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Francas reflexiones

Como merecido homenaje, y dejando atrás aquel capítulo de la desidia cultural por la cual, en su momento, el maestro Germán Espinosa no recibió en sus exequias más que la compañía de sus más cercanos amigos, varios títulos sobre y del escritor cartagenero han venido apareciendo en el país, desde un volumen crítico publicado por la Universidad Javeriana bajo el cuidado de la crítica Luz Mary Giraldo, así como un libro con sus sentencias y episodios memorables, en El mundo según Germán Espinosa, recogido por Icono Editorial.

Carlos Andrés Almeyda Gómez / Alberto Bejarano

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Pasado un año de su muerte, aparece Herejías y ortodoxias, proyecto en el que Espinosa venía trabajando al momento de su partida y que constituye, de alguna forma, aquel testamento literario con el que todo escritor sueña, la idea de “constituir, dentro del orbe general de nuestra obra, algo libre de estructuras tiránicas como esas que rigen, por ejemplo, la novela. (…) El de reflexiones, el de temas libres aspira a ser, por el contrario, un mero cuaderno de apuntes, sin mayor ordenamiento ni unidad”.

“Ideas que surgen al azar de las lentas horas y de las cavilaciones” y que en este libro recogen sus impresiones y anécdotas sobre asuntos como el esoterismo, la crítica literaria, la vejez, la historia, la memoria, acaso afectos suyos como Mujica Laínez, Borges, Rubén Darío, su cercanía a otros escritores y poetas de la Bogotá que ya retratara ampliamente en su libro de memorias La verdad sea dicha, así como su gran afecto por su compañera de toda la vida, Josefina, a quien dedicara su última novela, Aitana. Luego, y dividido en dos episodios, el libro refrenda los grandes temas de su obra narrativa como su pasión por la metahistoria, por lo antiguo, por las culturas ancestrales y, sobre todo, por la verdadera literatura: “Escribir sobre situaciones tan del presente, supone siempre un peligro: el de que todo como acostumbra pasar, cambie en un abrir y cerrar de ojos”. No ocurre tanto en nuestra Colombia, habría que agregar, en donde la historia siempre se repite. De allí que su obra poco tuviera en común con la oleada sicariesca cinematográfica que, en todo caso, sigue teniendo hoy día más adeptos que una obra consumada como la suya. Por lo demás, este libro revela a un autor hecho de afectos, alejado de las tertulias y los sitios de rigor con los amigos indispensables, pese a la enfermedad que lo obligara a recluirse en casa.

Bolívar en otro laberinto

El estudio sobre Bolívar y sus “aventuras” políticas en Centroamérica que nos entrega la historiadora colombiana Margarita González, recientemente fallecida, nos conduce a la ucronía: ¿qué hubiera pasado si Bolívar logra su propósito central en el Congreso de Panamá (1826) y Colombia apoya la independencia de Cuba? Seguramente la suerte de nuestra América sería distinta. Margarita recrea los escenarios y las disputas ideológicas en torno a Cuba (se muestran minuciosamente los intereses de Estados Unidos e Inglaterra) y aprehendemos así por qué dicho sueño americano fue inviable desde el principio. Bolívar estaba atrapado entre dos fuegos: la idea de la integración por un lado y la lucha por evitar la guerra civil por el otro. Bolívar se enfrentaba a dos panoramas completamente distintos en tierras colombianas y caribeñas. En Colombia y Venezuela se había hecho la guerra contra España, basándose en un “acuerdo” racial, donde Bolívar debía garantizar a los criollos un statu quo que se veía amenazado por rebeliones “raciales” como las de Boves en Venezuela y los indígenas de Pasto (ver Los indios de Pasto contra la República, de Jairo Gutierréz). En cambio en el Caribe las luchas por la independencia se habían hecho desde el principio (Haití) empuñando la bandera de la emancipación racial. Bolívar sabía que era imposible cumplir la palabra dada a Petion, presidente de Haití: ¡liberar a los esclavos sería la guerra civil¡ Suele decirse que el Congreso de Panamá fue una derrota, pero no se ha contado en detalle para quién y por qué. Allí apunta este estudio. Derrota para Cuba y Puerto Rico, para Colombia y para América Latina. Victoria, momentánea para Inglaterra y definitiva para Estados Unidos. Margarita nos recuerda cómo luego de haberse impuesto la idea de invitar a estas dos potencias, se malogró la idea de unidad latinoamericana. Las visiones de un Bolívar desnudo, retratadas por Margarita son lúcidas: “Después del fracaso del Congreso de Panamá, cuando el mundo tuvo oportunidad de verificar la debilidad política de los países hispanoamericanos, surgió el fantasma que Bolívar había previsto: la lucha racial y la guerra civil”. Al final Bolívar quedó atrapado en su laberinto, aunque no a la manera de García Márquez.

Por Carlos Andrés Almeyda Gómez / Alberto Bejarano

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