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Juana de Arco renace de sus cenizas

Gracias a una puesta en escena que mezcla teatro interactivo y proyecciones tridimensionales con rigor histórico y narración oral, el recién inaugurado
Memorial de Juana de Arco vuelve a poner de moda a la Doncella de Orleans.

Thomas Boivin
Thomas Boivin

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Juana de Arco tenía 17 años cuando logró convencer a los responsables del ejército francés de darle el mando de las tropas que deberían romper el cerco de Orleans y precipitar la derrota de los ingleses. Si le creyeron, y si aún su personaje despierta pasiones enfrentadas, no es porque afirmaba haber recibido profecías e instrucciones directas de las santas Margarita y Catalina, sino porque, entre las de tanto iluminado, esas profecías terminaron por cumplirse. Las consecuencias de su innegable coraje guerrero, y del fondo místico religioso que lo sustentaba, fueron la hoguera y la exaltación como heroína nacional. Lamentablemente para ella, en ese orden.

A pesar de la veneración que Juana de Arco ha inspirado desde mucho antes de su tardía canonización en 1920, la fascinación por la figura ambigua de la muchacha campesina va mucho más allá de los creyentes católicos. Shakespeare la incluyó como uno de sus personajes en Enrique IV y también George Bernard Shaw y Bertolt Brecht basaron en ella piezas de teatro. Los hermanos Lumière y Georges Méliès, en los comienzos del cine; Robert Bresson y Otto Premminger, en los mediados del cine, y Luc Besson, en los finales del cine, llevaron su historia a la pantalla. Leonard Cohen le rindió homenaje en una canción, en la que hablaba de la boda entre el fuego y aquella “heroína tan fría y solitaria”.

Ese matrimonio ocurrió en la Vieja Plaza del Mercado de Rouen en 1431 y desde el cierre en 2012 del museo particular administrado por Alain Préaux una cruz levantada en ese lugar era el principal lugar de memoria dedicado a aquella que a pesar de no ser, como se piensa, la “patrona de Francia”, lleva de todas maneras el título de “patrona secundaria” junto a las santas Teresa, Genoveva y Radegonda.

En el momento del cierre del museo particular, que existía desde 1955, se propuso la venta de la colección a la municipalidad de Rouen. Sin embargo, ya en ese momento un comité presidido por el entonces presidente de la aglomeración urbana de Rouen y actual ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Laurent Fabius, había avanzado en la creación de un memorial que debía ocupar buena parte del arzobispado de la ciudad.

La elección del lugar no fue casual. Fue allí donde se celebró el proceso que terminó el 23 de mayo de 1431 con la casi quema de Juana y dos días después, cuando se retractó de su arrepentimiento, con la quema total de quien menos de dos años atrás había dado los pasos definitivos para la expulsión de los invasores ingleses.

Las cenizas de la heroína fueron arrojadas al Sena y teniendo en cuenta su origen humilde y el peso de su figura en una época onvulsionada, existe poca certeza sobre los objetos que suelen ser presentados como habiéndole pertenecido.

Es por eso que desde un principio, más que la puesta en escena típica de una exposición, se concibió un memorial en el que los visitantes pudieran descubrir tanto la historia del personaje como de los mitos creados a su alrededor y que persisten hasta nuestros días.

La fuente principal a partir de la que se inició la reconstrucción fueron las minutas del proceso de rehabilitación de Juana de Arco, celebrado en el mismo lugar que el de su condena apenas veinticinco años después.

En busca del rigor y la imparcialidad de los que había carecido el primer juicio, en el que para todos era evidente que las acusaciones de blasfemia eran sólo una forma de justificar una ejecución que complacería a las ingleses, se presentaron en Rouen decenas de testigos que incluían personas que habían conocido a Juana en su niñez, posaderos que la albergaron en su peregrinaje, militares que combatieron junto a ella y expertos religiosos que hablaron a favor de la ya entonces mártir certificando no sólo que sus visiones provenían de Dios y no del diablo y que una dama muy cercana al rey había examinado a la doncella para verificar que “el diablo no había tenido con ella carnal comercio”.

Contar el cuento

Esos testigos son los encargados de narrar la historia a los visitantes del memorial. Alejándose de la escenografía museográfica tradicional, a partir de imágenes estáticas y fichas de lectura, la agencia Farrell, ganadora de la licitación para el memorial, decidió privilegiar un dispositivo multimedia. Así, lo primero que encuentran los visitantes es un libro tridimensional junto al cual “aparece ” un personaje que da los elementos de contexto de la época de Juana de Arco. Como la totalidad de los narradores, que acompañan el recorrido, un actor de teatro se encargó de dicha representación.

Para descubrir la infancia de la doncella, los visitantes ocupan las bancas de una sala de juicios y gracias a ocho proyectores asisten al juicio de rehabilitación de la santa en la misma edificación en la que dicho juicio tuvo lugar. 

La ruptura de la cronología lineal hace parte de la novedad del dispositivo imaginado por la agencia Farrell, pues después de ese juicio, los visitantes pasan por varias salas en las que mapas interactivos proyectados en techos y muros, presentaciones en diapositivas y sombras chinescas acompañan el recorrido de Juana por las regiones centrales de Francia hasta su victoria en Orleans, que es explicada como un juego de estrategia miliar.

La última sala de la primera parte del recorrido, en donde antes de que las persianas se cierren automáticamente pueden verse los techos del centro de la ciudad y las torres de la catedral, aborda el primer juicio de la heroína luego de que fuera capturada por tropas leales a los ingleses. Los espectadores ya no observan el juicio desde las graderías, sino que están sumergidos en medio de pantallas colgantes que alternan testimonios grabados por actores a partir de las minutas de la época, con escenas de El proceso de Juana de Arco, una cinta de 1962 dirigida por Robert Bresson en la que la actriz Florence Delay interpreta a la heroína.

El mito, los mitos La cinta sirve como paso a la segunda parte del memorial, que ha sido denominada la “mitoteca”. Allí, los visitantes tienen acceso a un archivo de revistas, facsímiles de afiches y extractos de programas de televisión, que documentan la manera como la figura de Juana de
Arco ha sido percibida y utilizada a lo largo del tiempo, desde las marcas de cacao o queso que la utilizaron como imagen publicitaria hasta los partidos políticos de izquierda (que se valieron de su imagen de rebelde) o de derecha (quienes recalcan su papel como salvadora
de la patria y su fervor religioso).
Un video en “modo repetición” no deja de recordar la “desafortunada” apropiación del personaje de la que se valió el régimen colaboracionista de Vichy, para cuya propaganda convenían las frases de la heroína sobre “el enemigo inglés” y la aún más desafortunada (ya que es actual) utilización del día de Juana de Arco como fecha para el desfile anual del partido de “un cierto Jean Marie Le Pen”. En la última sala, los asistentes pueden resolver sus dudas preguntándole a los avatares tridimensionales de conocidos historiadores franceses.

Cerca de 10 millones de euros fueron invertidos en la restauración de 1.000 metros cuadrados de salas, sótanos y escaleras medievales para acoger un memorial que espera recibir entre 100.000 y 200.000 visitantes por año. 

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