos, al control del cuerpo. Tampoco hemos identificado algún tipo de órgano sensorial, aunque esto no significa que no los haya.

Los peces-del-ahora no poseen un sistema locomotor propio; realizan sus desplazamientos sirviéndose, principalmente, de los movimientos de la atmósfera. Por supuesto, esto es una diferencia abismal entre los animales-del-ya y las demás especies (incluyéndonos), pues les supone un gigantesco ahorro de energía. De hecho, algunos investigadores sostienen que es este ahorro el que les ha permitido tener el éxito reproductivo que sugiere su incalculable población. Sin embargo, esto último (como casi todo) no es más que una hipótesis, pues actualmente desconocemos el funcionamiento de los ciclos reproductivos de la especie (ni siquiera sabemos si se trata de reproducción sexual o asexual, de llegar a haberla).

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Los registros de los que disponemos nos sugieren, por otra parte, la importancia que tienen los pájaros contemporáneos para las comunidades humanas en el mundo. Sabemos de algunas aldeas en las que se intenta predecir el clima (particularmente la inminencia de grandes tormentas) observando el vuelo de los peces-del-ahora. También nos hemos enterado de que en algunas comunidades costeras se estima la duración máxima de una expedición de pesca según la cantidad de animales-del-ya que la marea haya traído sobre las playas, en las noches previas al viaje. Se sabe también de algunas comunidades que celebran rituales de sacrificio en los que piden a los pájaros contemporáneos (a los que veneran como a dioses) que no destruyan sus cosechas.

Esta información nos sugiere que existe (tal vez) una intuición generalizada con respecto a la presencia de los animales-del-ya. Parece ser que su aparición numerosa avisa de la inminencia de algún peligro o riesgo para la comunidad. De ahí que todos los rituales de los que tenemos registro, que se hayan desarrollado entorno a los peces-del-ahora, desemboquen en una cierta cautela o prevención e impongan a las comunidades algún límite.

Por desgracia, no sabemos mucho más sobre estas criaturas misteriosas y omnipresentes. Durante años, ha habido una sospecha generalizada entre los estudiosos de esta especie de que en las ruinas tóxicas podríamos encontrar nuevo conocimiento sobre ella. Por años, equipos de investigadores en todo el mundo hemos rastreado (hasta donde hemos sido capaces) el movimiento de las bandadas (o bancos, o manadas, o enjambres) de peces-del-ahora cerca de las ruinas. Esto, como se sabe, ha costado muchas vidas, pues conocemos demasiado poco de la naturaleza de la toxicidad de las ruinas, a pesar de haber visto de sobra sus nefastos efectos sobre casi todas las formas de vida. Lo que nuestras limitadas observaciones nos sugieren (hasta ahora) es que esas ruinas, de las que siempre parece que salen más animales-del-ya de los que llegan, podrían ser el lugar en que ocurre el ciclo reproductivo de la especie (de llegar a tenerlo).

Esto último (como casi todo) es una hipótesis. Las ruinas (que según los registros son enormes asentamientos humanos de tiempos previos a La Catástrofe) son demasiado tóxicas para entrar en ellas. Afortunadamente, y luego de un largo, costoso y azaroso proceso de ensayo-error, un equipo de investigadores descubrió un material que aísla temporalmente los efectos tóxicos de esos lugares. Basados en los resultados de dichas investigaciones, nuestro equipo desarrolló una protección para cuerpo y cabeza que nos permitió organizar una expedición a las ruinas.

Además, nos basamos en los registros clínicos de quienes fueron afectados (y también de quienes murieron) luego de acercarse demasiado a las ruinas. Igualmente, experimentamos con algunos animales. Estudiamos los síntomas y su progresión, concluyese o no ésta en la muerte. Gracias a esto, pudimos estimar un tiempo de no más de cuatro horas para entrar en las ruinas sin sufrir efectos mortales. Manifestamos, sin embargo, algunos síntomas menores como mareos, vómito y debilidad. El tiempo no nos permitió demasiado, pero los hallazgos realizados tienen un valor arqueológico, a nuestro juicio, incalculable.

Las ruinas son, como se suponía, antiguos asentamientos humanos. Con el tiempo del que disponíamos fue imposible recorrer todo el lugar, pero estimamos que, en épocas de gran esplendor, más de un millón de personas (quizá muchas más) habitaron esas ruinas. Encontramos una enorme cantidad de escombros y espacios vacíos que nos sugieren que alguna vez hubo estructuras altísimas, de las que no queda mucho. Por otra parte, en lo que alcanzamos a recorrer, no encontramos una fuente clara de toxicidad, por lo que creemos que se trata de algo que hace parte de las ruinas y de todo lo que hay en ellas.

En cuanto a los pájaros contemporáneos, encontramos que, en efecto, esas ruinas parecen ser un lugar de reunión, pero no sabemos aún si de reproducción. En cualquier caso, nuestras observaciones indican que las ruinas son un hábitat por el cual los peces-del-ahora sienten especial preferencia, aunque no nos atrevemos a aventurar ninguna hipótesis del porqué. De igual modo, pudimos comprobar que los animales-del-ya son totalmente inmunes a la toxicidad de las ruinas.

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Finalmente, observamos una buena cantidad de representaciones imagológicas de la realidad modificadas con clara intención comunicativa. Preferimos no traer ninguna, pues tuvimos miedo de que las imágenes fueran tan tóxicas como las ruinas (o incluso la fuente del veneno). En muchas de esas imágenes vimos representados a los animales-del-ya de un modo que nos parece, por decir lo menos, sugerente. Los pájaros contemporáneos y los humanos de antes de La Catástrofe parecían tener una relación cercana en la que, según esas representaciones, podemos intuir que había una clara dominancia de los humanos. En imágenes con evidente intención festiva o celebratoria, se podía observar a los peces-del-ahora mansamente llevados por los humanos, cargando toda clase de objetos, casi siempre víveres.

Hacia el final de nuestro recorrido, encontramos una imagen que nos dejó desconcertados. En ella, se veía a un animal marino desconocido, una especie de reptil con concha, cubierto de peces-del-ahora y con una evidente expresión agónica en su rostro. En lo que suponemos que es un título o un comentario a la imagen, hay escrito, en un alfabeto antiguo y en grafemas rojos: “QUIT PLASTIC BAGS”. No tenemos idea de lo que significa.

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