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El Teatro Adolfo Mejía estaba lleno, las boletas se agotaron horas antes de que la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y la cantaora Marina Heredia se tomaran el escenario para interpretar El amor brujo, del compositor español Manuel de Falla, en el Cartagena Festival de Música. El público, predominantemente mayor, observaba con atención los movimientos de los músicos.
En el palco estaban un par de primas: Hilda y Clara, quienes llegaron a Cartagena desde Bogotá para disfrutar del festival. A Hilda le sorprendió la edad de la audiencia: para ella, debería haber más jóvenes ocupando las sillas de los escenarios del festival, aunque sabía que el factor económico era un desafío. Las asistentes se reconectaron gracias a la música clásica, protagonista del festival. Hilda se introdujo en este género por los gustos musicales de su papá, quien solía escuchar discos de Beethoven en el equipo familiar. Por su parte, Clara sabía que su madre tocaba el piano antes de casarse, pero empezó a escuchar música clásica propiamente hacia los 22 años, en la emisora HJCK. Ahora, en las mañanas escucha a sus compositores favoritos como Tomaso Albinoni, Bach, Mendelssohn, Brahms, Liszt y Chopin, sin audífonos, mientras se prepara para el día. Clara contó que esta música le daba calma, y su prima estuvo de acuerdo, pues ella la escuchaba para cambiar de tónica después de estar en contacto con las noticias o los momentos de estrés en el trabajo.
Aunque el camino de ellas hacia la música clásica tuvo una influencia familiar, recomendaron empezar por melodías más alegres, como las de Mozart y Mendelssohn, o con piezas de pocos instrumentos, en los que el oído se pueda enfocar en los sonidos que emite cada uno. Ambas vinieron al festival por primera vez con el interés de conocer más sobre la música española, que protagoniza el evento en su decimonovena edición. El canto del mar las atrajo hasta la costa Caribe con la promesa de escuchar repertorios de la música clásica española.
La guitarra como principio
Clara dijo que tenía un interés por la guitarra española y fue justamente por un precursor de este instrumento que comenzó el desarrollo de los repertorios que se han presentado en el festival. Aunque la guitarra es un ícono de la música española, este no fue el instrumento que utilizaron los compositores españoles del siglo XVI para crear sus melodías, sino la vihuela, instrumento que, aunque tuvo auge en ese momento, desapareció rápidamente. Luis Carlos Aljure, musicólogo y periodista, comentó que la vihuela protagonizó un amplio repertorio de compositores como Luis de Milán. Para el guitarrista español Rafael Aguirre, invitado al Cartagena Festival de Música, la vihuela y sus variaciones, como la guitarra barroca y el laúd, fueron la contribución de instrumentos más grande de España, junto con las composiciones que se hicieron para estos.
En el Renacimiento hubo un florecimiento artístico y musical. Y España contribuyó a este desarrollo con las composiciones de Tomás Luis de Victoria, cuya obra se popularizó en Europa, pero al morir, “la música española vivió una especie de letargo; había compositores talentosos, se hacía música importante, pero durante el siglo XVIII y buena parte del siglo XIX, no estuvieron insertos en las grandes corrientes musicales de Europa que encabezaron compositores como Mozart, Haydn y Beethoven, con el clasicismo y la transición al romanticismo europeo”, aseguró Aljure.
Aguirre consideró que las bases que sentó España en composición en el siglo XVI y la posterior evolución de la guitarra fueron las razones por las cuales este instrumento se hizo tan popular. “Cuando uno ve una guitarra eléctrica o acústica de cualquier color o forma, eso es resultado de la grandeza musical que tuvo España en el siglo de oro”, afirmó. Para el guitarrista, los sonidos que se escuchaban en ese momento estaban muy ligados al contrapunto o la combinación de melodías independientes que se escuchaban al mismo tiempo, lo que denotaba una alta complejidad musical en estas composiciones.
El renacer del fuego musical español
Durante el letargo al que se refirió Aljure surgió también la zarzuela en el Barroco, aunque su auge llegó en el siglo XIX, mientras que los compositores españoles intentaron emular el estilo italiano que estaba de moda. Pero fue hasta el siglo XVIII y XIX que la guitarra española clásica que conocemos comenzó a tomar forma. Luigi Boccherini, italiano apasionado por los sonidos que escuchaba en España, utilizó varios de estos elementos para sus composiciones.
“Boccherini viene un poco a representar la época en la que la guitarra pierde protagonismo y entra en decadencia, a favor de los instrumentos como el violín, el pianoforte o el violonchelo. A partir de ahí empieza la hegemonía de la música clásica y la guitarra se convierte más en un instrumento popular folclórico y no solo en España, sino en el resto del mundo”, contó Aguirre.
Años después, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, llegaron unos nuevos personajes a sacudir a España de esa suerte de bruma en la que estaba. Nombres como Manuel de Falla, Joaquín Turina, Isaac Albéniz y Enrique Granados fueron los que encabezaron el sentimiento nacionalista en el ámbito musical.
Antes de que estos compositores, cuyos repertorios han sido interpretados en el Cartagena Festival de Música, aparecieran en el mapa, Felipe Pedrell, compositor y guitarrista catalán, se consagró como el pionero de este movimiento a finales del siglo XIX y principios del XX. “En realidad, ha tenido poca acogida como compositor, pero su trabajo musicológico fue importante. Por un lado, estudió el folclore español y señaló que ese rico tesoro que tenía España en las canciones y danzas populares era una fuente que podía servir de inspiración para los compositores del nacionalismo y hacía énfasis en el flamenco andaluz. Por el otro, también indagó en la música de don Tomás Luis de Victoria y a otros compositores del barroco. Le parecía que otra vertiente importante e inspiración que podían tomar los compositores del nacionalismo, era ese pasado de la música española”, explica Aljure.
Las melodías que produjeron estos compositores evidencian el momento histórico que vivía España. En 1898 el país ibérico había perdido sus últimas colonias en ultramar. “Cuando uno estudia la historia de la música, se da cuenta de que España estaba medio deprimido. Había una nostalgia instaurada por pensar en las antiguas colonias, y en la música surgió una corriente que utilizó el folclor y los ritmos españoles con el fin de sentir esas melodías como algo muy propio y único del país”, mencionó Aguirre.
Para Aljure, ese pesimismo que permeaba al pueblo español era un poco más antiguo a los sucesos de 1898. “Había una intención por querer reconstruir la identidad nacional. Esto coincide con ese movimiento nacionalista que va a tener no solamente la vertiente musical, sino también una vertiente en la literatura, la pintura y en otros campos de la cultura”.
Los repertorios de estos compositores suenan a sus raíces y al folclor que ha sido parte de España. Sin embargo, no todo fue color de rosa. Hubo quienes se opusieron a que la música reflejara los orígenes de esta nación. De acuerdo con Aljure, la generación del 98 abogaba por una música más arraigada a la tradición castellana. Ahí creyeron que estaba la riqueza del pasado español, a diferencia del flamenco y la tauromaquia, expresiones que consideraban como muestras del atraso de España frente a otros países europeos. Sin embargo, al final la historia se contó con guitarras, cantes jondos, castañuelas y pianos que han conquistado al mundo y que, ahora, llegaron a Colombia para convertir a los asistentes al Cartagena Festival de Música en devotos de las melodías nacionalistas que se gestaron a finales del siglo XIX.