Hasta el quiebre de la dignidad

Una adaptación de la obra del autor español Ignasi Vidal, que busca dar una mirada política en el contexto colombiano.

“Dignidad” es la nueva producción de “Hormiguero Teatro”, bajo la dirección de Andrés Caballero. Una obra que pone el dedo en la llaga y reflexiona sobre el poder político, la corrupción y nuestros valores como sociedad. / Cortesía de las imágenes: “Hormiguero Teatro”
“Dignidad” es la nueva producción de “Hormiguero Teatro”, bajo la dirección de Andrés Caballero. Una obra que pone el dedo en la llaga y reflexiona sobre el poder político, la corrupción y nuestros valores como sociedad. / Cortesía de las imágenes: “Hormiguero Teatro”

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Por primera vez en Colombia este montaje se toma las tablas con el fin de mostrar una mirada en paralelo de la política, la amistad, la lealtad y, sobre todo, los principios. Dignidad es la nueva producción del “Hormiguero teatro”. Con la dirección de Andrés Caballero e interpretada por Carlos Alberto Pinzón y Giancarlo Mendoza, este diálogo entre amigos y colegas de partido político traslada a los espectadores a una realidad de la que por momentos parecen ajenos. Hasta el 7 de marzo, en la sala Ágora, de la Academia de Artes Guerrero, los observadores serán instigados a mirar al frente y reconocer hasta dónde llega su responsabilidad.

La historia se desarrolla en un despacho tradicional, donde dos hombres que están cerca de alcanzar el poder transforman una conversación de final del día, en una acalorada discusión que pronto pone en evidencia sus ambiciones más profundas. El montaje concentra de forma perfecta un texto complejo que parece un monólogo interpretado por dos protagonistas. Pinzón, quien encarna a Alejandro dentro de la obra, asegura que “antes de aprender el texto, nos conectamos y conocemos bien el recorrido emocional de los personajes. En escena estamos muy compenetrados y así el texto fluye; hay emociones y motivaciones muy arraigadas que permiten que el texto no se sienta pesado”.

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La adaptación, que sin duda logra instaurarse en el entorno colombiano y en la situación actual del país, es interpretada desde los opuestos de alguien que anhela el poder a toda costa y de otro que pelea por sus convicciones para alcanzar el poder desde lo que considera moralmente correcto. Si bien es cierto que los antecedentes de la obra están dados en un contexto europeo, lo que destaca las antiguas normas y leyes romanas, esta versión busca ir más allá. “Lo más impresionante que logramos al momento de acercarnos al texto fue contextualizarlo y traerlo a la realidad política que vivimos. No puede considerarse una intervención a lo que propone el texto; es más contarlo en nuestra versión biográfica y aterrizarlo un poco en nuestro lenguaje. Nuestro interés como ‘Hormiguero teatro’ es desarrollar temáticas sociales y articularlas con una búsqueda artística”, dice Caballero al referirse a esta temporada.

El montaje es sencillo: un despacho de cualquier partido político, fuerte en estructura y bien elaborado. Mientras el diálogo avanza, el escenario, que puede ser comparado con la misma sociedad, oculta el trasfondo con velos negros. Una sociedad que vive en las tinieblas y pareciera que necesita quitar la venda que no le deja reparar en lo que hay más allá. Un telón que se desmantela al final y deja entrever la verdad, repisas que se tambalean, y al igual que las mentiras, se caen por su propio peso. El cierre abre una incógnita que sin duda queda por resolverse dentro de una exploración a la ética y lo que conlleva.

Esta pieza marca los límites entre la moralidad, la dignidad y los valores. En un momento como el que vive Colombia es más que pertinente abrir un espacio para involucrar al público desde la responsabilidad que le corresponde. A lo que Mendoza se refirió al hablar de su personaje en la obra: “Francisco, el personaje que interpreto, era un joven con muchos ideales, que quería en serio aportarle a la sociedad, pero se da cuenta de que la política no es lo que creía. Cuando es traicionado entra en esa crisis existencial que de forma personal también me generó conflictos. Parte del trabajo fue ensuciar un poco el personaje para que se sintiera parte de nuestro entorno. Todos en algún momento hemos hecho cosas indebidas a las que restamos importancia y así normalizamos lo que no está bien”.

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